Vivian Demuth: Dos eco-poemas

Traducción de Paloma Ravel


Vivian Demuth es una escritora de origen norteamericano-canadiense graduada en ciencias, bellas artes, inglés y escritura creativa que se ha dedicado por más de veinte años al cuidado de la naturaleza como guardabosques y observadora de incendios en las montañas de Canadá; ha publicado los libros de poesía Breathing Nose Mountain (2004) y Fire Watcher (2013), y la novela Eyes of the forest (2007). Hace unos años recibió el premio Sarah Tucker de ficción que otorga la Universidad de Long Island y poemas suyos han aparecido en numerosas revistas de Canadá, Estados Unidos, Europa y México. La obra de Demuth se distingue por la agudeza con que penetra en el mundo natural y hasta cierto punto salvaje que la rodea, desde su condición de participante privilegiada, y la fina sensibilidad con que transmuta esa experiencia en una escritura que registra a veces con humor, a veces con ironía, su singular forma de contactar con la vida animal. Los poemas que se ofrecen a continuación forman parte del libro Fire Watcher (Guernica Editions, Ontario) y aparecen por primera vez en español.

 

Osos

Me han aterrorizado a la mitad del camino, me han seguido durante millas forzándome a escalar una endeble torre de radio, se han comido todos los dientes de león antes de que pudiera convertirlos en vino. Me han seducido con sus abrigos de chocolate y leche y me han sorprendido con monstruosas huellas de pies entre mis plantas de brócoli. Me han despertado de los viajes de mis sueños al azotar sus enormes narices contra la ventana de mi dormitorio y al llamar a la puerta de la cabina sin estar invitados a cenar. Albinos, ustedes son de verdad salvajes y advertir a la gente sobre avistarlos me pone el sambenito de desquiciada. Madres, ustedes me alimentan con su desfile de torpes cachorros. Osos, me han enseñado cómo vivir incómoda, a reír ante las garras de la muerte. Ustedes son la mejor hija de puta compañía que un guarda bosques pueda tener. Pero cuídense de bestias como yo: nosotros elevamos la temperatura del planeta, trastornamos su primitivo sueño invernal.

Frank Horvart/1995

 

 

Casa con lobos

Fui lobo alguna vez, un día de septiembre de tantos.

Dos lobos esperaban en el camino de la montaña. Aullé

de mala manera, invitándolos a fisgar en la cabina como

si fuera una hermana melancólica.

Cuatro de sus parientes escucharon, saltaron el arbusto y

disfrutaron la fiesta igual que lo haría una comunidad. Miré

encantada mientras seis lobos reían y trotaban sobre el helado

camino hacia mí ––cha-chung,

cha-chung, ha, ha, ha––.

Salí corriendo hacia el interior por mi cámara para capturar el

jolgorio.

Errática, dando tumbos por la puerta, regresé

hacia el camino ondulado de lobos.

Pero ellos supieron al momento que mi ser lobuno había

partido.

Saltaron el arbusto lamentándose, aspirando la tierra,

en tanto yo quedaba jadeante ––ha, ha, ha–– paseando

alrededor,

esperando reencontrar mi excitante ser de lobo perdido.

 

 

Ciclo Literario.