La mirada en las Fuentes de la imaginación

Alfredo Coello


No hay escrito que no enturbie el tiempo.
Jean Laude/ Le dict de Cassandre

 

En el círculo de la vida y la muerte del escritor, hay quien afirma que la vida suma y la muerte resta; en este sentido la subversión es el movimiento mismo de la escritura. Escribir no es un espejo. Escribir es enfrentarse a un rostro desconocido, por lo que todo devenir se funda en una incógnita ––dirá el maestro Edmond Jabés–– que, una vez descubierta, se torna, súbitamente, misterio inicial.

Fotografía
Anton Giulio y Arturo Brgaglia/1912


Y el devenir de la escritura que nos ha legado Carlos Fuentes empieza a aparecer atrás de ese Espejo Enterrado, y entre La Región más Transparente y La Muerte de Artemio Cruz gravita el fantasma del escritor, ahora devuelto a otra realidad que le sucede cuando todos los puntos de encuentro volverán a ser, como concibieron los hebreos, el punto, pues lo comparaban con el presente; en él veían el final del pasado y el comienzo del futuro. Y es en este inter que se escribe la obra de nuestro autor mexicano, pues como él mismo lo afirma: ‘Tengo la profunda convicción de que la novela es un medio privilegiado  para dar una visión en redondo de la realidad, y de la realidad constituida por la mirada ajena. Por la manera en que somos mirados, no sólo la manera de cómo nosotros nos miramos, sino cómo somos mirados.’ Con palabras como estas se entreabren las cortinas del telón de la literatura para que el lector empiece a involucrarse en el quehacer de la novelística fuentesina.
Mi amigo Luis Ayala Blanco escribió que Fuentes puede ser odiado o amado, reconocido o vituperado (creo que se refiere al texto que Enrique Krauze escribió sobre él), pero jamás negado. Fuentes pertenece a esa extraña raza de escritores que se confunden con la literatura misma, dice. Estoy de acuerdo, simplemente añadiría a su comentario que un escritor de la talla del maestro Fuentes, cuando le deja la última palabra al lector de sus novelas, lo hace con toda la intención: ‘concederle el lugar al lector es decisivo, porque es el único que puede escribir la novela finalmente; de allí la creación de un personaje fundamental en Cristóbal Nonato, que es el Lector, el lector que elige y que lee y que ocupa ese espacio. Que acepte la invitación a ocuparlo es otro problema, pero mi deseo es reservarle ese espacio.’ Carlos Fuentes, remata Luis Ayala, más que un escritor es un personaje que ha gravitado por décadas y décadas en el imaginario de México. No sólo era el literato vivo más reconocido internacionalmente con el que contábamos, sino uno de los pocos novelistas mexicanos que habitan las vastas llanuras de la literatura universal.
Sí, tiene razón Luis, y más después de la muerte de Fuentes. Ya no está pero sus libros crecen en la distancia, como en sus confesiones las palabras de sus ancestros y sus tradiciones nos acompañan. Alguna vez le preguntaron sobre la dualidad que ensombrece a Occidente en su libro La edad del tiempo, y la lucha vital contra la muerte(1993), a lo que respondió: ‘…A veces vienen y me hacen ofrecimientos políticos, y yo no estoy luchando con los electores, con los que votan, yo estoy luchando con la muerte, todo el tiempo, y a medida que pasa el tiempo, pues más y más. Todos nos volvemos Proust, un poco, ¿verdad? Sabemos que nos quedan, con suerte, diez o quince años, de trabajo, de escritura, con vigor, con lucidez, ojalá fuesen más. Puede ser mucho menos, siempre nos podemos morir en este mismo instante… Pero ese consorcio, esa compañía de la muerte, esa sociedad con la muerte con la que todos nacemos, se va acentuando con el tiempo, la frialdad está cada vez más cerca. Yo alargo la mano y ya toco esa otra mano fría, esa mano que me va a acompañar. Y claro, el concepto de inmortalidad está excluido, es precisamente el concepto de mor-ta-li-dad el que se imprime, ¡pero, pero, pero! Iluminado siempre por dos convicciones poéticas, una es la de Quevedo: “sólo lo fugitivo permanece y dura”, la otra es de William Blake: “la eternidad está enamorada de las obras del tiempo”. Y, bueno, en los días de hoy, jamás la muerte fue tan igual en la muerte.  Todavía en el paréntesis de la vida queda su obra literaria para que los escritores jóvenes y los no escritores, y sí lectores, lo reconozcan en un futuro de letras.

Fotografía
Richard Worsching/1932


Fueron múltiples la facetas del escritor, pareciera que hubiera leído todo  y de todo;  hay quien lo compara con Víctor Hugo; fue un ciudadano universal, sin duda. Nada más recuerde el lector que Carlos Fuentes fue sobrino del director de cine mexicano Fernando de Fuentes, amigo de Passolini y de Visconti, asistió a la filmación de Muerte en Venecia de este último. Fue guionista de varios films mexicanos, adaptó al cine el Gallo de Oro de Juan Rulfo junto con García Márquez (guión que por cierto, no es muy bueno que digamos) y otros. El guión de Fuentes que el público cinéfilo mexicano mejor conoce y disfruta es Los Caifanes, con la actuación de la famosa actriz, joven en aquella época, Julissa, hija de Rita Macedo, una de sus mujeres.
En este año 2013 el lector asiduo a Fuentes no podrá ignorar su participación periodística como ciudadano mexicano, como ser interesado en la política de su país, al que le duele la desigualdad, la pobreza y al que le lastima y encabrona la impunidad, la corrupción y el analfabetismo político de los candidatos a la presidencia de nuestra república en las recientes elecciones. En la misma entrevista a la que aludimos aquí, dice: … “Vivimos en un mundo que no es el mejor de todos los mundos posibles, pero la sociedad  nos propone constantemente esto: esténse tranquilos porque viven en el mejor de todos los mundos posibles. ¡No es cierto! Y una de las misiones del artista ––me atrevo a usar esa terrible palabra, misión ––es decirle al mundo, a los lectores, estamos insatisfechos, estamos incompletos, nos falta mucho por hacer, la historia no ha concluido, no hemos conseguido lo que quisiéramos conseguir, además no lo vamos a conseguir nunca, y la aventura humana es intentar lo imposible aun cuando fracasemos en el intento”. De sus últimas declaraciones sobre el presente de nuestro país, no sorprende escucharlo cuando afirma, categórico: la nación lleva un rumbo “bastante desviado del camino.”
Yo me despedí del amigo y escritor con alegría y lucidez, como él mismo profetizó en esa entrevista que le concedió a Miguel Ángel Queiman en el año de 1993; con ánimo y dolor al mismo tiempo, con su imaginación y con la realidad vuelta boca abajo en estos días aciagos que mutilan al México que él siempre anheló: más justo, más igualitario y democrático.

      “Lo bueno de nuestra cultura es que tanto la imaginación como la realidad siempre han estado hermanadas, no se pueden separar. Mientras que en la política constantemente hay un divorcio entre ellas.” (La Jornada/16 de mayo 2012). Estas palabras de Carlos Fuentes son un legado, creo, para la reflexión de nuestro ‘tiempo nublado’ mexicano (como lo describiría, en uno de sus libros, uno de los mejores ex - amigos de Carlos Fuentes: Octavio Paz).

 

 

Ciclo Literario.