Sacrificio y chamanismo contemporáneo*

Lorenzo León Diez


 

Huematzin les dijo que en la historia hallaba que desde la
 creación del mundo siempre habían tenido
 grandes persecuciones del cielo.
Don Fernando de Alva Ixtlilxóchitl

En lo más hondo de la relación del hombre con los dioses anida la persecución.
María Zambrano

De hecho, la forma en que está organizada la información en el espacio
Es la misma que se refleja en la organización cerebral.
Jacobo Grinberg

El sacrificio humano está al centro de la cultura y la cosmogonía mesoamericanas como  un acontecimiento ritual, simbólico y a la vez  material y energético.

Códice Florentino

El sacrificio fue el argumento que legitimó la invasión española, y el “demonio” a erradicar con la cruzada evangelizadora del cristianismo. Pero si consideramos que los textos indígenas (tanto los de autores españoles como de nativos latinizados e hispanizados) son más que testimonios históricos, textos teológicos, comprendemos que se trató de un   enfrentamiento entre dos ejércitos espirituales y que a la destrucción real del imperio azteca por la monarquía hispano-católica correspondió también una destrucción virtual. Más que estar fundidos dos mundos simbólicos en esos manuscritos, lo que existe es un avasallamiento del símbolo y la religión occidental sobre la religión mesoamericana.

La investigación y la reflexión históricas nos permiten ver hoy que en el conjunto americano existía una verdadera formulación original del cuerpo a través de un pensamiento de la acción , donde el cuerpo entero no estaba separado del conocimiento, lo que le permitía al hombre mesoamericano alcanzar un estado de sueño despierto, o eterno soñar ,  una especie de estado psíquico en el que tiene el indígena una visión y la intuición de su porvenir, que lo diferencia y lo ata al universo y a su grupo .

¿Cómo podemos penetrar en el símbolo pre-colonial cuando está cubierto de pantallas ese pasado? Pensamos que si trabajamos el cuerpo podemos obtener muchas respuestas.
Los indígenas mesoamericanos tenían un cuerpo diferente que no buscaba un lugar en el mundo. Ellos lo tenían conociendo mejor el mundo y conociéndose a sí mismos. Estamos ante una práctica del cuerpo donde siempre se dice quién es quién. Al pintarse a sí mismo el hombre y la mujer mesoamericanos pintan su historia.

Pensamiento y materia

Hay un tipo de relatos contemporáneos ¡e incluso imágenes fotográficas! que nos ayudan a comprender el cuerpo prehispánico y nos permiten  sostener que el sacrificio era uno de muchos manifiestos del poder del pensamiento sobre la materia.

El trabajo de la chamana nahuala Pachita o Bárbara Guerrero (Parral 1910-Ciudad de México 1979) “era tan extraordinario (tecnológicamente hablando)  y de origen tan remoto, que habría que suponer que nuestros antepasados tenían conocimientos que nosotros desconocemos, a pesar del aparente adelanto tecnológico en que vivimos” , expresa el psicofisiólogo Jacobo Grinberg, quien investigó con profundidad en siete tomos a los chamanes mexicanos. De ellos, tres se hicieron sus maestros principales: Don Lucio, director de los Graniceros de Morelos, linaje que podemos identificar con  los Teciuhtlazque: “los que rechazan el granizo” o “trabajadores del tiempo”,  como se nombran ellos mismos y cuya deidad principal podría haber sido Itztlacoliuhqui, dios del hielo; otro de los personajes que más le enseñaron al científico mexicano de origen judío fue el chamán maya u “hombre espejo”, Don Panchito de Yucatán. Pero definitivamente la piedra de toque de la significancia de su vasta obra es Bárbara Guerrero, Pachita, de  “linaje totalmente desconocido”.

Sin embargo, si relacionamos los símbolos de  la cosmogonía náhuatl (Pachita a veces en su trance hablaba en este idioma) y los que porta la propia chamana en su ejercicio curativo y ritual, creemos que el linaje de Pachita estaba en relación con los Chalmecas, “ministros de cosa divina”.

Eran  seis los ministros oficiantes del rito: “Cinco destinados a tener los brazos, cabeza y piernas, y el último el sacrificador. Tenían cuerpo y rostro pintado de negro con una raya blanca alrededor de la boca, las cabelleras erizadas y revueltas, ceñidas en la frente con una banda de cuero, que en la parte superior tenía una pequeña rodela de papel de diversos colores, vestían unas dalmáticas blancas, labradas de negro ”. En cada una de las 18 principales fiestas cambiaba el ropaje del sacrificador de acuerdo a la deidad que la presidía.

¿Dónde si no en estos sacerdotes hallamos el origen del linaje de Pachita (a través de Cuauhtémoc [fuerza que la poseía y así era llamada por ella]  o de él a través de Pachita)?: “Realmente ese cuchillo no es lo que aparenta, inclusive no sería necesario utilizarlo”, observa Grinberg, quien asistió a las operaciones de la chamana durante casi un año. Él es un testigo de muchos, pero especialmente escogido por Pachita para describir la experiencia chamánica. La anciana escucha con aprobación las exposiciones teóricas de su ayudante. Esta relación entre la curandera y el científico es  trascendente  para las disciplinas físicas y para la reflexión de todo orden. Por primera vez una persona con la formación de Grinberg es aceptado en el recinto del  tehcatl, la piedra sacrificial.

Pachita en operación de corazón

“Las operaciones eran físicas; los pacientes eran abiertos de la parte del cuerpo que estuviera afectada sin más ayuda que un cuchillo de monte y cuatro asistentes dispuestos dos de cada lado en una mesa de madera con objeto de sujetar al paciente, pues las operaciones eran dolorosas y a los pacientes no se les administraba ningún tipo de anestesia ”.
El  linaje de Pachita fue uno de los más reprimidos en la Conquista,  estos sacerdotes eran los más temibles “hombres búhos”, cuyo patrón principal sería  Iztli, el dios del Cuchillo de Pedernal , Segundo Señor de la Noche y Mujer Noche, Mujer Muerte.

“Pachita consideraba que en el mundo existían por lo menos dos fuerzas o poderes fundamentales que en ocasiones se enfrentaban en batallas mortales y terribles: la luz y la oscuridad”, nos dice Grinberg. Y este es el tema precisamente de las dos significativas láminas del códice Borgia (29-30) y primer rito en El Templo de Cihuacoatl .
“La luz era para Pachita sinónimo de amor, de oración, de curación, de buenas intenciones y de trabajo sano. La oscuridad en cambio era muerte, degeneración, engaño, trabajos sucios, trabajos diabólicos y brujerías ”.

Hay un fondo que no está fácilmente a nuestro alcance en la lámina 29 (contraportada), y es la generación desde la oscuridad. Pachita con su cuchillo nos está indicando que se trataba de sacerdotes que daban muerte y vida. Extraían corazones ¡pero también metían nuevos corazones al cuerpo!
“Mientras reemplazaba un corazón muerto por uno vivo  (sangre, olor pestilente, penumbra, aullidos del paciente), puso en mi dedo un anillo de oro”, nos cuenta a su vez otro testigo, Alejandro Jodorowsky .

El cuchillo, más que un efecto de utilidad instrumental, se inserta como emblema de este linaje. “El cuchillo ––hijo de la diosa Cihuacoatl–– tiene un doble significado simbólico, como instrumento del sacrificio (dar muerte) y para cortar el ombligo de los recién nacidos (dar vida) ”.

Grinberg es el iniciador de una disciplina que llamó neurofisiología de la experiencia chamánica cuyos aportes nos están haciendo comprender la naturaleza del cuerpo individual y social prehispánico. Su estudio es evidentemente un desplazamiento cualitativo del punto de vista propiamente cultural (que impide ver la vida material). Los antropólogos y otros especialistas de lo étnico al acercarse a los “psicólogos autóctonos”, como los llama Grinberg (chamanes, brujos, hechiceros, sacerdotes o curanderos) o “especialistas religiosos”, como los llaman los codicistas más avanzados,  no tienen en mente que estos seres ejercen poder físico sobre la materia. Esta es la diferencia entre el Grinberg y los antropólogos. Él no está enfocado en las descripciones de la tradición ni en simbologías míticas, sino en lo que llama la tecnología del manejo mental. Grinberg ahonda en “el concepto de seres suprahumanos vivos e independientes y con los cuales un chamán puede entrar en contacto” .

Debemos notar que términos como “daños”, “limpia o despojos”, “bajo astral” entre otros, son oscuros para quien está fuera de la experiencia chamánica. Sin embargo, son eventos que constituyen el complejo psíquico-físico que nos permite entender lo que está cubierto por la interpretación cultural.

Exterminio y ocultación

A diferencia de los fundadores de su linaje Pachita no se ocultaba de ninguna persecución. El antecedente más remoto del inicio formal de la exterminación de los sacerdotes del culto “del demonio” tiene fecha: 1526, según el testimonio del cronista tlaxcalteca Juan Ventura Zapata, a propósito de la aparición de un teopixqui, sacerdote nativo: “Y entonces vino aparecer, el que llamaban Necoc Yautl (“el de una y otra parte enemigo”)preguntaba a la gente por los libros (antiguos), el copal. Una vez vino a ser apresado, en una trampa como huacal. En el mercado lo azotaron delante de fray Luis de Fuensalida, delante de la gente. Entonces comenzó a buscarse a los “hombres búhos ”.

Otro registro de esta violenta purga aparece en 1539 cuando fue apresado don Carlos Ometochtzin, señor de Tezcoco, hijo de Nezahualpilli y nieto de Nezahualcóyotl, quien seguía dando culto a varias representaciones de sus antiguos dioses y conservaba algunos libros de pinturas, así como varias especies de amuletos. Pereció en la hoguera .

Pero cientos de años después, Pachita ya no se ocultaba. Pachita reconoce que “llevo más de setenta años operando; miles de personas han sido abiertas por el cuchillo del Hermano. Si hubiera ocurrido un percance a alguno de los pacientes, hace tiempo que estaría en la cárcel”. Su pensamiento de la acción tuvo como recinto incluso  la residencia presidencial de la familia López Portillo; visitaba a Margarita, la hermana del presidente. Cuando Grinberg terminó el libro sobre Pachita se lo llevó a la Santa, como también la nombra. A los pocos días el científico fue requerido por la poderosa hermana del mandatario. “Me pidió que por favor no mencionara que había conocido a Pachita en Los Pinos”. Luego, “Pachita me confesó que la habían estado amenazando desde la Presidencia. Le decían que yo no podía trabajar más con ella y que si lo hacía alguno de los dos moriría. Le dije que no hiciera caso de chismes, pero insistió en la seriedad del asunto. Abandoné la casa de Pachita y nunca la volví a ver ”.

Iztli, el cuchillo divino

“Mi abuelo y mi padre ––declara don Carlos Ometochtzin–– miraban a todas partes, atrás y adelante (..) sabían lo que se había de hacer y lo que estaba hecho”. Esta frase la podría suscribir por completo la chamana contemporánea Pachita,  “médium inconsciente” la llama Grinberg,  por quien transcurre una experiencia de gran poder según lo ilustran estas densísimas escenas del códice Borgia, donde los símbolos abren nuestra percepción a fuerzas  generativas que la chamana lograba en el lado de la luz y que, según se ve,  provenían de su propia oscuridad.

Pachita - Ciuacoatl

Grinberg reflexiona que el oído del murciélago está en el mismo espacio que el nuestro, percibiendo una realidad sonora que nos es completamente desconocida. Es pues indudable que no percibimos la mayor parte de la información contenida en el espacio. Es inconcebible sostener que nuestra realidad perceptual es la única existente y, aún más, es imperdonable olvidar que nosotros somos sus creadores. Puesto que vemos espacio, en cualquier localización concreta que nos hallemos “conviven” simultáneamente realidades insospechadas.

Pachita es un acontecimiento que une estas dos fuerzas. El “continuum espacio-materia” que postula Grinberg en su teoría de la Sintergia está expresado en las transfusiones de sangre que realiza la chamana durante casos muy graves en las operaciones: “Había visto cómo la boca de Pachita sostenía un extremo de una sonda mientras el otro era colocado en el interior del vientre y cómo un líquido rojo pasaba de un extremo a otro ”.

¿Los entrelaces de corazones en otra lámina del Borgia (la 33) no es evidencia de esta acción?: “Lo acuestan sobre el altar negro espiritado en poder de la sacerdotisa de Cihuacoatl, encargada del maguey y, abriendo su pecho con el cuchillo, sacan su doble corazón: va de la mano del uno a la mano del otro ”.
“Una de las fronteras de la conciencia de Unidad es el manejo directo del mundo a través del pensamiento y la apertura al contacto con las entidades espirituales.”, concluye Grinberg.

De acuerdo con los dichos del chamán oaxaqueño Ivan Ramón “los procesos de curación y todos los fenómenos que existen están regulados por la interacción de dos poderes. Por un lado un poder femenino: la Naturaleza y la Tierra. Por el otro un poder masculino: el Padre o Dios. El Padre guía y la Madre manifiesta; Dios decide y la Tierra ejecuta ”.
“Un intento de explicación de lo que Pachita hacía es necesario aunque de antemano sabemos que tal intento está destinado al fracaso, porque los fenómenos que se manifestaban a través de ella son demasiado complejos y desconocidos como para poder ser integrados a una concepción científica adecuada. La insistencia de esta concepción, sin embargo, no es argumento suficiente para invalidar las observaciones realizadas en Pachita”, observa Grinberg.

En efecto, ya Gutierre Tibón, erudito comprometido con el espíritu mesoamericano, había escrito que los sacerdotes “eran médiums muy expertos (eran todos ya gente anciana) que tal vez conocían el arte perdido desde la Conquista, por considerarse doblemente diabólico, de combinar los efectos alucinantes de los hongos o del ololiuqui con la evocación de los muertos, práctica de todos los pueblos y de todas las épocas. Las materializaciones de los fantasmas, que toman el aspecto inconfundible de la vida y que hablan, son fenómenos metasíquicos de difícil explicación en el estado actual de la ciencia ”.

Podríamos considerar que las acciones de Pachita eran resultados luminosos cuya tecnología energética provenía de la oscuridad;  “la parte maldita” (según calificativo de George Bataille) que está brillantemente definida por el historiador Christian Duverger: “Los aztecas sabían que el espacio penetra en el tiempo. En el mundo azteca, la religión, la moral y la política se confunden en la esfera de las ciencias físicas. El sacrificio no es el fruto de alguna barbarie inhumana y gratuita, es esencialmente, tecnología. ¿No practicamos la desintegración del átomo que tiende precisamente a destruir la estabilidad de ciertos elementos para provocar una liberación de energía nuclear?”.

El linaje de los Chalmecas era el encargado de la fusión (fisión) de un sistema religioso, económico y social basado en la  “administración de la muerte”, como define Duverger al Estado teocrático de Mesoamérica donde el sacrificio era un acto vinculante de la comunidad humana con fuerzas que tienen diversidad de nombres y están asociadas a la naturaleza y el cosmos.

“En una ocasión apareció en el quirófano un muchacho delgado, triste, débil, con la piel violácea, lo que fue reconocido inmediatamente como manifestación de problemas circulatorios intensos. Pachita invitó al joven a acostarse en la mesa de operaciones y, sin mayor preámbulo, abrió el pecho con su cuchillo de monte; cortó después las costillas e introdujo el cuchillo extrayendo el corazón, todavía conectado con la aorta y con las otras derivaciones venosas. Palpitante, lo colocó a un lado de la terrible incisión, sobre el pecho del paciente. Durante esta operación yo trabajaba junto a Pachita, y al observar el corazón latiendo fuera del cuerpo que allí yacía, me impresioné a tal grado que repetí varias veces en voz alta ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Dios mío! Ante esta manifestación de asombro, Pachita ladeó la cabeza y llamando a uno de sus colaboradores le dijo al oído, pero con suficiente intensidad como para que yo pudiera oírla: ‘Jacobo todavía no es uno de los nuestros’”.

La sala de operaciones de Pachita es una vena que se remonta a la oscuridad de los Templos sacrificiales y el sol. ¿Qué es el cuchillo de Pachita si, concluye Grinberg, no es necesario para las artes absolutas que consisten en el manejo de la materia y la energía vital? El cuchillo es un artefacto que extirpa la muerte del cuerpo del enfermo y nos informa a nosotros del poder de la conciencia según está expresado asombrosamente en las láminas del complejísimo e infinito Códice Borgia. Se trata de una densidad que al ser leída nos permite asomarnos a este diálogo tremendamente misterioso entre la conciencia y la materia.

“Investigábamos”, dice Memo, hijo de Pachita, a Grinberg, al reconocerse como parte de ese linaje de los sacrificadores. Iván Ramón, pariente de Doña María Sabina, le explica a su vez al científico “haber vivido en tiempos de los Aztecas, como servidor de uno de los templos: el del dios Huitzilopoztli, era “un devorador de corazones astrales, no para hacer el mal sino para estimular su desarrollo” .

Actos sangrientos que curan a través de dos vías simultáneas: la ternura y el terror. Habla tan amorosamente la chamana mientras destaza: ¿Qué nos dicen este catálogo de imágenes?

“El cuchillo de monte en manos del Hermano penetró en la carne”; “Entre el atronador sonido de la sangre y el susurro del cuchillo penetrando los huesos, había silencio”;  “Abrió el hueso y de pronto un tejido fresco se materializó en la mano izquierda del Hermano”; “Abrió desde la garganta hasta el estómago e introdujo sus manos en el conducto esofágico. Lo despegó y lo dejó libre. Luego tomó el pene del enfermo e introdujo el cuchillo por el conducto urinario”. “El hermano nos pidió que rezáramos. Después abrió la espalda de la criatura”; “Con el cuchillo levantó el cuero cabelludo y empezó a raspar el cráneo”. Estas escenas, ¿dónde se explican? ¿Dónde encajan? ¿Dónde embonan mejor si no es en el ritual de Cihuacoatl?  Fuerza espiritual que viene en efecto de la Mujer Muerte, la que recibe al guerrero en el sol y la que pare luz en la oscuridad.

Sin embargo el maestro de Pachita no fue mexicano, fue un africano, Charles, que la enseñó a curar y, cuando ella tenía quince años, regresó a su tierra a morir. No se sabe cuándo empezó su relación con la fuerza espiritual que ella llamaba Cuauhtémoc. Debemos recordar que ella perdió a un hijo en la matanza de Tlatelolco, el mismo sitio del que emergería el último huey tlatoani,y como consecuencia sufrió una embolia de la que fue operada por su hijo Memo, parte de la cadena chamánica.

Lo que sí se puede asegurar es que Pachita estaba en el corazón de un ritual muy antiguo y cuyos actos han llegado hasta nuestros días como una realidad creadora: creada y otorgadora de enigmas que son caminos abiertos para quien quiera andarlos. Cierto que el acto del sacrificio es visto como un antecedente maldito del ser americano y apenas se está llegando a atender su enseñanza, una vez que las condenas son avistadas como naturales de un imperio (la monarquía hispano-católica) que se imponía sobre otro (la triple alianza mexicana).

Este choque entre dos civilizaciones derruyó casi por completo a la sociedad prehispánica o precolonial. Las razones también deben leerse en dos niveles simultáneos: una sociedad con artefactos y técnicas militares superiores a las sociedades americanas y una religión militante que, fundada también en el sacrificio, lo había abstraído en el rito eucarístico católico, en la propia litúrgica cristiana y en los argumentos de su teología que encajaba como sobreposición elocuente: “En verdad les digo que si no comen de la carne del hijo del Hombre y no beben de su sangre, no tienen vida en ustedes. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Quien me come vivirá en mí”: San Juan (6,53,55,57).

El acto de Cortés en Cempoala, al derruir los ídolos del templo, limpiar, encalar, poner un altar cristiano, llenarlo de flores, de copal y predicar [“era un sacerdote frustrado” ], es acto fundador de esta imposición de la mística europea a la mística indígena.

Los diálogos entre los sacerdotes franciscanos y los sacerdotes mexicas conocidos como El Libro de los Coloquios , nos proporcionan la imagen de ese choque dialogante trenzado en un sincretismo que nos empapa hasta el día de hoy en sus fechas rituales y patronales y  en los escenarios religiosos autóctonos y populares.

Populares son precisamente los “clientes” de los chamanes o especialistas religiosos o psicólogos autóctonos. Personas pobres la mayoría. Las casas donde trabajaba Pachita estaban copadas por un “público” que significaba hasta más de cien personas diarias que demandaban ser atendidas y dejaban un pago simbólico casi siempre.

Cuando Duverger habla del sacrificio como un evento energético, aporta al mundo académico un baluarte para entender, sin condenar, sucesos que son maravillosos según las narraciones de los autores que han investigado y escrito sobre el mundo antiguo de México, porque son imágenes vivas aún hoy. Esos sucesos nos siguen invitando a observar sus enigmas, retan nuestros sentidos, llaman a ir un paso más allá de la razón que es un tejido tan pegado a nuestros huesos como la piel civil.

¿Cómo leer el cuchillo de Pachita si es cierto que instrumentalmente no es necesario en la manifestación del continuum materia y espacio? Precisamente como un mensaje metafórico muy concreto hacia nosotros (pues Pachita no era una chamana oculta sino muy pública y permitió incluso que la fotografiaran) de un mundo tan violentamente destruido por la civilización europea que dio como justificación la práctica del homicidio ritual. Y esta justificación sigue siendo problemática, sigue siendo polémica. “Los escritores que llegaron después de la conquista, como el mismo Sahagún, sólo tuvieron acceso a los recuerdos manipulables de los “informantes” indígenas y, además, estuvieron bajo la influencia de una fuerte ideología antimesoamericana. Ahora es difícil reconstruir qué parte de las descripciones y de las cantidades mencionadas de sacrificados es realidad y qué parte corresponde más bien a aquella doble distorsión, causada por las circunstancias excepcionales y por la mentalidad obsesionada de los misioneros 23”.

Porque la lógica desde entonces ha sido esta (según el discurso que ejemplificamos en esta unión de frases): “Los aztecas eran una raza fiera y brutal (..) no sólo no mejoraron la condición de sus vasallos, sino que, moralmente hablando, hicieron mucho para empeorarla. ¿Cómo puede una nación, donde se combinan estos mismos sacrificios con los de usos caníbales, progresar en el camino de la civilización?” (William H. Prescott). “La invasión europea vino a poner término al caos: prodújose la luz de una manera instantánea, y de la ruina de lo pasado brotaron los pueblos del Nuevo Mundo (…) Borrarla (a la religión Mexica) de la faz de la tierra fue un inmenso beneficio; sustituirla con el cristianismo, fue avanzar una inmensa distancia en el camino de la civilizació (Manuel Orozco y Berra). “Nada destruyó España, porque nada existía digno de conservarse cuando ella llegó a estos territorios, a menos de que se estime sagrada toda esa mala yerba del alma que son el canibalismo de los caribes, los sacrificios humanos de los aztecas, el despotismo embrutecedor de los incas” : José Vasconcelos .

El desollado llama a las puertas de los calpullis en la espalda del penitente. Es la iniciación de una mutación simbólica la que anda en las calles, para ser adorada y temida. Hasta que hiede la seguridad del ciudadano y la piel podrida del corazón ofrendado al astro. Por fin se despoja el viviente del desollado para empezar de nuevo. A eso se refería Antonin Artaud  al celebrar lo purificador del sacrificio.

*Este texto forma parte de la investigación que desarrolla el autor: “La imago Náhuatl”. Dirección General de Investigaciones. Universidad Veracruzana.


Notas:


Rozat, Guy. Indios imaginarios e indios reales en los relatos de la conquista de México. Biblioteca Universidad Veracruzana, 2000. Ver también. León, Lorenzo: Guy Rozat. El relato de la conquista o los textos indígenas: una teología, no una historia. Ciclo. No.  14. P. 8, 2002.

Westheim, Paul. Arte antiguo de México. Alianza Forma. España, 1988.
“Esta unidad mística o contemplativa, mitad terror y mitad amor” P. 79.”La vida del hombre de pensamiento mágico es un eterno soñar despierto, al cual ni siquiera la muerte pone fin, pues ésta propiamente no existe: es sólo pasar a otro estado del ser”.  

Grinberg, Jacobo. Los Chamanes de México 1 (siete volúmenes), Psicología Autóctona Mexicana. INPEC. México, 1987.

Robelo, Cecilio. Diccionario de Mitología Nahoa, Ed. Porrúa, México, 1982

 Ibidem.

Grinberg, Jacobo. Op. cit.

Anders, Ferdinand; Jansen, Maarten. La Pintura de la Muerte y de los Destinos. ADV (Austria) FCE (México),1993.

Anders, Ferdinand; Jansen, Maarten; Reyes, Luis. Los Templos del Cielo y la Oscuridad. ADV (Austria) FCE (México), 1994.

Grinberg, Jacobo. Op. cit.

Jodorowsky,Alejandro.  El maestro y las magas,  Grijalbo, México, 2005.

Anders, Ferdinand et al. Los Templos del Cielo y la Oscuridad, Op. cit.

León Portilla, Miguel. Los franciscanos vistos por el hombre náhuatl, UNAM, 1985.

Ibidem.

Grinberg, Jacobo. La Conquista del Templo,Heptada, España, 1990.

Grinberg. Jacobo. Pachita. Heptada, España, 1990.

Anders, Ferdinand et. al. Los Templos del Cielo y la Oscuridad, Op cit.

Grinberg, Jacobo. Los Chamanes de México 1. Op. cit

Tibón, Gutierre. Historia del nombre y la fundación de México, FCE, 1997. 

Duverger, Christian. La Flor Letal. Economía del sacrificio azteca, FCE, 1993.

Grinberg, Jacobo.  Pachita, Op. cit.

Montell García, Jaime. La Conquista de México, Tenochtitlan, Miguel Ángel Porrúa, México, 2001.

Coloquios y doctrina cristiana. Los diálogos de 1524. UNAM. Fundación de Investigaciones Sociales A.C.

Anders, Ferdinand et. al. La Pintura de la Muerte y de los Destinos, Op. cit.

Montell García, Jaime. Op. cit.

Artaud, Antonin. La conquista de México. www.revistadelauniversidad.unam.mx/1405/pdfs/41-45.pdf

 

 

 

Ciclo Literario.