La vida que se va

César Vergara


 

— Ifá es pa’que salves la vida, no nomás así — me explicaron.
Babalawo significa “sacerdote de los secretos” o más exactamente, “padre de los secretos”: babá, significa “padre”.
Orula se recibe, no se corona, ya que su poder es tan grande como el Universo mismo; alguien que pretendiera coronarlo se volvería loco. Incluso cuando se le consulta es preferible que haya al menos dos sacerdotes para que se distribuya la energía y no le queme la cabeza a uno solo.
El proceso es que el aspirante recibe a Orula y tiempo después se le tiene que entregar cuchillo (dice el refrán: Babalawo sin cuchillo no es Babalawo). De ahí en adelante y también en cualquiera de los puntos intermedios, debe de recibir infinidad de santos, poderes, deidades y de cuanto haya, para estar preparado para la guerra.

Fotografía
Maggie Steber/1987


Pero a mí no me dieron cuchillo, supuestamente porque los santos no querían, pero también para tenerme en casa del padrino cada quince días haciendo ebbó y pagando dinero.
El caso es que me hallé un buen día en una de tantas colonias populares de la Ciudad de México ante un hombre que a todas luces había amanecido bebiendo y aún parecía tener cuerda para rato. Se trataba del padrino, un negro descomunal, redondo, grande, fortachón, todo él a mitad manteca y músculo y la nariz chata, con dientes de conejo además forrados de oro, como un perverso topo lleno de malicia. Parecía la mezcla entre un refrigerador y un tonel, con voz profunda pero risita flaca, aguda. Nada más verlo, así como estaba, medio borracho y amanecido, me latió que era un embaucador de negra entraña, pero me dije que no, que seguramente eso transmitía como consecuencia de su frecuente trato con las energías del más allá. Esa vibra de abusivo y gandalla debía ser la protección que le daban sus guías espirituales.
El cuarto Babalawo me llamó la atención nada más verlo. Quién me iba a decir que pasaría algunos años de mi vida ahí metido casi cada semana, durante dos o tres días por vez. Se respiraba un ambiente de humedad y olor a cigarro, mucho más tenue que el cuarto de la prenda, claro. Los santos estaban acomodados de una forma muy particular, siguiendo una lógica por completo incomprensible para el aleyo, pero muy similar a como se acomodan en la casa de los santeros.
En el extremo opuesto a la puerta, en un nicho especial, se ubica Orula, solo. Él negocia, pacta con todo el mundo, ya sea santo, dios, demonio o muerto, ya que en su gran sabiduría los pacifica a todos para que reine la armonía.
El padrino, sentado en el piso, me leyó el porvenir en el tablero de Ifá, una especie de charola de madera con signos en todo el contorno.
Al igual que en otras religiones afrocubanas, la regla de Ifá tiene su método de adivinación consistente en el Ópkuele,  que tradicionalmente en Cuba se llama Écuele. Es una cadena que se toma por la mitad, de la que cuelgan en cada extremo cuatro caras que pueden ser de corteza de coco, carey o metal. Con una cara blanca y la otra negra, o lisa y rayada para significar claramente los opuestos: él O u X  de los coquitos, pues. Luego de complicados rituales y rezos en lengua yoruba entremezclada con jerga cubana, el sacerdote tira esta cadena sobre un tablero especial: el tablero de Ifá, que representa las cuatro esquinas de mundo. Las forma en que caen las caras de la cadena dan lugar a dieciséis pares y doscientas cincuenta y seis permutaciones.
Al consultante se le dan dos fichas, por ejemplo un huesito y un caracol  (donde cada uno significa sí o no ),  para esconderlos en cada mano. Según caiga la secuencia de dos tiradas -conforme a un orden preestablecido de antemano- el Babalawo pide una u otra mano para conocer si la respuesta a la pregunta en cuestión es afirmativa o negativa.
Además, cada permutación puede tener una serie de variables, por ejemplo, si el consultante muestra en su mano iré, eso significa que está bien, con buena suerte, con buena estrella, que los santos están contentos, la fuerza lo acompaña.
Pero si muestra osorbo, puede ser de diversas variedades: por envidia, brujería, celos, porque alguien del más allá se lo quiere llevar consigo a la tumba, porque los santos están enojados e inclusive por darle rienda suelta el consultante a su cabeza loca.
Total, que la lectura es bastante compleja.
Y si agregamos que el Babalawo hace las tiradas y todo a las carreras, con mucha prisa, sin dar tiempo a ver qué permutaciones son las que salen, pues olvídense, que la lectura de los signos no la entenderá satanás ni aunque se lo proponga.

Es difícil de aceptar que esto sucedía cuando más necesitaba de certezas, pero aun así mis ganas de creer eran tan grandes, que no menguó mi fe.

 

 

Ciclo Literario.