La administración de la muerte

Christian Duverger*


 

Así se libera –como un niño que nace- la fuerza
espiritual, que procede de la muerte.
El Templo de Cihuacoatl*

Adrían Unzueta/ 1898

El problema que tenemos con las civilizaciones de la América prehispánica es la existencia del sacrificio. Cuando les explicaba a mis colegas de La Sorbona que me dedicaba a estudiar a los aztecas, había un rechazo inmediato porque, en la visión que teníamos de esas culturas, el sacrificio humano aparecía como la culminación de la barbarie. Entonces decidí dedicarme al problema no para negarlo sino para entenderlo, pues el sacrificio humano es una constante en cada civilización. En algunas, como en México, se derrama propiamente la sangre; en otras el derramamiento es simbólico, como en la religión cristiana. Traté de explicar por qué se hacían sacrificios en el mundo mesoamericano: se hacían por razones digamos que energéticas.
La idea es que cada individuo nace con una energía –en nahua se dice tonalli, dela raíz tona, que significa “calor”, pero finalmente la palabra moderna sería “energía”. Y este tonalli es una especie de propiedad personal, la energía vital que está en el tonalli de cada mexicano de la época prehispánica. Pero ese tonalli sobra y está en relación con la necesidad de la vida: cuando uno muere de muerte natural subsiste un residuo energético. Tenemos una descripción de lo que ocurre con este residuo y hay que entenderlo a través de la peregrinación del tonalli, del “alma” podríamos traducir. La peregrinación del alma del muerto duraba cuatro años: es una cifra simbólica, una especie de regreso al punto cero, el punto de inicio no sólo de la vida individual sino de la vida del grupo, de los hombres en colectividad. Y en el caso de la muerte natural, se trata de un desperdicio de esa energía porque no sirve para nada, sino para rehacer este camino migratorio post mortem. Y la idea del sacrificio es que si se administra la muerte, si se controla la muerte, si se da la muerte de manera sacrificial, religiosa, y se le orquesta con una puesta en escena, se recupera la energía vital de un individuo para la colectividad. Esa es la idea del sacrificio. Y finalmente tenemos las explicaciones en los textos míticos, las descripciones de las fiestas donde siempre aparece la recuperación de la energía.
La administración de la muerte es entonces importantísima para los aztecas y para los demás pueblos de Mesoamérica: organiza a toda la sociedad. Por ejemplo, hay una distribución del poder entre los sacerdotes y los guerreros que tienen como función apresar cautivos en la guerra, esas guerras floridas, un poco lúdicas, muy organizadas. No es una guerra salvaje como la de Occidente: ofrecían sus cautivos a los sacerdotes que van a administrar, precisamente, la muerte. Es una combinación de guerra y de religión. Para que no haya competencia en el poder, hay una complementariedad entre los guerreros y los sacerdotes. Eso se aprecia cuando aparece una clase económica importante, la de los negociantes, los pochtecas. Se impone entonces la necesidad de integrar a esos pochtecas a la gestión del sacrificio y se modifica la regla de que los cautivos sacrificados son siempre cautivos de guerra para integrar la posibilidad de comprar esclavos y ofrecerlos como víctimas sacrificiales. Se integra el poder económico a la gestión del poder. Eso fue en esencia La flor letal.

 

*Este es un fragmento de la entrevista de Christopher Dominguez Michael a Christian Duverger,  en Letras Libres de abril de 2010.

**Anders, Ferdinand; Jansen, Maarten; Reyes, Luis. Los Templos del Cielo y la Oscuridad. ADV (Austria), FCE (México), 1994.

 

 

Ciclo Literario.