Traspasados por la frontera

András Lénárt


El investigador de la Universidad de Szeged, András Lénárt, se presentó el 11 de noviembre de 2014 en el simposio Memorias de la Primera Guerra Mundial y los cambios culturales de centro Europa en la Biblioteca Nacional de España. Estas reuniones, organizadas por la Embajada de Hungría en España y el Foro Cultural Austria, celebran el centenario de la Gran Guerra (1914-1918). El presente de las naciones implicadas no puede entenderse sin pasar por el antecedente bélico en el que se vincula la participación de Hungría con las Fuerzas del Eje en la Segunda Guerra Mundial. El siguiente texto condensa de la participación de Lénárt.

 


András Lénárt

Al  inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914, el Reino de Hungría, que desde 1867 era una entidad autónoma dentro del Imperio austrohúngaro, abarcaba casi 700 mil kilómetros cuadrados. El Reino de Hungría no era un Estado-nación, pues su población constaba de varias nacionalidades, entre ellas casi el 50 por ciento eran húngaros o magyares. Al término de la guerra las potencias involucradas en el conflicto se reunieron en Versalles, Francia, y en su Gran Palacio de Trianon firmaron el tratado que lleva este nombre, donde se fijaron las nuevas delimitaciones geográficas para Hungría, que perdió Transilvania, Croacia, Eslovenia, Voivodina, Bosnia, Herzegovina, Burgenland, Eslovaquia y Rutenia. Así quedaban fuera de su país original más de tres millones de húngaros.
Algunos de los nuevos estados establecidos ya no existen actualmente. El Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, que desde 1929 se llamaría Yugoslavia, se desintegró a finales del siglo XX, dando lugar a la formación de nuevos estados. Checoslovaquia tampoco existe desde 1 de enero de 1993, cuando se escindió en dos: la República Checa y Eslovaquia.
El Reino de Hungría perdió más del 60 por ciento de su población pues pasó de 18 millones de habitantes a siete. Algunos pueblos fueron cortados en dos; una mitad pertenecía a Hungría, otra mitad a otro país. Los húngaros no cruzaron la frontera sino la frontera los cruzó a ellos. Unos 500 mil húngaros dejaron estos países y se refugiaron en Hungría.* Además el tratado obligaba a la nación mutilada a pagar indemnización. No podía renunciar a su independencia sin el consentimiento de la Sociedad de Naciones, excluyendo así la posibilidad de volver a unirse con Austria. Se prohibía al país la fabricación y la compra de armas, tanques y aviones.
Hungría perdió todas sus minas de oro, plata, cobre y sal. Sin embargo la mayor parte de su industria transformadora o manufacturera quedó en Hungría, porque estas fábricas se habían instalado en Budapest y sus alrededores. Perdió también más del 70 por ciento de sus bosques. Después de 1920 sólo disponía de menos del 40 por ciento de su patrimonio nacional. A esto le siguió una crisis económica, inflación, paro y decrecimiento del nivel de vida. Con los créditos internacionales apoyados por la Sociedad de Naciones, a la que ingresó Hungría en 1922, inició lentamente su recuperación económica, hasta la crisis de 1929.

Cosacos al ataque en la Primera Guerra Mundial

Entre 1920 y 1944 a Hungría la rigió militar y políticamente el gobierno de Miklós Horthy, parlamentario conservador al que uno de sus ministros, Isván Bethlen, definió de la siguiente manera: “Nosotros queremos democracia, es cierto. Pero no una democracia regida por las masas. Queremos una democracia dirigida desde arriba, lidereada por la aristocracia y los nobles, porque sólo ellos son capaces de resistir a la presión interior y exterior de las fuerzas subversivas”.
El objetivo supremo de Hungría era la revisión territorial, es decir, recuperar las regiones perdidas. También se mostraba como un puente entre Europa Occidental y Oriental que ayudaba a preservar los valores de ambas Europas y divulgarlos en las distintas regiones.
En 1927 se creó la Liga Revisionista, una asociación civil de ciudadanos, empresarios e industriales que fundó oficinas en varias capitales extranjeras para propagar las injusticias que Hungría había sufrido y la desesperación del pueblo húngaro dentro y fuera de las nuevas fronteras. Se publicaron más de 200 libros y folletos en lenguas extranjeras, pero fueron textos mal traducidos y que compaginaban acusaciones contra los países vencedores. No se logró convencer a la opinión pública internacional, sino al contrario, pues la actividad diplomática oficial quería lograr la revisión de manera pacífica, buscando aliados. Aunque no logró crearse un bloque entre Alemania, Italia y Hungría, los países que reclamaban territorio, se firmaron tratados y convenios. Esto también explica por qué comenzó el gobierno y la sociedad de Hungría a acercarse a la Alemania nazi y la Italia fascista.
En los años 20’ algunos políticos, empresarios y magnates de prensa de los países vencedores, sobre todo británicos y estadounidenses, apoyaban la opinión de una revisión necesaria. Con la crisis de 1929 estos lazos se reforzaron. Dirigido por el afán alemán de desmembrar Checoslovaquia, Hungría consiguió recobrar parte de los territorios perdidos ocupando el sur de Eslovaquia a finales de 1938. Al año siguiente también recobró el resto de Rutenia. Y un año después, en 1940, el ejército húngaro ocupó el norte de Transilvania, lo que acercó aún más al país a las Fuerzas del Eje. Un año más y Hungría participa en la invasión de Yugoslavia y recupera Voivodina. Entre 1938 y 1941 el país dobló su extensión gracias al apoyo alemán. Todas estas anexiones fueron declaradas nulas después de la Segunda Guerra Mundial.

En la nueva época, al final de la Gran Guerra, los ministros de religión y educación de la Hungría mutilada intentaron apoyarse en la cultura en vez de la fuerza o las armas y lograron que se asignara a la cultura el 10 por ciento del presupuesto estatal (el doble que antes de la Primera Guerra Mundial).

 

 

Ciclo Literario.