Nombres e imágenes en la unidad de
México y Hungría

Lorenzo León Diez


Durante el mes de octubre de 2014,  el autor - investigador de la Universidad Veracruzana-, realizó seis presentaciones audiovisuales de La persecución del cielo, videos sobre temas de cultura antigua de México en el Instituto Cervantes de Budapest, la Universidad Peter Pasmány, la Universidad Eötvös Loránd y la Universidad de Szeged, en Hungría. En la sesión inaugural de estas prersentaciones convocados por la Embajada de México en Hungría y el Instituto Cervantes de Budapest, leyó el siguiente texto.

 

México y Hungría tienen una relación espiritual y cultural sensible pese a estar en posiciones geográficas tan distantes. Uno de los códices más importantes de  la cultura antigua de México tiene un nombre húngaro: Fejérváry. La recreación literaria más hermosa de la crónica hispánica de la Conquista  de México tiene nombre húngaro: László Passuth, autor de El dios de la lluvía llora sobre México, libro que la hispanista Edith Muharay comentó así:“La novela europea más imaginativa y a la vez realista sobre la historia de la Conquista de México fue publicada por primera vez en vísperas de la Segunda Guerra mundial en Budapest. El tema no podía estar más alejado de las preocupaciones apremiantes del momento. Sin embargo, salió a la venta, y dicen que los budapestinos amontonados en los refugios durante los bombardeos se lo pasaban de mano en mano. El libro los transportaba a un mundo totalmente desconocido; era como un punto mágico que desviaba la atención del angustioso presente y los ayudaba a soportar la incomodidad y el miedo”. *
Ese  punto mágico es el que nos congrega ahora.
Passuth reescribe la crónica hispana de la Conquista y abre rutas definitivas para la comprensión de aquel mundo desaparecido, borrado de la tierra. ¿Hasta qué punto? La escritura de la conquista es densa, jugosa y amplia. Son fuentes frescas del español del siglo XVI  que aprendió Passuth para caminar al lado del ejército de Cortés y adentrarse en ciudades que la imaginación de esa época ni siquiera había concebido.  Se trata de una escritura novelística que trata de asuntos lejanos a las condiciones de su propia historia y sin embargo en el corazón de la prosa magyar, un arte narrativo revelador de las esencias, como tantos maestros, antes de Passuth, lo han manifestado en sus obras.


Las imágenes que veremos en estas proyecciones sobre manuscritos del antiguo México son precisamente ese punto mágico que nos sigue uniendo a los húngaros y los mexicanos. Es admirable la identificación de Passuth con el rito, con la honda,  enigmática y terrible celebración de pueblos que crearon sus primeros objetos de arte hace 14 mil años.
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La explicación del por qué un  nombre húngaro designa a  uno de los más importantes manuscritos mexicanos es que el códice se encontraba en la colección de antigüedades y objetos de arte que poseía el erudito Gabriel Fejérváry (nacido en 1780, muerto en 1851) en Pest. Los expertos no saben cómo llegó el códice a manos de Gabriel Fejérváry, hombre docto, coleccionista e hijo de coleccionista. En 1851 lo heredó a su hijo Ferenc Pulszky (1814-1897) y éste lo vendió cuando vivía exiliado en Londres al anticuario inglés Joseph Mayer (1803-1886), quien daría su apellido también al manuscrito.

Los libros pintados son uno de los productos culturales más originales de Mesoamérica. Fueron creados entre  900 a 1521 de nuestra era. El fraile jesuita Francisco Javier Clavijero en su Historia Antigua de México, dice que los reinos de Mesoamérica estaban inundados de estos libros. Luego de la conquista pocos quedaron, doce o trece, la mayoría fueron consumidos en hogueras. Pero se conocen alrededor de 500 manuscritos ideográficos pictóricos creados después de la conquista.
Estos objetos no son simplemente libros, tampoco son simplemente pinturas. Se trata de una expresión que está relacionada con tradiciones como la adivinación y el chamanismo. El nombre y los atributos iconográficos de las deidades pintadas en las páginas que se proyectarán deben comprenderse  insertas en el ritual. Estos seres son representaciones de un conjunto muy diverso y hay múltiples maneras de agrupar a las entidades sagradas.
¿Por qué me interesó adentrarme en algunas láminas y secuencias de imágenes de los libros pintados o códices de Mesoamérica? Lo primero que me atrajo es su actualidad, pues nosotros hoy transitamos por un estadio histórico que se identifica con la sociedad mesoamericana, donde privaba, como ahora es más evidente en la sociedad contemporánea, el dominio de una visión no alfabética. Y para ilustrar este concepto he adaptado para la pantalla imágenes ideográficas pictóricas, escultóricas y arquitectónicas del mundo mesoamericano. Me interesa entender el espacio y el tiempo de los antiguos dioses de México.
Vivimos un retorno a modalidades de percepción y transmisión de mensajes que caracterizaron a las sociedades arcaicas. La realidad siempre ha sido una experiencia de imágenes y en las sociedades mesoamericanas –como lo distinguió Octavio Paz- las imágenes son signos-imágenes. O sea, están abiertas a nuestra interpretación, o mejor dicho, a nuestra co-habitación.

Sesión inaugural en el Instituto Cervantes, por la embajadora mexicana Isabel Téllez

En efecto, se trata de entrar a la Casa, al Calli…los creadores de estos signos nos invitan, estimulan nuestros sentidos porque están elaborados por grandes imagineros, como llamó a los artistas mesoamericanos el investigador italo-mexicano Gutierre Tibon. Las correspondencias simbólicas son una unidad cultural de lo humano, son cifras complejas y enigmáticas pero si nos adentramos en ellas, con amorosa atención, veremos la claridad de sus mensajes.
En esta primera sesión de tres que tendrán lugar en esta bella sala, vamos a ver en primer lugar una secuencia del Códice Fejérváry-Mayer que describe 26 combinaciones del arte adivinatorio. En esas sociedades en América antigua cada individuo al nacer tenía un número y un símbolo según su día de nacimiento. Son sumas de  los números calendáricos de los jóvenes que se unirían en matrimonio y acudían, para hacer propició su enlace, al Tonalpouque o sacerdote contador de los días.
Luego veremos la adaptación de una página del códice borbónico en animación digital.
Y finalmente Ometéotl que es el Dios de la Dualidad, el señor y la señora Dos donde se describe la estructura geométrica de las divinidades que aparecen como dos pirámides encontradas: una de pie y otra de cabeza: trece cielos y nueve inframundos.

Son varias personalidades las que han hecho posible estos actos de la Universidad Veracruzana en Hungría: la gentil señora Isabel Téllez, embajadora de México en Hungría;  la señora Rosa Sánchez-Cascado Nogales, dinámica directora del Instituto Cervantes de Budapest;   la señora Bea Faith, de asuntos culturales de la embajada de México, un lazo sanguíneo entre nuestros países; la hispanista Edith Muharay, divulgadora en México de la literatura húngara y, en Hungría, de la literatura mexicana. La traductora al español –entre otros autores- de Juan Rulfo, Andrea  Imrei ;  los artistas Judith Horváth y  György Stalter ; las profesoras de la Universidad Católica Peter Pásmány Susana Cerda Montes de Oca y  Doora Bakucz;  la doctora Gabriella Menczel,  directora del Departamento de Lenguas y Literatura Hispánicas de la Universidad ELTE; la doctora  Zsuzssanna Csikós ,directora del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de  Szeged y  el distinguido y amable embajador József  Kosharka siempre atento a las expresiones que unen a Latinoamérica con Hungría.

 

 

Ciclo Literario.