Literaturas latinoamericana y húngara*



Mientras que nosotros podemos jactarnos de toda una hueste de expertos húngaros que se dedican a transmitir lo latinoamericano, no existe ningún especialista de la literatura o más ampliamente, de la lengua, de la historia, de la cultura húngaras en América Latina”, se lamenta la hispanista Éva Tóth y matiza: “Por supuesto no estamos solicitando aquí una reciprocidad cuantitativa en cuanto a traducciones o publicaciones; y no porque América Latina es todo un continente que consta de varios países y nosotros somos una nación de apenas quince millones de húngarohablantes. Nosotros estamos felices de poder leer una parte importante de la literatura mundial y dentro de esta, la de América Latina y pensamos que nuestra literatura ofrece junto con los valores estéticos, unas enseñanzas importantes para el lector latinoamericano”.

Gyula Krúdy

América Latina entró en el foco de los húngaros con la independencia, anhelada por ellos también, que supuso la revolución cubana. La solidaridad con el Tercer Mundo fue fomentada oficialmentre y uno de sus logros fue la fundación de la cátedra de español de la Universidad Eötvös Loránd de Budapest en 1957 y diez años después otra catedra más en la Universidad de Szeged.

La hispanista señala que a los autores latinoamericanos se les traduce al húngaro casi siempre del original o, en caso de la poesía, con base en traducciones literales hechas por filólogos con la colaboración de poetas establecidos. En cuanto a la presencia de la literatura húngara en el idioma castellano, se debe a ediciones hechas en España, a distintas formas de coedición de editoriales húngaras y cubanas como es el caso de la kAntología de la poesía húngara, de la propia Tóth, que en la segunda edición publicó diez mil ejemplares y que figuró entre los diez libros más vendidos en Cuba.

Las obras importantes, hasta algunas menos importantes de la literatura latinoamericana, se publicaron en buenas y a veces excelentes traducciones y en grandes tirajes en Hungría, y  forman parte de la visión literaria del lector culto húngaro y se ven analizadas en libros enteros por especialistas húngaros como es el caso de Katalin Kulin sobre García Márquez, Zsuzsa Harszti sobre Mario Vargas Llosa o Zsuzsanna Csikós sobre Carlos Fuentes y existe una Breve historia de la literatura hispanoamericana, obra de László Scholcz (2005). Los nombres de Petófi, Ady y Attila no son desconocidos para el lector de habla hispana.

Las literaturas hispánicas presentan ciertas semejanzas con la húngara en cuanto al entorno histórico-social, la entonación, la pintura de los caracteres y los objetivos. Los escritores de la generación del 98 de España nos recuerdan a los agrupados alrededor de la revista Nyugat (Occidente), las imágenes resplandecientes de García Lorca al surrealismo popular de Lázló Nagy e incluso se puede trazar un paralelo entre el indigenismo, lo que es más, hasta el realismo mágico y el populismo en la literatura húngara de los años treinta.

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“Los imperios de antaño fueron Egipto, Grecia, Roma pero el imperio a venir para nosotros es América” escribió el 9 de mayo de 1819 el conde István Széchenyi, joven aristócrata que fue el creador del primer puente permanente sobre el Danubio, de la Academia de Ciencias, del Casino Nacional y de quien su adversario político Lajos Kossuth, calificó de “el más grande de los húngaros”.

La imagen de América se puede hallar en resquicios de obras de poetas húngaros, como Daniel Berzsenyi (1776-1836), Mihály Vörösmarty (1800-1855), Árpád Tóth (1886-1928), Miklós Radnóti (1909-1944) y Janos Vajda (1827-1897), quien escribió:

Credo

Cuando, como sendos Hernán Cortés, de nuestro pasado

Las naves hayamos quemado, decididos

De conquistar este nuevo mundo adonde llegamos

Pero nunca retornaremos,

No miramos hacia la tumba en busca de gloria,

El blasón del linaje será nada más una sagrada reliquia,

El yermo haya desaparecido y se haya vestido de nuevas galas,

Hasta el miraje se haya vuelto más bello –nadando en la

Luz de la prosperidad,

Desde el esbirro atroz al bandido fugitivo perseguía,

Marche el grifo de la locomotora con frecuencia…

Entonces se cumplirá tu profecía, ¡Széchenyi!

Vivir aquí será la dicha y la gloria…**

Pablo Neruda publicó todo un tomo de poemas con el título La miel de Hungría y tradujo a Attila, así como lo hizo el cubano Fayad Jamís. Otro cubano, Virgilio Piñeira (1912-1979) tradujo el drama magistral de Imre Madach escrito en 1860,La tragedia del hombre.
Es importante también el libro del cubano Salvador Bueno, Cinco siglos de relaciones entre Hungría y América Latina (1977), por la Editorial Corvina de Budapest.

 

 

 

 

Ciclo Literario.