Marcia Theofilo

Nota y traducción de Clara Janés


Corría el año 2010. Leíamos poemas en el festival L’isola del cinema, en Roma, pero no necesariamente tenían que tratar el cine. Yo, de todos modos, había sacado del cofre secreto mis versos sobre Casablanca, Deseo-Peligro, Cuerno de cabra, El salón de música..., y estaba aún en su atmósfera irreal cuando subió al estrado una brasileña, Marcia Theofilo, de porte solemne, y empezó a hablar de la Amazonia, ilustrando con poemas, que leía de un libro, el desgarrado discurso.
Cuando el acto acabó, fui directamente a felicitarla y, sin retener mi impulso, le quité el libro de las manos: “Lo necesito – dije –. He de hacer mía su causa.” Sorprendida y a la vez disgustada, ella se negaba a dármelo, pero al ver mi insistencia, cedió y, además, sacó del bolso la copia en color de un poema que un día le escribiera Rafael Alberti y me lo dio también.
Nacida en Fortaleza (Brasil) en 1941, Marcia Theophilo estudió en Brasil e Italia, donde se doctoró en antropología. Toda su obra se inspira en la selva amazónica, su pueblo y sus mitos, y así lo expone: “En mi trabajo he intentado hacer una fusión entre memoria emotiva y memoria cultural, entre poesía y documentación; entre el mundo arcaico y el mundo contemporáneo, creando un todo en que estas materias se compenetren. Creo que sin la poesía no se puede llegar al alma de la selva.”
De 1968 a 1971 trabajó como periodista y crítica de arte en Sao Paulo. En su obra poética se expresa tanto en portugués como en italiano. En 1971 publicó Los convites, en Brasil y en 1972 Somos pensamiento, en  Milán. La apoyaron en el camino lírico por un lado Murilo Mendes y por otro Rafael Alberti, con quien compartía la lucha por la libertad.
A partir de 1977 empieza a ser conocida internacionalmente. publica los poemarios Basta que hablen las voces  y  Canciones de otoño y los ensayos Masacre de los indios en el Brasil actual y Los indios del Brasil. Trabaja en el intercambio cultural entre Brasil e Italia y traduce poetas del italiano al portugués y viceversa. En 1983 obtiene el premio Minerva por Catuetê Curupira, al que siguen, entre otros, El río, el pájaro y las nubes, El canto del Amazonas, Los niños jaguar (Premio Fregene 1996), Kupahuba. Árbol del Espíritu Santo (Premio San Egido, 2000) y Selva en mi diccionario (Premio Nacional Histonium 2003). Desde 2007 forma parte del comité ético-científico “Selva para siempre”; desde 2009 es miembro honorario de la Academia Mundial de Poesía, y desde 2010 informadora sobre la biodiversidad en la Comisión Nacional Italiana de la UNESCO.

El poema siguiente pertenece al libro Amazonia siempre..., del año 2010.

 

La noche del Amazonas

En la selva existen
más ojos que hojas
más colores que piedras
y la noche de la armonía
una noche solamente
una noche del año
y no se sabe cuál
los corazones de todos los animales
se encienden luminosos
desaparecen los cuerpos
y tantas luces vagan por el bosque
como estrellas en el cielo
es la noche de la armonía
no se devoran ni se conocen
se encuentran el jaguar y el tapir
el cocodrilo y el pirarucu
el tucamo y la anaconda
la mariposa y la iguana
el halcón real y el macaco
es la noche de la armonía
por una noche solamente
en la selva existen
más ojos que hojas
más corazones que piedras.

Fotografía
José Albano

Fotografía
Walter Firmo/2002

 

 

Ciclo Literario.