Una protesta amatoria:
nueva antología de Ludwig Zeller

Jorge Pech Casanova


Mujer en sueño y otros poemas
Ludwig Zeller
Editorial Almadía, 2015

 

Toda ventana se abre hacia el torrente que remontan las barcas, descubrió el poeta. Y lo dice desde el alba hasta allegarse al piélago del sueño, donde un faisán blanco y un pez le disponen vasos comunicantes con la memoria y la fantasía. Lo dice desde un desierto lejanísimo donde está su raíz y lo repite en cada tierra donde planta su fecunda existencia, al oficiar como cartógrafo de mundos recién nacidos. La potestad del poeta y del constructor de imágenes confluyen en su vasta obra, que no ha dejado de ser la del fabulista, aunque su única novela aparece de manera tardía entre sus innumerables versos.

Foto: Desierto de Atacama

Supongo que cada seguidor de Ludwig Zeller tiene dos entradas principales por las cuales acceder a su obra: una es la de la imagen sostenida por el verbo, y la otra es la del verbo transustanciado en imagen, es decir, su obra escrita y su obra en collage. Casi nunca se presentan separados a la vista esos accesos, sino que, como la unidad heterogénea del hombre, se abren a la curiosidad de manera simultánea.

Mi acceso al vasto territorio de la creatividad zelleriana sucedió en un año terminado en siete, hace ya casi veinte. En esto veo, más allá de la aritmética, un emblema de la fortuna: debía ser en la esotérica esfera del siete que se me revelara una gran obra literaria y plástica, manando de un venero tan insurrecto como sus afluentes. Una obra surrealista a plenitud en medio de una ciudad mexicana de provincia, recién despertada a la modernidad. Un puente que se tiende a partir de Blake, Holderlin y Nerval, hasta la reverberante prehistoria de Guilá Naquitz, los fantasmales mascarones de Cosijopí y la alquímica cabeza de Donají.

Desde entonces he podido frecuentar esa obra, notable por su capacidad para mantener en actividad un sesgo creativo que, según los manuales sobre el tema, hace tiempo que es objeto de museo. Pero en una ciudad donde los museos contienden contra la ignorancia, no es sorpresa que, según el defecto de los manuales, la postergación de una obra resulte falaz, pues la vitalidad que su creador le infunde la coloca al alcance de la mano en la calle, en el campo de Huayapan, en la noche verdinegra de Oaxaca (como diría Paz), desde la propia mano del artífice.

Además, el obsequio de la fortuna, en el caso del encuentro con Ludwig Zeller, no se agota en la doble o triple capacidad generadora del poeta. Su talento y bonhomía concitan la presencia inseparable de una artista y escritora de similar estatura creativa: Susana Wald. Así que al ganar el acceso a estas vidas inquietas y fecundas, uno es admitido a un extenso ámbito donde florece la creatividad en palabras, en imágenes, en artefactos, artilugios y manufacturas que envuelven con su belleza los espacios que enaltece la pareja de artistas.

No es el propósito de este comentario hacer un retrato de familia, pero es inextricable, en la existencia de Ludwig Zeller, la de Susana Wald. Juntos han convertido sus diferentes residencias en la tierra en un sólo ámbito de amorosa raíz creativa.

Estamos cerca de poder celebrar los noventa años del poeta Ludwig Zeller, y la emisión de esta antología me parece un signo propiciatorio para esa fecha auspiciosa. Será una ocasión señera para evocar el imaginario amoroso que el autor ha desplegado en poemas como el que da título a la presente antología, uno de los más ambiciosos de su tipo y que en sus 450 versos nos coloca ante un torrente erótico cuya vitalidad y fluidez es indiscutible, además de que su factura rítmica –amplificada desde pies latinos y griegos– nos rememora que la novedad son los clásicos. Clasicismo, vanguardia y un decir cuya vigencia estriba en su procedencia de lejanas temporalidades para resonar con nitidez en estos días, con la tumultuosa convicción de una protesta amatoria.

Y desde luego, el amor es un elemento fundamental en la obra de Ludwig Zeller, que la editorial Almadía reúne en forma oportuna en la nueva antología de poemas y collages que nos ofrece esta noche, cuyo único menoscabo es la portada, con una imagen que no elaboró el autor ni tiene mayor relación con sus creaciones. En 1996 la editorial Aldus produjo un volumen importante con la obra del poeta nacido en Río Loa, y desde entonces ninguna otra editorial mexicana había reunido en un volumen accesible la obra de este poeta sin fronteras.

Desde luego, en otros países la obra poética de Zeller sigue siendo compilada y puesta en circulación en diversos idiomas, pero en nuestro país la última antología comprehensiva de nuestro poeta fue la que publicó en 2003 la Universidad de Michoacán, El embrujo de México, cuyo título nos deja claro por qué este poeta chileno se ha vuelto tan nuestro.

Repito aquí algo que escribí para otra antología de Ludwig Zeller hace una década: La visión de México que el poeta despliega no es la del visitante ocasional o distraído, sino la del residente imbuido de su tierra elegida. Zeller rebasa localismos. Sus raíces poéticas se nutren de la voces del mundo, robustecen su condición de poeta mayor en lengua española y dan henchidos frutos mexicanos.

Ahora Almadía nos presenta esta nueva reunión de la obra poética de Zeller en formato de bolsillo, tan adecuado para quienes desean tener la poesía a mano y cerca del corazón. Está pendiente que alguna editorial retome los amplios formatos que el Fondo de Cultura Económica, Aldus y la Universidad de Michoacán han dedicado a esta importante obra, pero mientras tanto, Almadía nos lo acerca en un volumen que resulta muy práctico para que la poesía nos acompañe a todas partes.

Óscar Javier Martínez ha compilado una selección que da lugar y sentido a los diferentes temas poéticos de Ludwig Zeller. Entre las diferentes secciones, me place destacar la titulada “Poemas del embrujo”, en la que Zeller despliega su entrañable visión sobre el país donde ha elegido ubicar su residencia en los últimos veinte años. El arco poético que traza del desierto de Atacama hasta los prados de Huayapan pasa por Alemania, Hungría, Canadá y Río Loa, como sólo sucede en la geografía del sueño, ese vasto reino donde Zeller ha cautivado nuestra imaginación con su discurso que articula música, tinta y sagrados misterios.

 

 

Ciclo Literario.