Repensar el mundo con Iván Illich



Gustavo Esteva rememoró su relación con Iván Illich e hizo una rápida y esclarecedora semblanza del autor alemán, quien vivió varios años en México. Su plática tuvo lugar en febrero del presente año 2014 en el librespacio cultural La Jícara de Oaxaca, y fue con motivo de la presentación del libro Repensar el mundo con Iván Illich (2012), compilación de ensayos coordinada por el propio Esteva a diez años de la muerte del pensador. Esta publicación se debe al Taller editorial La casa del mago y participaron en ella Wendell Berry, Tom Pruiksma, José María Sbert, Eugene Burkhart, Arturo Escobar, Grimaldo Rengifo, Ramón Vera Herrera, Jorge Ishishawa, Aldo Zanchetta, Martina Kaller-Dietrich, Jean Robert, Teodor Shanin, Sylvia Marcos y el colectivo El Rebozo.

Repensar el mundo con Iván Illich
reune a personalidades que señalan la importancia y la trascendencia del brillante sacerdote católico, quien sometió a una crítica lúcida, rigurosa y amable a todas las instituciones modernas: la iglesia, la clínica, la escuela, entre otras, según el tema de sus escritos. Con este libro Esteva hace un emotivo homenaje a su legado radical.

Para hablar de Iván Illich tengo que hablar irremediablemente de una historia personal. En los años sesenta ––como todos de alguna manera sabemos aunque pocos de los que estamos aquí podemos recordarlo como una experiencia vivida–– aconteció una gran revolución cultural; no eran sólo los jipis sino un intento muy serio, muy a fondo, de cambiar el mundo. En este contexto fue cuando Iván Illich empezó a escribir sus obras y se hizo rápidamente de una inmensa fama.
A finales de los sesenta y principios de los setenta Illich creó en Cuernavaca el Centro Intercultural de Documentación (CIDOC) y realmente era un foco de atracción mundial. Si uno ve la lista de quienes estuvieron en CIDOC se percata de que todos los grandes pensadores del final del siglo XX estuvieron allí platicando con él y nosotros, en México, a 60 kilómetros de donde estaba Iván, no nos interesamos ni en leerlo ni en ir a visitarlo.
Para nosotros, concretamente la izquierda marxista, Illich no era más que un cura reaccionario. Nos decíamos: sí, está escribiendo de la educación o de la salud pero en esta sociedad capitalista la educación y la salud son una porquería. Cuando tengamos la nueva sociedad, vamos a construir; cuando triunfemos, vamos a tener una buena educación y una buena salud. No tiene sentido leer los asuntos de este cura. Y realmente no nos interesamos, no lo leímos.

Iván Illich festeja su primer cumpleaños
en Cuernavaca, Morelos.

Sin duda es motivo de preocupación el daño que causa el hecho de que los marxistas no leen a Illich y los ilichianos no leen a Marx, cuando es la culminación de estos dos pensadores lo que puede darnos las claves para entender lo que está pasando en el mundo hoy; sobre todo, para poder transformarlo.
Creo que es posible demostrar que toda la obra de Illich se basó en Marx. No quiere decir que él era un marxista como tampoco Marx era un marxista, porque Marx lo declaró estrictamente: no se sigue dogmáticamente un pensamiento.
Illich empieza su trabajo con una lectura muy sólida, muy especial de Marx. Hay un documento de 1971 donde expresa las hipótesis que manejará en los estudios de los siguientes años y es una hipótesis basada en Marx con un elemento que quisiera subrayar: Illich logró anticipar la dirección del pensamiento de Marx que conocimos cuando Theodor  Shanin publicó El Marx tardío y la vía rusa en 1982.
Antes Illich tuvo acceso a algunos documentos que le permitieron anticipar adónde iba Marx, en dónde estaba al final de su vida y lo que podemos decir es que, en un sentido muy preciso, lo que hizo Illich fue, basándose en Marx, continuar su pensamiento.
En los años setenta para nosotros en la izquierda marxista Illich no era de ninguna relevancia, no lo leímos, no supimos realmente quién era.
En 1983 alguien me invitó a un seminario que tendría lugar en un sitio muy prominente y con gente muy importante, con personas que me interesaban y resulta que allí estaba Iván Illich. Fue esta la primera vez que me topé con él. Y me fascinó desde ese mismo instante. Un amigo de él y también amigo mío nos invitó a cenar esa noche, continuamos la conversación y al día siguiente me puse a leer como loco todo lo que pude encontrar; nos hicimos amigos y colaboré con él hasta su muerte en 2002.
¿Qué fue lo que me fascinó de Iván desde esa noche? Debo decir que el contexto en que yo estaba a principios de los años ochenta consistía en ir trabajando en comunidades, particularmente en comunidades indias, feliz de lo que estaba yo haciendo pero incapaz de entender lo que mis ojos veían, lo que mi cuerpo sentía. Pensé durante algún tiempo que no sabía yo suficiente, que habría tenido que estudiar más antropología, más ciencia política, más economía; y entre más estudiaba menos entendía, estaba yo en una especie de confusión, quitándome los lentes del desarrollo en que había sido educado, tratando de usar mis propios ojos, cuando me topé con Iván, y lo que encontré en su persona y obra fue “el discurso de la gente”, las categorías básicas de Iván Illich como “convivialidad” o “vernáculo”, que eran palabras que yo había oído en los barrios y en los pueblos,  palabras de uso común, no de la academia. Ciertas categorías básicas de Iván expresaban lo que la gente estaba pensando, sintiendo y haciendo.
Un día Iván explicó que un profeta no es una persona que tiene una bola de cristal que le permite adivinar qué va a pasar en el futuro sino que es una persona que logra ver con profundidad el presente y descubrir las tendencias y entonces anticipar lo que va a ocurrir. Illich era clarísimamente un profeta, él logra ver a principios de los años setenta qué va a pasar con las instituciones dominantes, qué va a pasar en el mundo, cuáles son las crisis que se vienen y anticipa también, y esto es lo que más me interesó a mí, lo que la gente va a hacer en el momento en que las instituciones empiecen a caer una tras otra.

¿Aprender o educar?

Fotografía
Bernd y Hilla Becher/1997

Sobre el primer libro que le dio fama a Iván, La descolarización de la sociedad  ––título que es en realidad un equívoco, que le puso el editor, no Iván, quien se vio obligado a escribir de inmediato un artículo en el que aclara que él no estaba hablando de eso––, Illich dijo:  Yo no quiero destruir una cosa que se llama escuela que quizá va a existir por mucho tiempo y que no es por sí misma el problema; yo quiero hacer con la escuela algo como lo que se hizo con la Iglesia, aquello de separar la Iglesia del Estado, eso debe hacerse también hoy con la escuela.

Lo que Illich revela en aquel momento y que produce un inmenso escándalo, hoy es una constatación cotidiana en el mundo entero. En los años noventa se hablaba de la crisis de la educación como hoy se habla de la crisis financiera. En todos los países del mundo se crearon comisiones especiales para analizar qué pasaba con el sistema educativo; hubo un reconocimiento explícito de que éste no estaba cumpliendo su función en sus propios términos, que no estaba preparando a la gente para la vida y para el trabajo, que pregonaba igualdad y producía exactamente lo contrario; la educación, se decía, permitirá que todos seamos iguales porque todos nos habremos preparado igual y todos tendremos igualdad de oportunidades. El sistema educativo está haciendo exactamente lo contrario. Según UNESCO sesenta por ciento de los niños que hoy ingresen a primer año de primaria no podrán llegar nunca al nivel que en sus países se considera educación obligatoria. Nueve años en México, diez años en Estados Unidos y así en otros países. Y si no se tiene ese certificado, ese diploma fundamental de la educación primaria y secundaria, el individuo será discriminado toda su vida porque es un papel básico para circular como ciudadano legítimo en la sociedad contemporánea. Lo que hace el sistema educativo es discriminar y crear dos clases de personas: los capitalistas del conocimiento y los descalificados, los supeditados o ineducados.

Fotografía
Francisco Mata Rosas/1990


En los últimos años es enteramente evidente que aquellos que recorrieron todos los escalones de la escalera educativa, que llegaron hasta el final, que tienen un doctorado o una maestría tampoco están consiguiendo trabajo. Las cifras son en realidad espeluznantes.  Estudios de la UNAM y de la SEP indican que solamente 8 por ciento de todos los graduados de todas las universidades mexicanas va a poder encontrar empleo en aquello que está buscando. Y en Estados Unidos, que se supone que presume en tener el mejor sistema educativo del mundo, la cifra no es tan baja pero es importante, sólo el 28 por ciento lo logrará. Todo esto lo dijo Iván en 1971. Él veía lo que estaba ocurriendo con el sistema educativo; un sistema que no estaba cumpliendo su función, que no estaba preparando a la gente ni para la vida ni para el trabajo. Con el estudio de la educación y con el estudio de la salud preparó Iván una de sus categorías fundamentales, lo que él llamó la contra-productividad. Dijo  que todas las instituciones modernas producen lo contrario de lo que pretenden. La escuela produce ignorancia,  el sistema de salud enferma,  el sistema de transporte paraliza,  el sistema de gobierno desgobierna. Estaba describiendo la situación que en este momento se convierte en una especie de lugar común, de alguna manera todos sabemos qué cosa es lo que está pasando. Está conciencia no significa que sabemos qué hacer.
Dijo Iván en algún momento, que ha surgido una nueva plaga: la de los reformadores del sistema; en el caso de la educación, los reformadores pueden clasificarse en tres tipos: el primero es el de aquellos que quieren reformar el salón y afirman que el problema está en que no tenemos un buen salón de clases, necesitamos mejores profesores, mejores instrumentos de trabajo, mejores computadoras, mejores condiciones físicas en el salón, mayor compromiso de los padres con la escuela. Todas esas cosas. El segundo tipo de reformadores asegura que lo que necesitamos es un salón de clases libre, que no sea una burocracia la que decida el curriculum ni cómo vamos a enseñar, sino que sólo los padres y las comunidades puedan decidir cómo se van a educar sus hijos. El tercer tipo de reformadores pretende convertir la sociedad entera en un salón de clases utilizando los nuevos elementos de la tecnología, televisión, internet. Todos los reformadores pelean en lo que hay que hacer, en cuanto al tipo de reforma que hace falta, pero todos están de acuerdo en una cosa: quieren seguir convenciendo a la gente que la única manera de aprender es aprender en la escuela o en internet y lo que se aprende afuera de estas instituciones no tiene valor ni sentido, no es importante y esto es exactamente lo que Iván anticipó, lo que señaló con toda claridad, que es lo que había que resistir. Proponía que tratáramos de pensar en aprender, más que en ser educados.

La medicina, serio problema de salud

La primera frase del libro Némesis Médica, que se hizo rápidamente famoso y provocó de nuevo un inmenso escándalo, decía: La medicina institucional se ha convertido en un serio problema de salud. Iván no estaba revelando allí una nueva investigación, estaba dando una nueva lectura a la investigación que ya se tenía entonces, 1973, sobre la situación de la medicina. Ya había entonces datos suficientes para saber que el sistema médico estaba causando enfermedades. Quiero contar una experiencia que ocurrió años después en Los Ángeles y me tocó presenciar. Illich tenía algo que muchos pueden considerar arrogancia pero que era un reconocimiento de los hechos. Hubo una inmensa conferencia sobre salud, estaba la industria de la salud, los hospitales, los médicos, la industria de seguros,  todo mundo estaba en ese lugar y claro, uno de los oradores principales sería don Iván Illich, con toda su fama.
Muchos allí se decían uno al otro con mucho entusiasmo y nervios: Este hombre cambió mi vida, a partir de que leí Némesis médica yo empecé a usar la medicina naturista o la acupuntura, la macrobiótica y una serie de remedios alternativos, decidí abandonar el camino de la medicina institucional. Entonces apareció Iván. Dijo tranquilamente: Para esta conferencia, para estar con ustedes, leí por primera vez el libro que escribí hace algunos años y me sentí obligado también a leer los 86 libros que se han escrito sobre mi libro y reconozco que no pude leer pero le eché un ojo a los 87,324 artículos que se han escrito sobre mi libro. Llegué a dos conclusiones: la primera es que hay cosas de las que escribí que no pueden escribirse mejor, que es exactamente la manera en que hay que decir las cosas, y segundo que fracasé como autor porque no se entendió mi argumento, porque ahora pienso  ––y a la gente que estaba en el salón se le pusieron los pelos parados de punta (no a mí porque no se puede)–– que las medicinas alternativas pueden hacer más daño que la medicina institucional, porque están provocando que penetre más profundamente y se enraíce lo que es el verdadero agente patógeno, que es la búsqueda de la salud, esa búsqueda enfermiza de la salud a través de una serie de procedimientos diversos. Y echó todo su discurso para mostrar que es la noción misma de la salud y la noción de nuestro cuerpo el principal factor, lo que necesitamos cambiar. Lo que dijo desde el principio y que no mucha gente logró ver en su libro, fue cómo hay algo fundamentalmente contra-productivo en nuestras ideas sobre la salud, en la concepción de lo que es sanar y curar.

Fotografía
Colin Jones

Illich trabajó durante varios años en la contra-productividad de las instituciones, analizó varias de ellas para mostrar en cada caso cómo se manifiesta esta contra-productividad y  anticipó cómo van a  caer estas instituciones, cómo van a dejar de tener sentido y cómo la gente va a reaccionar.
Es muy impresionante leer en 2014 a Iván porque uno de pronto no sólo encuentra una descripción de lo que está pasando ahora, sino que lo que él dice, y entonces era motivo de escándalo, hoy es casi un lugar común,  una realidad que se constata.
Hay una descripción puntual, precisa, de internet, a veinte años de que se invente. Anticipa que hacia allá va la tecnología y lo que ahora llamamos la red; lo que significa y el efecto que va a tener en nuestras vidas, en nuestras formas de pensar, sobre nuestras formas de vivir.

Del régimen del género al del sexo

Quiero comentar otro aspecto que me parece enormemente importante. Para gran disgusto de muchas feministas, para enojo serio, fuerte con Iván, este publica en 1982 su libro El género vernáculo. La primera frase del libro dice: Lo que otros llaman la transición del modo capitalista de producción, yo la describo en este libro como la transición del reino del género al régimen del sexo. Y en seguida dice: La transformación más profunda que ha operado el capitalismo es la destrucción del género. Lo que hace Iván en este libro prodigioso, que desde mi punto de vista es el mejor libro de teoría económica que se ha escrito, es mostrar cómo la creación de la sociedad económica, de la sociedad capitalista, es un tipo de creación que al destruir el género produce una situación insoportable de discriminación sobre la mujer y de opresión para la mujer. Lo que enojó mucho a las feministas fue una afirmación tajante de Iván: En esta sociedad no hay ninguna posibilidad de que las mujeres encuentren la liberación, van a ser irremediablemente el segundo sexo. Dentro de este contexto, dentro de esta sociedad económica Illich no ve realmente esperanzas para la mujer. Lo que estaba diciendo era que las mujeres que estuvieran interesadas en liberarse de la opresión, de liberarse de la discriminación que padecían, tenían que pensar seriamente en cambiar esta sociedad; estaba diciendo que hacerle a la sociedad ciertos ajustes, que luchar por la igualación y se les dieran los mismos tratamientos a las mujeres no sólo no iba a resolver su problema de discriminación sino lo iba a agravar, y como ahora sabemos, cien años después de que empezaron las luchas feministas, las mujeres siguen siendo ferozmente discriminadas, siguen ganando menos por el mismo tipo de trabajo, siguen teniendo menos oportunidades en todas las cosas de la sociedad. Iván les está diciendo a las feministas: Ese tipo de lucha que estás planteando no tiene el mayor sentido; y él propone otro tipo de lucha, otro tipo de encaminamiento.
Anticipa lo que hoy está ocurriendo cuando las mujeres están tomando el liderazgo del cambio social, cuando estamos viviendo un momento que podemos empezar a llamar como la feminización de la política, cuando las mujeres asumen este liderazgo no es porque compitieron y ganaron frente a los hombres, sino porque están haciendo algo radicalmente diferente, y esas mujeres que asumen ese liderazgo del cambio están realmente empezando a construir una nueva sociedad.

Una de las últimas profecías de Iván, aproximadamente dos meses antes de morir en 2002, fue: Tengo la sospecha de que en aproximadamente unos diez o quince años me voy a poner de nuevo de moda. Y esto es exactamente lo que está pasando, el mundo está volviendo a publicar sus obras en español, en inglés, en francés, en alemán, en italiano; sus obras completas. Empieza a haber círculos de difusión de sus ideas. Espero que en Oaxaca pronto estemos también en una gran actividad de difusión de su obra y pensamiento.

 

 

Ciclo Literario.