El tercero incluido y la transparencia

Clara Janés


La materia poética es la energía de la unidad cósmica.- Basarab Nicolescu
El amor es una resonancia energética. -Basarab Nicolescu

Lo ignorado robó mi corazón.
Adonis

 

Una niña corre durante la noche y la luna la sigue, improvisa una danza giróvaga mirando los astros, siente una llamada muda y se hace preguntas sobre la diferencia entre el día y la noche. Cerca de la casa hay un monasterio. Las monjas rezan a determinadas horas del día y de la noche. Están encerradas detrás de rejas y de velos, y solo ven el mundo desde un mirador una vez al año. Están entregadas al amor. Esto es lo que hay que hacer, rompiendo las fronteras, piensa la niña. Años más tarde sabrá que se trata de la abolición del tiempo y del espacio. Mucho después el azar siempre cómplice pondrá en sus manos el nº 13 (1993) de Sources, la revista de la Casa de la Poesía de Namour, donde figura una selección de los Teoremas poéticos de Basarab Nicolescu. Lee:

“El amor es una resonancia energética.”
“Ecuación mágica: Ciencia + Amor = Poesía.”
“Captar lo inefable: contradicción en los términos. El acto científico y el acto poético proceden pues de un sola y misma gestión.”
“El encuentro entre la poética y lo cuántico engendra el sentido.”

Basarab Nicolescu es un físico. Por suerte en la misma revista hay un artículo de Michel Camus que nos aproxima a este autor, afirma que él nos  “introduce en los grados de razón que permiten acceder a diferentes niveles de Realidad, una dimensión con frecuencia descuidada, casi siempre ausente en la visión científica, a saber los grados de ser, los grados de conciencia y de experiencia interior./ El mundo visible –continúa– es indisociable de nuestros sentidos, de la prisión de nuestros sentidos, decía Juan de la Cruz el cual se proponía, nos recuerda Basarab Nicolescu, abrir las ventanas en los muros que estos suponían. La física cuántica nos introduce en una dimensión invisible (y con todo experimental) más allá de nuestros sentidos.”
Michel Camus acierta de lleno: se trata de la “importancia de su visión de la transdisciplinariedad que hace de pronto transparente lo que parecía hasta entonces opaco”, dice. Y dice aún: “Basarab Nicolescu abre un nuevo lenguaje al introducir la lógica del tercero secretamente incluido en la lógica clásica aristotélica que obedece al principio de identidad, de no contradicción y del tercero excluido.  Es una revolución absoluta. El principio del tercero secretamente incluido desempeña el papel de símbolo viviente que une las contradicciones, que las abraza y las funde.”
El día como la noche, el universo que convoca al yo, las estrellas que misteriosamente inician un diálogo. “La materia poética es la energía de la unidad cósmica.” Es un medio de conocimiento de lo desconocido a través del espacio. El lleno y el vacío. ¿El vacío? Y Michel Camus se pregunta: “¿Es el vacío genésico? ¿Genera infinidad de vibraciones? Nadie lo sabe. En cualquier caso, para Basarab Nicolescu el vacío está lleno de vibraciones reales o virtuales: es informacional”. Un “vacío cuántico, energético” dice el mismo Basarab.
Los Teoremas de Basarab Nicolescu son llaves para antiguos cofres guardados desde la infancia, cofres con enigmas. Algunos han sido abiertos ya por San Juan de la Cruz, las Upanishad, Zuang Zi, Yalal ud-Din Rumi, Yunus Emré –por no hablar de Heráclito o Pitágoras... Pero esos Teoremas completan la visión. Con San Juana de la Cruz y las Upanishad se llegó hasta el vacío poblado por el amor. Ahora sabemos que el amor es una resonancia, y la resonancia, a su vez, es la vibración de un cuerpo por el efecto del sonido de otro cuerpo. La vibración provocada en mí por en Cántico de San Juan de la Cruz me reveló mi vocación poética. Se trataba de decir sin saber –el lo dice bien: “el saber del no saber”. Como consecuencia, lo que conoces y lo que no conoces queda dicho en las palabras.

Colección Marc Walter

Mi amado las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silvo de los ayres amorosos,
la noche sosegada
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora.

     He aquí esta “música callada” que lo dice todo, y el momento de revelarlo: la aurora. Este momento está lleno de canto para el poeta, pues él es aquel que, como el sol de los antiguos egipcios, hace un viaje nocturno hundiéndose en el mar, para aparecer de nuevo al alba con su palabra.  Por este motivo el místico islámico Hal.Lach nos dice que el alba es una resurrección. Es al alba cuando los pájaros cantan y, además, con su vuelo llenarán la pizarra del cielo con sus ecuaciones. Hay que descifrarlas, como los poemas.
Un poema es también una ecuación de la que en general se conoce el resultado pero nos falta un miembro, o varias etapas. ¿Qué sabemos? Michel Camus hablando de Nicolescu nos dice: “Hay realidades relativas y entre estas realidades está la realidad oculta de la verdad. No es un juego de palabras. La realidad de la verdad nos es accesible mientras que la verdad de la realidad nos es inaccesible.”
Siempre se trata de eso: la búsqueda de una verdad que nos escapa. La lectura de Nicolescu me condujo hacia otras lecturas: Albert Einstein, Ilya Prigogine, Erwin Schrödinger, Charles Sherrington, Werner Heisenberg, Wolfgang Pauli... Hay que encontrar la otra cara de lo que se capta y siente. En Qué es la realidad, del mismo Nicolescu, encuentro un concepto claro de lo que he experimentado siempre, el bootstrap. Leemos en sus páginas: “Según el principio del bootstrap, introducido en física cuántica por Geoffrey Chew, cada partícula es lo que es porque todas las demás partículas existen a su vez. En cierto sentido toda partícula está hecha de todas las demás partículas. No es pues sorprendente que Lupasco [–cuya obra es el motor del libro–] comparta, con la teoría del bootstrap, la idea de que no puede haber constituyentes últimos de la materia.”   
A partir de la lectura de los Teoremas de Nicolescu, mi poesía cambia. Esto se ve en el libro que hice con el escultor Eduardo Chillida, La indetenible quietud. Él quería que yo interpretara su obra. Cuando él leyó mis poemas, se quedó asombrado.”¿Cómo has visto todo esto?”, me preguntó. Le contesté: “Tus esculturas Alrededor del vacío y Espacios sonoros, ¿no nos están hablando del ‘vacío lleno de vibraciones’?” Hay también en sus obras la velocidad de la luz, la relatividad, el límite de lo que es aparentemente ilimitado, la unión de los contrarios... El bootstrap, que está en todas partes, se convirtió en este poema:

Las nubes ceden a estrellas,
las estrellas forman fuegos,
los fuegos incendian nubes
y por los espacios giran
discos y planos y esferas
en espirales ascensos,
desapariciones súbitas,
caídas y retrocesos,
sonámbulas simetrías,
urentes círculos tensos
por un radio indetenible.
Los fuegos incendian nubes,
las nubes ceden a estrellas,
las estrellas forman fuegos.

                 Ya hemos llegado: es el dios Shiva bailando, personificación del dinamismo del universo, con el tambor que simboliza la palabra creadora en una de sus manos derechas y el fuego de la destrucción en una de sus manos izquierdas. Es el ciclo permanente: vida, muerte y de nuevo vida. Basarab Nicolescu se pregunta, al hablar del tercero incluido: “La dualidad vida-muerte, ¿está en el origen del pensamiento binario?”. Pero a la vez habla de un intermediario: el espíritu o el alma. Y se trata de una cuestión que preocupa a los físicos, por ejemplo a Pauli o a Schrödinger. Este último introduce el tema en su conferencia en el Círculo Eranos de Carl Gustav Jung, El espíritu de la ciencia, donde nos remite al Vedanta-sutra de Sankara y nos indica que para los grandes filósofos hindúes el “yo consiste en pensamiento”, pero que él mismo prefiere decir que consiste en “espíritu”. Y añade: “todo conocimiento se une al espíritu, o, dicho con más propiedad,  existe en él, y esta es la única razón de nuestro interés por todo campo de conocimiento.”

España/ Anónimo

No me sorprende que este autor haya dejado tal cantidad de notas sobre el Vedanta (inéditas y casi ilegibles, pues utilizó, según confiesa, el ‘alemán alemán’ –la letra gótica, interpreto yo–) y que se apasionara por este tema. Descubrió en estos textos la expresión “conocer es ser”, descubrió el Brāhman que es el Uno y un “estado de ser”, llamado también saccidânanda (ser-conciencia-felicidad); descubrió la sat’kâryavâda, es decir la posibilidad de que el efecto preceda a la causa, la adhyâsa y la apavâda, es decir, la superposición. Y necesariamente, en la Brihadaranyaka Upanishad, leyó: “Quién son los tres dioses? Son los tres mundos pues en ellos se hallan los dioses (le respondieron). Y ¿quién son los dioses? La materia y la energía vital. ¿Quién es el dios y medio? El aire que sopla [....] Y ¿quién es el único dios? La energía vital.”
Schrödinger no habla en sus obras de bootstrap, pero en cambio habla de la letra griega ψ, la que simboliza el movimiento que acompaña al electrón, la función de onda, y formula la ecuación de ondas. Es decir, a su modo nos habla de la interconexión.
Hace tres años quise explicarme por qué ese mundo de la ciencia es para mí tan vivo, y tuve que remontarme a mi origen poético, a San Juan de la Cruz. Encontré que hay por lo menos tres puntos estudiados por la física que desembocan en temas fundamentales de la mística: un nivel fuera del tiempo, la unicidad y “el saber del no saber”. El primero nos llega con la teoría de la relatividad, el segundo con la función de onda, el tercero con el principio de incertidumbre. Incluso Einstein, que desconfiaba de la física cuántica, propuso con sus colegas Boris Podolsky y Nathan Rosen el experimento EPR y encontró que en la mecánica cuántica las perturbaciones dadas en un punto de origen pueden afectar instantáneamente diversas partes del universo. Lo llamó “una espeluznante acción a distancia”.
Por mi parte he experimentado varias veces “una espeluznante acción a distancia”. La última y más misteriosa sucedió así: en cuatro días y medio, en un estado como de posesión de un espíritu, escribí un libro del que no sabía nada. El cuarto día pedí a los versos que me hablaran de ese espíritu. El título del libro era claro, la letra griega ψ. Pero, ¿cómo habían podido llegar hasta mí más de 600 versos? Cuando acabé lo entendí: todo aquello estaba en mí y yo no lo sabía. Esta vez fue Wolfgang Pauli quien vino en mi auxilio. En una carta escrita a Carl Gustav Jung el 27 de febrero de 1953, donde establece la equivalencia entre física cuántica y psicología, dice: “no debemos olvidar que el inconsciente es nuestro signo simbólico para las posibilidades del acontecer en la conciencia, y esto no se diferencia substancialmente de ψ.”
“Lo ignorado robó mi corazón”, dice Adonis. Es así, no podemos resistir la llamada de lo desconocido. ¿Dónde se encuentra lo desconocido? ¿Y cómo llegar a ello? San Agustín dice: “per visibilia ad invisibilia”.  Muchos siglos antes, hallamos en la Chandogya Upanishad: “Esta luz que brilla más allá del cielo, por encima del dorso de toda cosa, en los más altos mundos, por encima de los cuales no existen otros mundos, esta luz es, ciertamente, la luz que existe en el interior del hombre.” Se trata del espacio interior-exterior, es el corazón “dentro del cual se encuentra el cielo y la tierra, el fuego y el viento, el sol y la luna, el relámpago y las estrellas”. Ibn Arabí, en el siglo XII, remite también al corazón como el lugar del conocimiento, donde lo invisible se hace visible. Henry Corbin, a propósito de él, nos habla de la imaginación creadora, que todo lo transforma en “imágenes-símbolos” (mithal), es un istmo, el mundus imaginalis donde se puede ver todo como en un espejo de agua. Para este místico de Murcia, el corazón es el lugar de la transparencia y su vehículo expresivo es la poesía. Como bien dice Basarab Nicolescu, en ¿Qué es la realidad?, “la zona de transparencia corresponde a lo sagrado”. 
No voy a hablar del símbolo, de lo cual han hablado tanto el mismo Nicolescu, Pauli y Heisenberg, entre muchos otros. Albert Einstein, en una carta a Michele Besso, escribe: “... podemos decir: el camino de lo particular a lo general es intuitivo, el que conduce de lo general a lo particular es un camino lógico”. A su vez Werner Heisenberg, en su magnífico libro Filosofía. El manuscrito 1942, subraya: “Solo el pensamiento intuitivo puede franquear el abismo que existe entre el sistema de conceptos ya conocidos y el sistema de conceptos nuevos, la deducción formal no puede lanzar un puente sobre este abismo.” Sin duda su principio de incertidumbre lo empuja a preguntarse si es posible expresar algo con un lenguaje determinado. Pero prosigue: “Como regla general, el campo de aplicación de una palabra no ha dado una demarcación exacta. Pero la indeterminación del lenguaje tiene también otras causas más importantes. Hay que destacar primero aquí que el significado de una palabra puede depender ampliamente de la conexión en la que ha sido empleada. Mirando las cosas con mayor precisión, se ve que no hay en ningún sitio conceptos aislados ni palabras coordenadas a ellos y partiendo de las cuales un pensamiento pudiera ser construido en una frase como partiendo de ladrillos de construcción individuales.” He aquí aún el bootstrap. Se diría que este físico conoce la poética de Vladimír Holan, el cual insiste en la tensión oculta e interna de las palabras.
Heisenberg llega a la conclusión: “La poesía se da, por decirlo así, en el lugar donde los extremos se unen: por un lado el pensamiento puro del contenido, que emplea con todo provecho el carácter vivo de las palabras, y por otro el encadenamiento de los conceptos en un esquema matemático riguroso.”
Y para concluir, una vez más, un Teorema de Basarab Nicolescu:

“La palabra viva: relámpago cruzando en un solo instante todos los niveles de Realidad.”

 

 

Ciclo Literario.