La literatura iberoamericana en Hungría

xx


Tres destacados traductores de literatura iberoamericana al húngaro, András Gulyás, Andrea Imrei y András Simor se reunieron en el mes de septiembre en el Centro Millenáris de Budapest, con motivo del Festival de Lenguas 2014 que organizó la Comunidad Iberoamericana en Hungría. Esta mesa redonda fue el primer acto de una serie que inauguró la embajadora mexicana Isabel Téllez con la presencia del embajador español José Ángel López Lorrin y la directora del Instituto Cervantes Rosa Sánchez-Cascado Nogales, entre otros funcionarios de gobiernos iberoamericanos. Publicamos algunos aspectos de sus intervenciones.

 

András Gulyás

Los húngaros sentimos como nuestra la literatura latinoamericana, pues con ella nos reconocemos en una vida totalmente diferente.  Si alguien baja por una canoa en el Amazonas te da la sensación o te permite vivir la experiencia de otro. Alejo Carpentier, en un prólogo de 1948 al Reino de este mundo  ––libro que Mario Vargas Llosa califica como quizás la obra más acabada que se haya escrito en español en el siglo XX –– ya hablaba de eso, al decir cómo le fascinó la historia de Haití, su idiosincrasia,  los uniformes de húsares de los soldados, las consignas en latín y toda esa absurda mezcla que Carpentier explica que no es un mezcla, no es absurda; nuestra realidad es así. Y si en la fachada de un templo en la orquesta de los ángeles aparece alguno tocando las maracas eso es natural porque el escultor, el indio quizás, no podía imaginar una orquesta, aunque sea del mismo cielo, sin ese instrumento. Esos elementos que se ven juntos son parte de esa nueva originalidad que tanto aportó a la cultura. Y yo, a veces, cuando leo literatura húngara o de Lituania, me digo: Esto es Cien años de soledad de Hungría, de Transilvania; ya ese concepto, el realismo mágico, es parte de nuestro patrimonio.
Contaré una experiencia de mi traducción de El recurso del método de Alejo Carpentier, una obra de mucha erudición, con cantidad de referencias a mitos indios, de medicina medieval y un lenguaje poético también fascinante. Luchamos mucho con el texto. Había como ocho o siete pasajes, frases y expresiones que no conseguíamos descifrar. Tomé entonces una decisión en un viaje oficial que tenía a la UNESCO en París y solicité un encuentro con don Alejo Carpentier, consejero cultural de la Embajada de Cuba. Me recibió con una voz ronca, con un tabaco de metro y medio:
– Chico, yo te voy a ayudar.
– Bueno, don Alejo, mire, tengo estos problemas...
– A ver, te ayudo, te ayudo, no te preocupes.
Se puso a leer.
– Chico, es un texto fantástico, tenía que ser yo el que lo escribió. Pero no sé lo que quiere decir.
– Así que, don alejo, ¿me da permiso para interpretarlo?
– Claro, chico, tienes todo mi permiso.

La embajadora de México Isabel Téllez inaugura el Festival de Lenguas 2014. La acompañan de izquierda a derecha, la traductora Andrea Imrei, la coordinadora del evento Isolina Ugarte Quiroz, el diplomático y traductor András Gulyás y el poeta y traductor András Simor.

Andrea Imrei

En el trabajo de la traducción literaria lo más interesante para mí no se da tanto en la diferencia entre nuestras culturas, sino más bien en la semejanza porque pienso que al fin y al cabo nos parecemos en muchas cosas, sobre todo ahora, en el siglo XXI, ya que la globalización nos ha acercado y nos ha uniformizado mucho. Hoy en día ya con razón se podría decir que el mundo es un pañuelo.  Por ejemplo, creo que no es casual que sea una editorial de Transilvania la que ahora edita las obras de Juan Rulfo, puesto que esta parte de Rumanía –que antes de la Primera Guerra Mundial pertenecía a Hungría y actualmente también una buena parte de la población es de origen húngaro– es una región muy tradicional y bastante pobre. Así no resulta tan sorprendente que sientan a Rulfo tan cerca de sí mismos y quieran publicarlo.
 Observando las obras de las generaciones jóvenes de la literatura latinoamericana podemos afirmar que nuestras preocupaciones, problemas, nuestro modo de pensar y también nuestra situación en el mundo son similares en muchos aspectos, y creo que este fenómeno en el futuro tampoco va a disminuir, al contrario, se refuerza cada vez más. Asimismo debemos considerar que la población de América Latina se ha formado en buena parte de inmigrantes europeos. Los latinoamericanos siempre han sido más europeos que la población de otros continentes, de Asia o África. Y esta característica se nota en muchos aspectos. Por otra parte, la gran mayoría de las obras de la literatura latinoamericana del siglo XX se creó en Europa porque muchos escritores vivieron y escribieron aquí. Esta situación sigue siendo vigente aún en la actualidad: también en nuestros días prestigiosos autores latinoamericanos viven y trabajan en Europa. Además, se han integrado en las corrientes literarias contemporáneas. Creo que merece la pena fijarnos en la literatura latinoamericana. Desde una visión europeísta se puede considerar América Latina una zona marginal, pero ésta es una visión falsa. Sigue siendo muy importante conocer la cultura y la literatura del continente, antes que nada porque es una literatura de calidad.
 Una experiencia memorable en mi carrera de traductora fue traducir la novela de Julio Cortázar 62 Modelo para armar en la queel autor utiliza un lenguaje, llamado glíglico, inventado por él, que ya había aparecido antes en Rayuela donde es Oliveira quien lo habla con la Maga, su amor. Es un lenguaje muy difícil de traducir porque en la realidad no existen las palabras que utiliza, son vocablos que suenan como si fueran en español, pero no tienen ningún significado. Sin embargo, a partir del contexto, de la atmósfera, de la melodía que emanan, a partir de su semejanza con otros vocablos existentes, sí se forma un significado aunque no se pueda determinarlo exactamente. En Rayuela, por ejemplo, Cortázar describe en este lenguaje una escena de amor, y a pesar de que no entendemos ni una sola palabra, comprendemos perfectamente todos los detalles de lo que está pasando. En 62 Modelo para armar dos amigos argentinos tienen en este idioma imaginario una discusión violenta que me resultó muy difícil de reproducir en húngaro de modo que el lenguaje funcione de la misma manera que en el español. Este juego verbal me enfrentó con una de las tareas más difíciles de solucionar.
 Otro caso es, quizás, la traducción de los cuentos del Llano en llamas de Juan Rulfo que acabo de terminar. Debo confesar que ha sido una de las traducciones más complicadas que he hecho en mi vida, más que la de Pedro Páramo porque, como se sabe, estos cuentos son anteriores a la novela, y creo que el lenguaje de Rulfo se depuró bastante en Pedro Páramo. En los cuentos aún utiliza un lenguaje con muchísimos arcaísmos, una lengua dialectal, muy característica de Jalisco. He tenido que consultar varias veces con un chico de esta región que vive aquí, en Budapest, y en ciertos casos podía ayudarme pero en otros no, pues los mismos mexicanos tampoco entienden ya estas expresiones antiguas. Pero voy a decir un ejemplo en el que sí me brindó una ayuda importante. En el cuento Llano en llamas hay un personaje a quien le han dado el apodo “La perra”, aunque es un hombre, incluso un hombre cruel, un revolucionario de la Guerra Cristera que tuvo lugar en México en los años veinte. Como se trata de un apodo, según las reglas de la traducción literaria hay que traducirlo, pero es casi imposible porque la palabra húngara szuka –la hembra del perro– en húngaro tiene una connotación muy diferente, pues en Hungría no puede ser empleada en el caso de un hombre, además su significado es prostituta. Cuando pregunté a este chico mexicano, me dijo que en México, en Jalisco, sí se usa también para hombres, y designa precisamente a una persona cruel.  Este cuento fue traducido también en los años setenta, y entonces el traductor, buscando una solución neutral, utilizó la palabra kutya (perro en húngaro), que sin embargo, carece de este matiz. Yo al final opté por la solución véreb (perro sangriento).

András Simor

Realicé algunas antologías de nuestra poesía al español (Sándor Petőfi, Attiléa József, Miklós Radnóti) pero tengo que decir que uno solamente puede traducir poesía a su propio idioma. Entonces en estos casos he hecho traducciones en bruto para poetas cubanos y españoles, quienes a su vez escribieron versiones y después yo las discutí con ellos. Es interesante ver que el trasfondo histórico del traductor también entra algunas veces en las versiones. Doy un ejemplo. El Poeta cubano Fayad Jamis, quien hizo las versiones de Attila József y publicó un libro magnifico de su poesía en español, en el poema Marzo escribe dos versos que tradujo así:

El hombre es mercenario, la mujer prostituta
Entre sus corazones y el mío no habrá diálogo

Del original de Attila József  yo traduzco el segundo verso, en traducción en bruto al español, así:

 No puedo alcanzarles el corazón

El poeta cubano transmitía en su versión un fervor revolucionario característico de Cuba en ese momento. Recuerdo que una vez, cuando discutí con Fayad sobre ese verso y le expliqué que el original expresa todo el dolor de Attila al decir “no puedo alcanzarles el corazón”, su respuesta fue “Attila tuvo razón, pero la razón del traductor también es válida en este caso”. Fue interesante ver cómo entró en la versión el trasfondo histórico de otro país. Hablando de los problemas de la traducción quiero decir que hay casos en los que al traductor realmente le ayuda su propia tradición. Es decir,  recurre a la tradición de su poesía para traducir un poema del español. Voy a dar el ejemplo de Alonso de Ercilla, quien muchas veces escribía con realismo grotesco los momentos de la muerte:

Y con venganza tal no satisfecho
del caso desastrado del hermano
antes con nueva rabia mas despecho
hiere de tal manera a Diego Cano
que la barba inclinada sobre el pecho
se le cayó la rienda de la mano
y sin ningún sentido casi frío
el caballo lo lleva a su albedrío.

Para traducir esta nota me ayudó mucho un poeta nuestro del siglo XVII (Miklós Zrínyi), cuyos versos no los puedo decir en español sino solamente en húngaro, quien también describe los momentos de la muerte con un realismo muy grotesco.

Kegyetlen szablyával mellyét ketté vágá,
Az eleven szüve benne mozog vala...

si traduzco al español dice que con una espada feroz cortó el pecho y su corazón vivo sigue latiendo.

 

 

Ciclo Literario.