Dos poemas de Budapest

Araceli Mancilla


Para Andrea Imrei

 

Crescencia

Salgo del agua que brota de la fuente a 74 grados de temperatura.

Mi desnudez espanta a un grupo de ancianos; asan

liebres bajo la luna. Soy tan alta que advierten mi presencia

desde la isla Margarita. Atravieso la llanura. Un olor a amapolas

despierta la oscuridad del campo. Me coloco  detrás de mi

conde Széchenyi. Él medita a la orilla del río sentado sobre su

abrigo de martas cibelinas. Mira hacia Pest. Desearía estar ahí

desde hace una semana. Las cadenas del puente que le abrirá el

paso hacia su destino serán también las de sus lágrimas. Voltea

a verme y me observa satisfecho: represento bien su deseo.

Dos de sus guardias me levantan. Hace un siglo ocupo en el

balneario este sitio de honor.

 

Gül Baba

En su rosedal daba ocho giros Gül Baba: por la paz, la bondad, el

silencio, la oración el canto, la risa, la calma y la verdad. Desde

la rama, el cuervo, su amigo, lo observaba: un día posado en

el granado; otro, en la parra. Y Gül Baba cada tarde la misma

petición hacía entre las rosas al terminar su danza:

 “joya preciosa, verdad mía: descansa”.

Gül Baba

 

 

Ciclo Literario.