Virginia Woolf:
el mundo revelado por su Diario

Marie Claire Figueroa


El Diario de Virginia Woolf es el resumen de una vida dedicada a la literatura, y no sólo a ésta, sino también a su familia, principalmente a Leonard Woolf, su marido, a Vanessa Bell, su hermana, a la plétora de amigos que giraron alrededor de la pareja, a la sociedad que la rodeaba y a los miles de pequeños acontecimientos cotidianos y de un país tan insigne como Inglaterra.
Para adentrarse en este Diario de no menos de veinticinco manuscritos y entender mejor su naturaleza y sus facetas múltiples, precisa primero hablar de la vida de la autora tal como transcurrió, puesto que su Diario desborda imaginación y lleva a veces al lector a extremos que pertenecen más al dominio de la ficción que de la realidad.

     La existencia de Virginia Woolf fue intensa y trascendente para la literatura universal; a continuación sus inicios.

 

I. Infancia y años de aprendizaje

Si bien esta vida es apasionante para sus incondicionales, su escritura lo es más. En realidad, como en el caso de muchos escritores, disociar la una de la otra es cosa difícil. Por esta razón, antes de abordar la obra ––su Diario en particular–– es necesario examinar la vida para penetrar en ambas con más claridad. En el Diario se vuelve a encontrar cada momento de aquella en una representación a veces distante del original.

Giséle Freund/1939
Virginia y Leonard Woolf

Virginia Stephen tuvo la gran suerte de nacer en el seno de una familia de intelectuales. El padre, Leslie Stephen, después de realizar estudios religiosos para cumplir con la voluntad paterna dejó su puesto de clérigo para orientarse hacia la filosofía y la crítica literaria. Escritor e historiador, recibió el encargo de redactar el Oxford Dictionary of National Biography y trabajó en él por diez años; luego, en 1891, pasó la obra a su colaborador Sydney Lee, quien la terminó en 1900. Su primera esposa, hija menor del novelista W. M. Thackeray, falleció a los ocho años de casada; la segunda, Julia Jackson, viuda de Herbert Duckworth, era madre de tres hijos que se convirtieron en los hermanastros de los que tuvo con Leslie: Vanessa, Thoby, Virginia y Adrian.
La familia Jackson tal vez no era tan intelectual, sin embargo sí apreciaban la poesía, quizá demasiado sentimental, pero poesía al fin. En cuanto a riqueza y rango social, sin duda la familia de Leslie no brillaba mucho y ninguna de las dos llegaba realmente al nivel de la alta burguesía; vivían modestamente. A pesar de ello, Julia, en su salón de los domingos, recibía parte de la sociedad intelectual de Londres. En cuanto a Leslie, era miembro del Athenaeum, revista de literatura fundada en 1828.
Virginia nació el 25 de enero de 1882, segunda hija después de Vanessa con la cual tuvo una relación muy entrañable durante toda su vida, relación de artista ––Vanessa fue pintora y decoradora–– y relación de hermanas, a la vez conflictiva y cariñosa; entre ellas existía una inconsciente rivalidad, sin embargo, quedaron muy unidas, ambas con una distinción y belleza innegables.
Como su madre Julia, que escribía cuentos para leer a sus hijos, a Virginia desde niña le gustaba contar a sus hermanos pequeñas historias llenas de imaginación; a los nueve años empezó un periódico en el cual apuntaba de la manera más fantasiosa e humorística las noticias de la casa y de la familia. Lo siguió escribiendo hasta los trece años.
La infancia de Virginia fue una infancia dichosa; los periodos máximos de felicidad serían las vacaciones pasadas en el mar de Cornualles en St.Yves. No sólo estaba la familia Stephen, sino también la familia extendida a los tíos, primos, sobrinos, sin contar innumerables amigos, jóvenes y menos jóvenes, todos ocupados en sacar el mejor provecho del mar, del campo, del verano: nadar, remar, velear y, cuando se podía, pescar. Virginia plasmó los recuerdos de estas temporadas estivales en varias de sus novelas: Al Faro, Las olas y El cuarto de Jacob.

En años posteriores se desata una serie de catástrofes en la familia Stephen; a partir de sus trece años, se empieza a vislumbrar el carácter fluctuante de Virginia, alternancia de gozos y depresiones, presagio de su locura futura. Julia, la madre cariñosa y esposa abnegada, siempre dispuesta en ayudar a cuantos se dirigían a ella, sin reparo por su propia salud, falleció en 1895. El padre quedó destrozado; Stella, su hijastra, se hizo cargo de la casa y de sus hermanastros hasta su propio matrimonio. Luego Vanessa, con sus diecisiete años, llena de sentido práctico y provista de un juicio atinado la sustituyó. En Los años Virginia lo recordaría al prestar los rasgos de su hermana a su personaje principal, Leonor, cuando se hace responsable de su anciano padre, el coronel Pargiter. Dos años después de la muerte de Julia la situación se restableció y el ambiente se asemejaba a la felicidad; sin embargo, no se puede omitir un hecho penoso y capital en la adolescencia de Virginia, hecho que iba ciertamente a contar entre las múltiples causas de su locura. Después de la muerte de la madre, los hermanastros George y Gerald Duckworth se dedicaron a consolar y animar a Vanessa y Virginia de un modo que rápidamente degeneró en manoseos y actitudes eróticas que, si bien repugnaban a las hermanas, no lograban evitar; no sabían imponerse, sobre todo Virginia, cuya sexualidad quedó marcada para siempre. En cuanto al episodio de lesbianismo con Vita Sackville-West, aparentemente no se repitió.

Giséle Freund/1939
Virginia y Leonard Woolf

Por muchos años Virginia lamentó no haber podido recibir una educación universitaria como sus hermanos y algunas mujeres de familias más progresistas. Sus padres se turnaban para inculcarles a las dos hijas las materias básicas indispensables, sin embargo todavía rudimentarias. Después de la muerte de Julia esta educación se suspendió, pero Virginia la compensó con una temporada de lectura frenética, primero bajo la tutela de su padre, luego con una libertad completa de acceso a la biblioteca paternal. En 1897 había empezado su Diario y allí consignaba títulos y autores leídos; a veces devoraba cuatro libros al mismo tiempo. Leslie Stephen, sin embargo, seguía dándole consejos: "Pero querida, si vale la pena leer, aún vale más leer dos veces". Así mismo, la guiaba en su escritura, enseñándole a usar un mínimo de palabras; la guiaba también en su crítica para que la llevara con discernimiento. De hecho, para Virginia cualquier pretexto era bueno para practicar el arte de escribir: diario, cartas, relaciones de eventos familiares o de su círculo más cercano de amistades. A los 17 años el estilo de sus cartas, con su fantasía, sus exageraciones, su ritmo e ímpetu, anunciaba las cartas que escribiría en la madurez, con pocos cambios en la forma.
Estas actividades intelectuales de la hija encantaban al padre; en medio de su tristeza por la muerte de su esposa, recibía un gran consuelo de parte de Virginia y ella se sentía muy unida a él, aunque criticaba su actitud abusiva y manipuladora hacia Vanessa de quien exigía una devoción completa que ella no le daba. La muerte de Leslie se acercaba y los últimos meses fueron muy pesados para todos. Falleció el 22 de febrero de 1904; poco tiempo después los hijos decidieron viajar. Al regreso de una corta estancia en Italia y Francia, Virginia entró en una estado de depresión tal que trató de suicidarse tirándose de una ventana. Su primera gran depresión había tenido lugar en 1895; ésta fue de intensidad mayor. Después de un largo tiempo de recuperación, retoma sus ejercicios de escritura y con la voluntad de encontrar un trabajo útil, primero imparte clases de historia a un grupo de obreras, luego ayuda al biógrafo de Leslie Stephen, F.W. Maitland, en la selección de cartas y a redactar unas páginas sobre la relación del padre con sus hijos. Fue el primer trabajo de Virginia publicado. A partir de allí decide ganar dinero de modo regular y, gracias a su gran amiga Violet Dickinson, entra al periódico The Guardian. Su aprendizaje de periodista fue facilitado en gran parte por la erudición adquirida gracias a sus innumerables lecturas y sus constantes ejercicios de escritura. Varios periódicos y revistas literarios publican sus artículos cortos y reseñas de modo regular durante años, a la par de sus novelas.
Su salud física y mental se iba fortaleciendo, pero seguía todavía tímida en el campo literario. En su vida emocional flirteaba con el marido de su hermana de modo inconsciente o no, es difícil saberlo, pero es un hecho que tenía una tendencia a complicar las cosas en su entorno; sobre todo, le gustaba ser admirada por su belleza e  inteligencia. Se le ha tachado de snob literaria, calificación que no negaba puesto que ella misma la alentaba cada vez que tenía oportunidad. Su gran temor fue siempre el de no gustar a la gente como persona y escritora: miedo que sus obras no fueran aceptadas o dejaran de ser celebradas. A esto se agregaba una buena dosis de caprichos y extravagancias en sus compras, en sus amistades. Su gusto por la música, sobre todo por la ópera, venía en parte por ser un acontecimiento social.
Cuando regresó Virginia del campo en donde se le mandaba regularmente después de cada crisis, se reunió con sus hermanos en la casa a donde se habían mudado durante su ausencia, dejando definitivamente el 22 de Hyde Park Gate; allí habían nacido los cuatro hijos Stephen. La nueva casa estaba situada en el barrio de Bloomsbury; de inmediato hubo gran escándalo entre varios parientes y amistades, puesto que Bloomsbury era un lugar barato y no tan elegante como Kensington, de donde venían. Pero esto precisamente los atraía, esta ruptura con la herencia victoriana era como una bocanada de aire fresco; sobre todo deseaban alejarse de la familia cuya gran parte eran habitantes de Kensington; desde jovencita Virginia aborrecía encontrarse en la calle con gente conocida. Muy pronto se acercaron a ellos los amigos de Cambridge de Thoby y de su hermano Adrian. Al principio estos jóvenes intrigaron mucho a Virginia: increíblemente pretenciosos, podían quedarse largo tiempo sin hablar, pero al surgir un tema de interés se animaba una conversación que seguía hasta la madrugada. No necesitaban vestirse de manera elegante, se sentaban en el suelo, nadie los vigilaba... El tono general era de una extrema decencia todavía; a la larga iba a degenerar, sobre todo bajo la batuta de Vanessa: licencioso en palabra primero; luego la libertad que los había hecho tan felices se tornaría en libertinaje. Iban a pasar varios años durante los cuales las amistades se fortalecieron o se rompieron, tal era la fuerza del ambiente de Bloomsbury. Las dos hermanas, por el conducto de sus hermanos, se encontraron rápidamente en un ambiente muy de su gusto.
Los primeros miembros que llegaron se volverían amigos de toda la vida de Virginia: Lytton Strachey quien iba a volverse célebre con su biografía Eminent Victorians, Clive Bell, crítico de arte y futuro marido de Vanessa, Saxon Sydney-Turner, el enigmático y silencio intelectual, Leonard Woolf, escritor y futuro marido de Virginia; luego llegaron otros amigos de Thoby y luego otros amigos de amigos. El novelista E.M. Forster, el crítico de arte Roger Fry, el pintor post-impresionista Duncan Grant, el economista John Maynard Keynes, Desmond MacCarthy, periodista literario, etc. Por más fluctuante que fuera el grupo y de ocupaciones variadas, constituido por artistas, filósofos, escritores, todos intelectuales, hubo un núcleo sólido y memorable, puesto que la mayor parte tenía metas muy definidas, con el propósito de rechazar la moral victoriana así como las convenciones burguesas. Varios de ellos eran homosexuales y todos pacifistas convencidos, entre ellos algunos objetores de conciencia; la Primera Guerra Mundial sacudió el grupo, mas no lo dividió y su influencia siguió hasta unos años antes de la Segunda. Algunos miembros fueron faros de la primera mitad del siglo XX, como Maynard Keynes, considerado uno de los economistas más influyentes de ese siglo. Desde el punto de vista político todos mostraban tendencias liberales y socialistas. Por supuesto no faltaron los críticos, las caricaturas tachándolos de amanerados, de elitistas, pero nada de esto les afectaba. Todos compartían una visión de la vida no solamente intelectual y de austeridad; exaltaban también los placeres y la alegría del amor y de la amistad, las relaciones personales sólidas gracias a las cuales siguieron cenando juntos y reuniéndose regularmente durante más de veinte años.
El grupo de Bloomsbury no se deshizo con la muerte de Thoby en 1906, se apagó poco a poco antes de la Segunda Guerra Mundial. Pero de esta constelación de amigos, el núcleo más fuerte giraría alrededor de Virginia y de su marido durante su vida entera. Fueron los huéspedes de las casas campestres sucesivamente adquiridas por la pareja a lo largo de los años, los participantes de las largas discusiones o de los silencios fecundos que alternaban en Asheham y Monk's House, sin omitir la casa de los Bell, Charleston House.

Virginia Woolf con Leslie Stephen


El viaje a Grecia emprendido por Thoby y Adrian en agosto 1906, con los que se reunieron un mes después las dos hermanas así como Violet Dickinson, todavía inseparable de Virginia, fue una difícil aventura durante la cual Vanessa enfermó; en cuanto a los demás, no sabían si entusiasmarse ante las bellezas arqueológicas o enojarse con las dificultades de la vida cotidiana. Al regreso, Vanessa sanó poco a poco, pero a su vez Thoby tuvo que encamarse y no volvió a levantarse; el médico no supo diagnosticar a tiempo un caso de tifo. Para todos el regreso de la racha de muertes fue doloroso, para Virginia resultó la fuente de tristezas infinitas. No sólo había fallecido su hermano predilecto, sintió también que estaba perdiendo a su hermana; en efecto, ésta, en su aflicción, encontró refugio en Clive y se casó con él. La ceremonia tuvo lugar a principios del año siguiente, demasiado pronto después del duelo, de acuerdo con muchos y sobre todo para Virginia. Vanessa tuvo que decirle y demostrarle que su relación con ella no iba a cambiar y, de hecho, así fue.
Después de la muerte de Thoby y del casamiento de Vanessa la casa de Bloomsbury quedaba demasiado grande para Virginia y Adrian quienes decidieron mudarse a Fitzroy Square. Hacía tiempo Virginia temía que las tías y amigas casaderas de la familia la emprendieran con ella para convencerla de sentar cabeza y buscar marido. No se equivocaba. Sin embargo, de todos los queridos amigos a su alrededor, ninguno le ofrecía el intercambio intelectual que ella deseaba encontrar en una pareja. Aceptó a Lytton Strachey en su momento, pero esta alianza, a todas luces, no podía funcionar; como él, los amigos que más le atraían por su intelecto eran homosexuales. Otros se le declararon ––su belleza y su inteligencia atraía a más de un pretendiente, le gustaba flirtear con ellos, pero sin más. Muy pronto se percató que, para ella, la escritura era mucho más importante que estos juegos y es cuando empezó Melymbrosia; después de cinco años de trabajo y de constantes reescrituras, se convertiría en The Voyage Out, su primera obra. No dejaba del todo los juegos del amor que, con ciertos hombres como el marido de su hermana, traspasaban a veces los límites de la decencia. Sin embargo, su relación con Clive Bell podía ser de naturaleza muy diferente. Aparte de ser su guía en literatura francesa moderna era un excelente crítico literario y alentó mucho sus progresos en The Voyage Out, ofreciéndole sus opiniones y valorando su trabajo, y esto lo aceptaba Virginia de buen grado.
En el año 1910 se volvió célebre la familia Stephen a causa de una broma bastante pesada hecha por los jóvenes. Llamada "La burla del "Dreadnought", ésta hizo correr mucha tinta, sobre todo la de los periódicos que envenenaron el asunto. Adrian, Duncan Grant, Virginia y otros tres se hicieron pasar por miembros de la corte de Abisinia que acompañarían al emperador para visitar el acorazado "Dreadnought". Adrian sirvió de intérprete, mascullando una jerigonza de latín, griego y algún otro idioma exótico; Horace Cole, autor de la broma, representaba al miembro del Foreign Office encargado de anunciar la visita al comandante. Ambos, con los demás disfrazados y la piel ennegrecida (Virginia tenía barba), acudieron al barco y fueron muy bien atendidos, pero no quisieron prolongar la visita para evitar riesgos mayores. Todo hubiera quedado allí si Horace Cole, joven presuntuoso y ávido de fama, no hubiera decidido dar a conocer la broma por la vía de la prensa. El escándalo se extendió y la familia Stephen reprochó duramente el suceso a Virginia.
Poco tiempo después, otro suceso inconcebible: la exposición organizada por Roger Fry acerca de Manet y los post-impresionistas. Aparentemente la sociedad londinense no estaba preparada todavía para admirar las obras de Manet, Cezanne y otros, causas de feroces polémicas. Ese año fue también el de la movilización por el voto de las mujeres; Virginia comenzó a apasionarse por la política y ofreció sus servicios al movimiento sufragista. Escribió cientos de sobres hasta que no pudo más: cansancio físico, repercusiones de la broma pasada durante la cual se había puesto muy nerviosa, el caso es que cayó enferma y fue recluida una vez más en una casa de reposo en Twickenham. No era una paciente fácil; a veces huraña y rebelde, a veces eufórica y manipuladora de los médicos y enfermeras, con mucha dificultad se resignaba al encierro. Cuando salió de la crisis, unos siete meses más tarde, decidió buscar una casa campestre para poder huir de la excitación de la vida londinense cuando era preciso. Su primera casa en Sussex en el pueblo de Firle no resultó muy adecuada; poco después rentaría otra en Asham (ella siempre lo escribió "Asheham") que ocupa un lugar importante en su Diario.

     Sus múltiples mudanzas tanto en el campo como en la ciudad todavía no acababan. Virginia y Adrian llegaron a cansarse de su vida en común repleta de disputas a pesar de su afecto fraternal; decidieron dejar Fitzroy Square y rentar en este mismo perímetro minúsculo un edificio de cuatro pisos en Brunswick Square, repartiendo entre ellos dos  el primer y segundo piso, Maynard Keynes y Duncan Grant en la planta baja. Finalmente propusieron el tercer piso a Leonard Woolf que acababa de llegar de Ceylán por un permiso de varios meses. Otro escándalo familiar: ¡qué no había hecho Virginia y cómo se atrevía a cohabitar con tantos hombres! En realidad fue la oportunidad de su vida, puesto que Leonardo no tardó en enamorarse de ella hasta el grado de renunciar a su puesto de administrador colonial de una provincia de Ceylán en donde había desarrollado un importante trabajo. Virginia fue mucho más lenta en decidirse. Estaba enamorada también, pero temía el matrimonio. Leonard le había pedido su mano el 11 de enero de 1912 y ella aceptó casarse con él el 29 de mayo siguiente.

 

 

Ciclo Literario.