Georges Bataille,
funámbulo nocturno

Alfredo Coello


 

Georges Bataille nació en 1897 en Billom Puy-de-Dome. En 1918 ingresó en la Ecole des Chambres. De 1920 a 1942 trabajó como bibliotecario en la Biblioteca Nacional de Paris. Extraño y exquisito personaje, es un escritor que borra límites entre lo decible y lo indescifrable, entre lo posible y lo imposible, entre la ciencia social y la literatura etnológica, entre la antropología de lo imaginario y la historia del deseo. Escudriñador de las verdades al que le atraía más el miedo que el conocimiento de la verdad.  Vivió una relación apasionada con los surrealistas, con el existencialismo y con los marxistas de su época; comprometido todo lo humanamente posible con su momento, fue una de las inteligencias más brillantes en la historia europea reciente. Murió en Paris un 9 de julio de 1962.

Foto: Sally Mann

   Imposible no estar de acuerdo con J. M. Lo Duca cuando aborda la obra erótica de Bataille al abrir interrogantes casi imposibles de esquivar, pregunta: “¿Quién habla? ¿El testigo, el crítico, el historiador, el amigo? No le sería suficiente un año a cada uno de ellos para esbozar un discurso serio o, si obrara como discípulo, para imponerse silencio. Incluso en los límites extremos de la intuición, yo tan sólo podría echar una ojeada, en pleno día, a la noche de esa nueva caverna de Platón en la que George Bataille se internó para racionalizar las tinieblas de lo indecible.”
En su libro El Culpable Bataille sitúa ese silencio al que se refiere Lo Duca: “El silencio es una palabra que no es una palabra y el aliento un objeto que no es un objeto”. He aquí un problema de fondo que ha de encarar tanto la filosofía de lo imposible como lo imaginario en la antropología. Ciertamente para expresar el silencio, el silencio no es suficiente, es necesario el lenguaje y éste la más de las veces es un obstáculo, pero también es el ‘único’ medio. 

  El ‘sentido’ del ‘saber’ está en relación con el trabajo humano como la actividad histórica que fundamenta el conocimiento y la razón. Y en este tenor ciertamente se estructura la obra de nuestro autor donde “el caos no es una mera falta de orden, sino el reconocimiento de la experiencia libre – y siempre inacabada – de todo aquello que excede los límites de lo pensable”.

    Por lo que el universo Batailliano nos plantea la imposibilidad de aislar individualmente cada uno de sus escritos, tanto en su producción teórica como poética  y literaria;  Bataille nunca encaja en la linealidad de su producción a todos los niveles y nunca obedece un plan determinado… no escamotea al lector el desorden de sus libros; lo transforma en un desafío y en una carcajada.

En la medida que se decide a favor del desorden, a través de éste ingresa en su pensamiento lo que los hombres han promovido que se mantuviera fuera de su experiencia. De tal suerte, ese pensamiento consigue situarse un paso adelante del límite impuesto por el miedo. El desorden es en realidad su método y si el lector desea pasearse por el anecdotario y reflexión de su obra literaria y del desorden-orden en Bataille, basta con hincarle el ojo e incluirse en el paseo que le propone su lectura.

  

Foto: Robert Doisneau

En un texto que publicó Ignacio Díaz Serrano y Philippe-Laprune en el F.C.E. en 2012, hay serias advertencias y guías para darle un seguimiento a la incoherencia de la coherencia en la obra Batailliana. Quien se aventure en esta surtida antología Para leer a George Bataille encontrará los temas que siempre embriagaron la inteligencia de su autor: el Bataille de las transgresiones estará en las cartas de Sade o en El interdicto y la transgresión o en Hegel, la muerte y el sacrificio y también en El tiempo de la rebelión; son algunos de los temas que explora este libro. Su lectura arrastra a una especie de violencia libertaria en la que se exhiben las ideas de Nietzsche, al que Georges Bataille le tenía estima particular, y de quien afirma que “las alabanzas lo exasperaban… Nunca perdió el hilo de Ariadna que es el de no tener objetivo alguno y no servir a ninguna causa: la causa, lo sabía, cortaba las alas. Pero, por otro lado, la ausencia de causa arroja a la soledad: es la enfermedad del desierto, un grito que se pierde en un gran silencio…” (G. Bataille: Sobre Nietzsche/Voluntad de Suerte. p.332). En este sentido Bataille fue un buen discípulo de Nietzsche. En fin, es un libro vital, actual, donde el pensamiento de Bataille revela su voluntad de permanecer en la polémica de la vida y también de la muerte y de ese último instante que tanto le preocupó.

   La obra de Bataille hay que intentar abordarla entre Hegel y Nietzsche, entre la dialéctica y lo trágico, sin perder su profundidad en la historia de las ideas. Y también leer como a Bataille le placia hacer al leer las obras novelescas con las que le hubiera gustado entretenerse y que Maurice Blanchot cita cuando Bataille escribió sobre el tema: “El relato que revela posibilidades de la vida no llama forzadamente, pero reclama un momento de rabia, sin el cual su autor estaría ciego para esas posibilidades excesivas. Lo creo: sólo la prueba sofocante, imposible, da al autor el medio de lograr la visión lejana, esperada por un lector cansado de los cercanos límites impuestos por las convenciones. ¿Cómo entretenernos con libros a los que, sensiblemente, el autor no ha sido forzado?”(La palabra vana. M. Blanchot en La Risa de los Dioses) Es aquí donde el mismísimo Bataille nos tiende un puente para leer al literato, al filósofo, al ensayista de temas tan complejos como el del erotismo y la moral o el de “Las Monedas de los Grandes Mongoles”, al lector furibundo que él fue, al historiador del arte, al antropólogo que experimentó esa exuberancia que es la totalidad y también al poeta que siempre se refugió en Georges Bataille.

   Se dice que nadie soportaba a Bataille. Intolerable Bataille. El surrealista André Breton creía que Bataille era el único autor contemporáneo capaz de producir un nuevo mito, pero no soportaba el rigor de su materialismo. También corre el rumor de que Jean Paul Sartre se interesó por el hombre Bataille, por su orgullo, su hastío, su erotismo, su magnífica elocuencia, su incoherencia teñida de fervor lógico (el sistema del no-sistema), su mala fe. Pero no podía soportar su misticismo. Son los ‘chismes’ que circulan entre los estudiosos de la obra Batailliana. Que sea el lector quien opine y el que desee sumergirse en la obra de un autor tan actual en estos tiempos de desasosiego, encontrará sin duda todo un universo aún por explorar de éste gran polémico, pero imprescindible que fue para el siglo XX Georges Bataille. Y creo para éste XXI... también.

 

 

Ciclo Literario.