Un Brasileño en Budapest

Alfredo Coello


Budapeste. Chico Buarque de Holanda.
Romance publicado por: Companhia das Letras
Premio Jabuti 2004
Sao Paulo, Brasil.

 

Fuera de Hungría no hay vida, reza el proverbio y, por seguirlo al pie de la letra, Kriska nunca se interesó en saber quién era yo, qué hacía, de dónde venía. Una ciudad de nombre Rio de Janeiro, sus túneles, viaductos, favelas, las cara de sus habitantes, el idioma que ahí se habla, los zopilotes y las asas delta, los colores de los vestidos y la resaca del mar, para ella todo esto era cualquier cosa, más bien era materia de mis sueños”. Esta es una sentencia que persigue al personaje durante toda la novela de Chico Buarque de Holanda: la encrucijada entre Pest y Río.
   Budapeste es una ciudad amarilla igualita al color de la portada del libro que escribió el cantautor brasileño; bueno, esto es un decir de la primera impresión que el escritor-personaje tiene de la ciudad, después se dará cuenta que también es gris, y por ella chapotean las mujeres más blancas del planeta.

 Chico Buarque de Holanda tiene la osadía de escribir encima de los abismos literarios del Brasil, es lo mismo que tender un alambre y llegar al otro lado.  Más o menos es la opinión de José Saramago sobre ésta novela cuando declara: “No creo engañarme al afirmar que algo innovador sucedió en Brasil con éste libro” (citado en Folha de Sao Paulo). 

   Es el misterio y el ensamblaje literario en donde todos los personajes pueden Ser y al mismo tiempo Desaparecer en esta alucinada Hungría: cuando el escritor-personaje de la novela Budapest Chico Costas regresaba de un congreso internacional de escritores anónimos hace una escala inesperada, he aquí su registro: “Fui a dar a Budapest gracias a un aterrizaje imprevisto, cuando volaba de Estambul a Frankfurt, con conexión a Río de Janeiro. La compañía aérea nos ofreció pagarnos una noche en el hotel del aeropuerto y sólo a la mañana siguiente nos informaron que el “problema técnico”, responsable de nuestra escala,  fue por una denuncia anónima de una bomba a bordo del avión. Mientras tanto, al espiar distraído el noticiero de media noche en la televisión,  me entró el gusanillo al reconocer el avión de la compañía alemana estacionado en la pista del aeropuerto. Le aumenté el volumen del sonido, pero la transmisión era en húngaro, la única lengua del mundo que, dicen las malas lenguas, el diablo respeta. Apagué la tele, en Río eran la siete de la noche, buena hora para hablar por teléfono a casa; respondió la secretaria electrónica, no dejé mensaje, tampoco tendría sentido decir: hola querida, soy yo, estoy en Budapest, hubo un desperfecto en el avión. Un beso”.
Hasta ese momento, o mejor; es en ese momento que la novela de Buarque de Holanda empieza a respirar uno de los aires más extraños que combinan la soledad de los países del este y el calor abafado de las playas cariocas.
Vamos avanzando hacia territorios insospechados desde una novela de tránsito, es decir el personaje constantemente está en tránsito en los aeropuertos. Por lo que se puede decir que el escritor que escribe esta novela es una metáfora del esquizofrénico, el mediocre y el oscuro que escribe para otro y firma como fantasma. Vive de su promiscuidad literaria al aceptar escribir con seudónimos que le pagan por redactar sus libros, armarlos y darles contenido. Es una sombra 'lucida' de su propia mediocridad. Y su destino lo coloca en Budapest donde se aferra por aprender el húngaro, la única lengua que “el diablo respeta”. Un escritor carioca que se convierte en un ghost-writer, de ser José Costa en Brasil en Hungría se convierte en Zsoze Kósta. Y su maestra Kriska del húngaro le hacía repetir cada palabra sílaba a sílaba: Kérekport, kérekpart, kerékpár. José Costa está casado en Río con Vanda una presentadora de noticieros de gran suceso y tienen un hijo que es autista y sin habla y él un escritor de mediana estatura que volverá famoso un poeta con el cual intercambia escritos para entrar a un concurso de ensayo literario y gana el poetillo con el escrito del él y desde entonces José Costa pasa al anonimato y las ganancias que le reditúan le da para vivir bien.

   En Budapest Kriska se convertirá después en su amante (también ella tiene un hijo; Pisti) y el tránsito del amor al truene es constante con las dos mujeres y con las dos ciudades. El vehículo del truene amoroso con Kriska es por el lenguaje, pues un día se le ocurre a Zsoze llamar por teléfono a Kriska y para demostrarle que avanza en su lengua le dice, según él, en húngaro que “ya casi estoy llegando” y ella estalla a las carcajadas burlándose de la pronunciación de Zsoze a lo que él se decide a surtirla con palabras en portugués-brasileiro 'muito chulo, com palavras oxítonas” y con nombres de árboles indígenas y platillos africanos que la aterrorizaran, un lenguaje que reduce su húngaro a cero. Pero no lo hace al ver el arrepentimiento de Kriska que no le pidió perdón porque no existe ésta palabra en húngaro, o mejor, existe pero ella se abstiene de usarla por considerarla un anglicismo. Y como forma coloquial de expiar una culpa, existe la expresión magiar végtelenül büntess meg, esto es, castígame infinitamente, en una traducción imperfecta.

 En el transcurso de la novela Zsoze Kósta logra dominar el húngaro e inclusive toca los límites de la erudición a tal grado de dominar el dialecto székely, posiblemente el más rudimentario de los dialectos húngaros y que es practicado en la Transilvania oriental.

Por principio se puede decir que el personaje de Buarque es un personaje enredado en la mediocridad del dominio de dos literaturas La Brasileña y la Húngara.  Entre la escritura y la maldición del no reconocimiento como escritor se desarrolla la novela ambientada en dos países, en Hungría y Brasil; aunque sería más exacto si decimos que la trama se teje entre Budapest y Río de Janeiro.

El laberinto de espejos

Budapestees un texto desconcertante en el buen sentido literario de la novela, pues cuando las metáforas se vuelven palabras que van del húngaro al carioca, nos podríamos plantear el misterio del lenguaje como una convención y la situacional literaria de la novela de Buarque de Holanda, en palabras de Caestano Veloso:  Budapeste, es un laberinto de espejos que al final se resuelve, no en la trama, sino en las palabras, como en los poemas. Otro crítico literario importante en Brasil, Luis Fernando Verissimo, opina que el libro de Chico es un vértigo que nos atrapa y desde la primera línea somos conducidos al estilo falso-leve, a la prosa depurada y a la construcción ingeniosa hasta llegar a lamentar que no hay más, asombrado por el sortilegio de este gran maestro de juntar palabras. Inclusive hay quien lo relaciona con Cortázar y Borges, yo creo que exageran un poco. Mas de que es un escritor de temas originales, lo es.

   Aunque me gustaría señalar, hablando de originales, que existe un cuento del escritor español Juan José Millás: El Pequeño Cadáver de R. J. donde el tema es el mismo y, cosa curiosa, en ambos aparece una bomba; en Chico Buarque como amenaza terrorista en el avión que llega a Budapest, y en Millás es una llamada anónima en el velorio del conocido autor de novelas R. J. Y a éste escritor, otro escritor lo hace famoso intercambiando también sus escritos, las coincidencias son muy agudas, como en el personaje de Budapest. El cuento de Millás fue escrito en 1992 y la novela de Chico en 2003. Y ya especulando las iniciales del escritor muerto y famoso de Millás son R. J. Sin ánimo de confundir muy bien puedo leer Río de Janeiro... jejé. Ciorán no andaba tan perdido cuando sentenció “Existir es un plagio”

¿Quién es Chico Buarque de Holanda?

Músico, compositor y ahora escritor. Más conocido en el ambiente artístico como músico, en los años 60' forma parte de un grupo artístico junto con Caetano Veloso, Gilberto Gil, Rita Lee, Gal Costa, María Betania y otros de “Tropicalia”. Que en su conjunto interpretaban música de protesta contra la dictadura militar, por lo que varios de ellos tuvieron que exiliarse, algunos en Londres y otros en Italia, es el caso de Buarque de Holanda

En París,  a principios del mes de enero del 2005, en una calle con nombre de prior del siglo XVIII en el barrio del Marais, tiene cita con un periodista que lo interrogará sobre la costura de su novela Budapest; por cierto, en brasileño lleva el título de Budapeste y le dieron el Premio Jabuti (léase Yabutí) al Libro del Año . En esta entrevista el cantautor de la MPB (Música Popular Brasileira), responde y da algunas pistas para saber cómo y dónde escribió su novela. Se pasó cuatro o cinco meses en París escribiendo, y entre Francia y Brasil se tejió Budapest.

En esta entrevista que publicó el suplemento Babelia de El País en España y Clarín de Buenos Aires, Chico Buarque declara: “Cuando empecé llevaba un año sin componer. Mi mujer me regaló una computadora en navidad, pero quien me incitaba era Rubem Fonseca (uno de los escritores brasileños más famosos en la actualidad; lo que pocos no saben de él es que fue colaborador, junto con la también  famosa escritora brasileña Nélida Piñon (hoy miembro de la Academia Brasileña de Letras ), de los fascistas militares brasileños durante la dictadura militar en Brasil, en la década de los 60's a los 80's. Bueno, este es un tema aparte.
“Me repetía –continúa Buarque-  eres un escritor. Se lo dice a mucha gente. Creo que quería compañía, al contrario que la mayoría de escritores. Tengo 127 amigos músicos y cuatro amigos escritores. Y algunos ya los perdí. Que un cantante y compositor que tiene éxito se ponga de repente a escribir resulta siempre sospechoso. Un prejuicio, porque si eres un abogado, un diplomático o un periodista que escribe nadie va a decir nada.”

Nuestro músico empezó a escribir temprano, a los quince años, y quien lo animaba eras su padre Sergio Buarque de Holanda, uno de los historiadores de Brasil más importantes del siglo XX, baste citar aquí como muestra dos de sus libros fundamentales, imprescindibles en el estudio de la historia brasileña y también americana: Raíces de Brasil y Visión del Paraíso y pues ya de pasada, una de las pocas entrevistas que dio Thomas Mann cuando le iban a entregar el premio Nobel de Literatura, se la concedió, precisamente, a Sergio Buarque de Holanda y es famosa, porque ahí Mann declara que su madre fue brasileña; dato hasta entonces muy poco explorado.

 La ironía es un pase mágico en el lenguaje cotidiano del brasileño común y popular y el escritor - cantautor no es la excepción, al contrario, a pregunta expresa de si los personajes de su novela existen en la realidad, como son  poetas y varios escritores, Chico Buarque sonríe y declara que: “Todos los nombres propios son de jugadores de la selección de futbol de Hungría de 1954. Están todos los que jugaron aquel mundial. O son escritores, calles o restaurantes. Cuando estaba terminando el libro me di cuenta de que faltaban todavía tres nombres y me dije, "¡caramba!, ¿qué hago?". Y puse los nombres de los editores del libro: Lantos, Lorant & Budai. Esto son los editores que publican una novela con el nombre de Zsoze Kósta y que fue escrita por otro autor húngaro anónimo en una suerte de venganza en contra de  Kosta y que al final de la novela se queda a vivir en Pest con Krista; conquista la fama y la riqueza al vapor de su propia mediocridad”.

A pregunta expresa si se identifica con los personajes de su novela, aclara: “ No me identifico con ninguno, pero los entiendo. En Budapest entiendo la angustia y la vanidad reprimida del escritor "fantasma"... Mientras escribía también me sentí un fantasma porque nadie sabía lo que estaba haciendo.
Por momentos Chico Buarque, el músico, se puede decir ya clásico del siglo XX brasileño junto con Tom Jobim y Vinicius de Moraes, todavía dudaba de su capacidad para escribir esta novela:Hubo momentos en que pensé estar perdiendo el tiempo, escribiendo algo que no le iba a interesar a nadie: la historia de un hombre que se apasiona por la lengua húngara.” Y debido a esta inclinación natural que tiene por los idiomas dice que “Podría haber situado la historia en el país Vasco, pero por motivos sentimentales elegí Hungría. Aparte del fútbol tuve una novia húngara que me enseñó a pronunciar los nombres de los jugadores y a decir "te quiero".

Y el músico, hoy escritor, siempre ha participado en cuestiones políticas de izquierda en su país, además de ser un apasionado por el futbol: Aún hoy, dos o tres veces por semana, está el compromiso sagrado de jugar. Hay quien tiene sesión de psicoanálisis o con el médico, y yo tengo futbol. Lo cual no deja de ser una terapia. Hay una foto en Face de Chico Buarque y Bob Marley jugando futbol en la casa del brasileño. Los dos grandes adictos a este deporte, a la buena música y, ahora Chico, a la literatura.

 

 

Ciclo Literario.