Fotografía y narrativa en Juan Rulfo

Lorenzo León Diez


 

 “Poseer el mundo en forma de imágenes es, precisamente,
volver a experimentar la realidad y lejanía de lo real”.
Susan Sontag:
“Esa cámara automática no multiplica los ojos de los hombres,
sino que se limita a brindar una versión fantásticamente simplificada de una mirada de mosca”.
Franz Kafka:

 

En una biblioteca de literatura respetable, como la del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca,  el apartado de Juan Rulfo tiene más de 30 volúmenes. Las tres obras que escribió el autor jaliciense (Sayula1918- Ciudad de México 1986), Pedro Páramo, El Llano en Lamas y El gallo de oro, han inspirado a críticos y estudiosos de distintas culturas textos de índole diversa que abarcan todas las especialidades analíticas: semiología, sociología, psicología, historia y demás sistemas que indagan significados de estas breves y densas páginas que dejó el artista mexicano, sin duda el más universal que ha producido nuestro país, pues su obra está traducida a la mayoría de los idiomas cultos de la tierra.

Con oportunidad de las tres traducciones al húngaro que realizó la hispanista Andrea Imnre, el director de Ciclo Literario fue invitado por la embajada de México en Hungría, a presentar al público en Budapest, la obra de Juan Rulfo, quien fue no solamente un trascendente escritor sino un importantísimo fotógrafo.

Esta relación entre la obra literaria y la obra fotográfica ha sido siempre motivo de polémica. Hay quienes rechazan la idea de que son expresiones de una misma generación sensible; y hay otros que opinan que son manifestaciones independientes y que no están de acuerdo enlazarlas en sus significados.

Lorenzo León presentó un video en Budapest titulado Juan Rulfo Fotógrafo, con subtítulos en húngaro, precisamente para hacer comprender cuan cerca está la obra fotográfica de la concepción literaria. Y quien ha podido ver con lucidez esta relación ha sido la escritora catalana Nuria Amat, en su libro Juan Rulfo (Ediciones Omega 2003), por lo que presentamos un extracto de este análisis luminoso.

 

La fidelidad del melancólico reside en la acumulación de cosas, que aparecen, en su mayor pare, en forma de fragmentos y ruinas. Retratar sin descanso fragmentos y ruinas es la mejor manera de poseer  las cosas a medias. Piedras, muros y rostros derruidos serán la  materia prima fotográfica de Juan Rulfo. El fotógrafo cede el paso al escritor, y hay un momento en que éste avanza y toma la delantera artística.

Foto: Juan Rulfo

Hace fotos para escribir. Escribe para destruir. De este modo va esbozando su novela. A retazos. Recopilando fragmentos en apariencia desunidos. Porciones de viajes. La foto es la huella. El cebo que rescata la memoria. Para escribir tiene que serle fiel a sus retaros. Ahora lo hace con la geografía del México rural. Retrata y archiva. O sea: escribe.

La fotografía es siempre la afición más ficcionaria de Rulfo. Su fiel amiga artística. Su arte secreto. Desde que era adolescente lleva siempre en sus paseos y viajes una cámara fotográfica como memoria periférica de lo no visto. Nada es real hasta que no lo convierte en imagen fotográfica. Sus fotos son parte de su arte y así es como están consideradas hoy en día, como excelentes muestras artísticas. Exposiciones de fotos de Juan Rulfo dan constantemente la vuelta al mundo. Nadie duda de que de no haber sido escritor, Rulfo hubiera sido un fotógrafo de renombre. Y lo es pese a que la fama del literato ha borrado el fotograma del retratista excelso.

Su punto de vista es de la cámara fotográfica que retrata dando voz, pero haciendo a la vez una radiografía interna de sus personajes. Almas sin cuerpo. Cuerpos sin palabras. La melancolía es el escenario común de sus relatos.

Todos los relatos que Rulfo publica en la revista América (de cuya redacción forma parte también) los acompaña de fotografías tomadas por él mismo, que en principio ilustran los cuentos hasta que decide runir los relatos en un libro. A partir de entonces, por desición suya o porque le aconsejan que no lo haga, ya no volverá a publicar juntas sus obras artísticas, hasta el punto de que existirá el Rulfo escritor y el Rulfo fotógrafo, siendo conocido por lo primero y quedando erróneamente la fotografía como un Hobby o afición menor.
Su hijo Juan Pablo Rulfo opina:

“El era un fotógrafo sin la pretensión de ser un artista de la fotografía, sino alguien que tenía un ojo determinado y una intención descriptiva muy clara: respetar mucho el sentido narrativo de la imagen”
Y Rulfo dice:

“Las imágenes en blanco y negro me remiten a otros mundos. Son documentos de una ausencia casi metafísica. Mudas, las figuras te miran como esperando la oportunidad de decir algo”.

El escritor que siente agotada la posibilidad del lenguaje, vacío de tanto uso y jerga, recurre a una pluralidad de ellos para llegar más lejos con su silencio. La fotografía es un signo más de la gramática, una gran frase o una enciclopedia.

Palabra e imagen corresponden en Rulfo al mismo impulso hacedor; a la búsqueda incontenible de una misma inspiración poética.

El lector del Rulfo fotógrafo observará que las imágenes fotografiadas forman parte de la obra narrativa como si con el arte fotográfico fabricase Rulfo relatos mudos e ilegibles que fueran a un tiempo páginas de sus libros. Gracias a la fotografía, imagina Rulfo la página poética, tenga texto o no llegue a tenerlo. La mirada fotográfica es consustancial a la mirada literaria. Y la coincidencia no es ingenua. Fotografiar es para Rulfo poner punto final a un relato.

El blanco y el negro son colores literarios, conservan un misterio, algo que no se entrega en la imagen. Un silencio cansado de palabras. Mundos en blanco y negro hundidos en la misma perennidad del texto, ajenos al color de la fugacidad. Fotos que son reliquias de un pasado que no se conoce o que si se conoce se ha perdido y hay que volver a descubrir con las palabras. O no. Fotos que son testimonio de fantasmas.

Foto: Juan Rulfo

Una fotografía es un secreto acerca de un secreto. Si las fotografías son mensajes, éstos serán transparentes a la vez que misteriosos. Cuanto más tratan de decirte, menos sabes. La fotografía de Rulfo es un secreto acerca de su secreto de escritura. Su arte de la imagen, más simple en apariencia que la escritura, es sin embargo más enigmático. Porque los dos procesos van juntos, se retroalimentan. Las suyas son imágenes reactivadoras de memoria. Palabras que despiertan como fantasmas. Fotos encubridoras de espíritus. Ambas estéticas le permiten dar rienda suelta a su inventiva, elaborar un pasado que no conoce y que a pesar de todo acepta. La fotografía dialoga con la literatura y viceversa.

Para el escritor Rulfo la foto nunca será un mero recurso Mnemotécnico.

Para Rulfo es su segundo brazo. A través de la fotografía trata de interpretar el mundo, el de sus orígenes, plantas, ruinas, rocas y rostros de campesinos tristes y desoilados. Y al retratarlo, le proporciona evidencia. Por si alguno (el escritor en primer lugar) no creyera que el mundo de Comala es verdadero, hará falta una fotografía que lo certifique.

No crea el lector sin embargo, que la fotografía funciona como el antilibro, sino más bien como el libro secreto que se encuentra en el libro escrito. Para Rulfo fotografiar es escribir dos veces. Porque lo que importa para Rulfo fotógrafo no es la imagen, sino el hecho, la experiencia vital. Las fotos son la parte oculta del relato. El secreto del estilo literario de Rulfo es el ojo que ve, la mirada fotográfica que habla.

¿Y si la novela no fuera más que el arte de poner palabras a un cuadro o a una fotografía? ¿No será la fotografía literatura en movimiento?

Fotografía y escritura forman parte de un lenguaje familiar, dan fe de una misma y múltiple literatura.

Cada frase de Rulfo parece conseguida por la necesidad de poner un título a una fotografía. Una comprensión más que una explicación. Un acercamiento de la imagen más que un diagnóstico de lo retratado. Así, Rulfo no se pierde en descripciones de personas o paisajes (ya están las fotos); sencillamente, presenta los hechos como si fueran observados por el

Pero nunca habló Rulfo sobre la utilización de la fotografía en su proyecto narrativo. Si lo pensó, éste fue otro de los secretos que se llevó a la tumba. Porque no fue Rulfo la clase de escritor que de vez en cuando toma fotografías como hobby o pasatiempo. Ambas vertientes artísticas son fruto de una misma pasión. Discernir si ésta es más literaria que fotográfica supone una tarea más difícil de lo que a primera vista se piensa.

Rulfo fotógrafo existió antes que Rulfo escritor. Y no sería extraño suponer que la fotografía haya sido el núcleo generador de su actividad literaria.

Son las fotos de Rulfo bibliotecas portátiles del imaginario del escritor.

 

 

Ciclo Literario.