Librería Alberti: espacio en movimiento

Ana Corroto


 

Todos los libros del mundo
no te dan felicidad
pero te conducen en secreto
hacia ti mismo.
Allí encuentras todo lo que necesitas,
el sol, las estrellas y la luna
pues la luz que tú buscas
habita en ti mismo.
La sabiduría que buscaste
en las librerías
reluce en cada página…
Y ahora es tuya.
Herman Hesse

Escribir sobre estos espacios ha resultado ser una viva metáfora de lo que ocurre cuando vamos a una librería a comprar un libro determinado, pero sucede que inesperadamente otros títulos salen a tu encuentro y al final del proceso nos vamos con más ejemplares de los esperados. El encanto de las sorpresas y de los encuentros.
Pues acá, lo mismo. El punto de partida es la librería Alberti para desarrollar esta historia sobre la relación que se puede encontrar entre los espacios artísticos, y también la suya propia en cuanto a su condición de espacio vivo y generador de movimiento, no solo en sentido abstracto, también literal, como movimiento social y cultural, que no es poco. En un principio contaba con datos facilitados por la propia librería (sobre su creación y desarrollo, memoria de encuentros, fotografías y algunas declaraciones personales), con ciertas obras de Georges Perec y con El arte y el espacio de Heidegger, pero bien, y acá comienza el paralelismo, El amante de las librerías de Claude Roy se cruzó en mi camino y él indirectamente me condujo a Sylvia Beach y Adrienne Monnier; y ellas a una artista, Carmela García, por su obra Constelación (2008), en la que la artista se acerca a los nodos relacionales de un grupo de mujeres que coincidieron en un marco cronológico-geográfico concreto: París como ciudad, el margen izquierdo del Sena como espacio, y el periodo de entreguerras, años 20 y 30, como marco temporal. A partir de estos parámetros la artista reconstruye la presencia de un conjunto de identidades femeninas que, a través de su actividad cultural, artística y social, y de su propia forma de vida marcaron el debate sobre la mujer moderna y desafiaron los modelos jerárquicos dominantes en torno a lo masculino y lo femenino, y modificaron los referentes y los comportamientos socioculturales. Lo que resulta interesante de esta obra para el propósito de esta reflexión, es que dos de las elegidas fueron libreras; teniendo en cuenta que antes dije que Sylvia Beach y Adrienne Monnier me llevaron a Carmela García, resulta evidente quiénes eran esas libreras que ahora forman parte de la constelación.
Al encontrarnos en este momento ante múltiples y apetecibles posibilidades, que nos permitirían varias formas de mirar, miradas infinitas, evitemos caer en la trampa del laberinto y los nudos, y vayamos por partes, seleccionemos.

Librería Alberti

"La Rue de l'Odéon poseía la tranquilidad de un pueblo. Allí se encontraba la librería La Maison des Amis des Livres". Estas palabras de Simone de Beauvoir abren la obra de Adrienne Monnier, Rue de l'Odéon.

 

Con el permiso de Simone de Beauvoir: "la calle Tutor poseía la tranquilidad de un pueblo. Allí se encuentra la librería Alberti".
Lola Larumbe, que está al cargo de la librería desde los ochenta, publica un artículo en la revista Mercurio en el que cuenta no solo la historia de esta casa, sino también cuál es la esencia de la misma. Fue Enrique Lagunero quien en 1975 abrió las puertas de la librería en el barrio de Argüelles, en Madrid, escenario este de la vida universitaria. "Esos años de la transición delinean ya el perfil de la librería Alberti, como una librería plural, comprometida, un espacio de encuentro alrededor del libro, abierta, con vocación de conformar una buena librería de fondo donde el papel del librero es determinante". Fue precisamente con el proyecto "Encuentros en Alberti" que la librería recibió en el 2005 el V Premio Librero Cultural, otorgado por el Ministerio de Cultura y la CEGAL. Y es que nos encontramos, sin duda, ante un espacio en movimiento.

Espacios

El espaciar aporta lo libre, lo abierto para un asentamiento
y un habitar del
hombre.
Martin Heidegger

Vivir es pasar de un espacio a otro haciendo lo posible
para no golpearse.
Georges Perec

Reflexiona Heidegger en su ensayo El arte y el espacio, sobre el lugar como sitio de confluencias y como función congregacional del espacio. El lugar que se convierte en paraje, precisamente en virtud de su capacidad de retener. El lugar-paraje que custodia las cosas en tanto pertenecientes unas a otras, pero sobre todo, en tanto pertenecientes al lugar, y en tanto el lugar les pertenece a ellas. La copertenencia así planteada llega al punto en el que las cosas no solamente pertenecen a un lugar, sino que son el lugar.
Heidegger acude al término para, desde su función verbal, concederle toda la fuerza de la acción. Del concepto espaciar, nos dice que es crear espacios, que según él, esta creación se da en el acto del emplazamiento. Es el emplazamiento lo que convierte el lugar en un paraje, un habitáculo donde existe la cosa. Y es el emplazamiento el que propicia que la cosa sea el paraje, disolviendo los límites entre lo

exterior y lo interior o, al menos restándoles importancia.
Esta idea del espacio como área vital, en relación directa con el hombre, que en principio responde a una cuestión artística, puede ser extraída por nosotros para aplicar la reflexión al tema que nos ocupa, y así ampliar nuestra capacidad de mirar y de relación con el espacio del que en ocasiones formamos parte. Además de Heidegger, me resulta estimulante, a la vez que conveniente, tener en cuenta la concepción que tiene sobre el espacio Georges Perec, por dirigirse su mirada a lo ordinario e infraordinario, a lo cotidiano, una forma de ver lo que siempre está ahí y muchas veces no vemos. "¿Sabemos ver lo que es importante? ¿Hay algo que nos llame la atención? Nada nos llama la atención. No sabemos ver." Esta sentencia de Perec puede resultarnos extrema, pero en lo que se refiere a las cosas cotidianas, seguramente en numerosos casos, acierte. Y ahí, en ese espacio, también hay vida, aunque demasiadas veces pensemos que la vida es otra cosa. "Obligarse a ver con más sencillez".

Meditaciones

Espacios, vida, librerías, librerías sin más, librerías con alma. Decía Perec que el espacio comienza con palabras y totalmente de acuerdo; las palabras nos llevan a las conversaciones y las mismas contribuyen a esa sensación de vida en estos espacios. No pretendo con estas reflexiones, ni con las anteriores, contribuir al crecimiento de una visión romántica de este oficio, pues no creo que así sea, y lo digo desde la experiencia que me aportó formar parte del equipo de la librería La rayuela de Berlín, pero comparto con Adrienne Mennier la idea de que "en el oficio de librera, las cargas las compensan las visitas hermosas"; y con Claude Roy, que afirma que "las conversaciones de las buenas librerías son lo que uno imagina que podían ser las conversaciones de los salones", añade que la primera imagen que tuvo de un lugar de encuentro en el que recogerse, volver a encontrarse y conversar: "¿Acaso no fue, en la calle de l'Odéon, la librería de Adrienne y su gemela de enfrente, Shakespeare&Co, donde reinaba Sylvia Beach?
Algunos años después, estos valores continúan vigentes, ahora no estamos en París y sí en Madrid, y aquí, de vuelta en la librería de la que venimos hablando desde el comienzo, que casualidad o no, también está regentada por una mujer, las conversaciones y encuentros ocupan ciertamente un lugar importante. El proyecto de "Encuentros en Alberti" ha cumplido ya once años y, tomando como referencia los que se realizaron a lo largo del año pasado, podemos apreciar con admiración que el número ascendió a aproximadamente cuarenta y cinco actividades. Los lectores tienen bastante que ver en esto y, claro está, la disposición de los autores para participar en ellos, también. Unos más conocidos, otros menos, unos jóvenes y otros no tanto: Javier Lostalé, Berta Piñán, Martín López-Vega, Clive Wilmer, Enrique Vila Matas, Rafael Juárez, Raquel Lanseros, La bella Varsovia, José Luis Sampedro y muchos más, hasta uno que ya se marchó, Tomás Segovia.

Nadie duda de la importante aportación social, cultural, artística que tuvieron las librerías de Adrienne Monnier y Sylvia Beach, ni de la de estas dos figuras. De ahí su presencia en la obra Constelaciones de la artista española Carmela García, pero no sólo en esa, también forman parte de Casting y I want to be. Resulta especial, porque son varios los artistas que trabajan con libros o bibliotecas, en cambio es más difícil encontrar obras de arte relacionadas con librerías directamente. Pero siempre existen excepciones, y esta vez sí, espacios fundidos.


Espacio tras espacio. Espacios que pasan y otros que no, espacios para libros, de libros, espacios de arte, y con arte. Espacios sin límites. Y en este punto del camino, al final de este pequeño viaje, la voz de Iñaki Lucía Larumbe, miembro del equipo de la librería Alberti, representante de una nueva generación y probablemente generador de un nuevo movimiento, expresa de la siguiente manera lo que significa para él trabajar en la librería: "Quizá sea para mí una irremediable suerte." Y es que la librería ha formado siempre parte de su vida. Espacio vivido, espacio tranquilizador, espacio del vértigo, espacio del sueño.

Puertas

Dice Perec: "Nos protegemos, nos parapetamos. Las puertas paran y separan. La puerta rompe el espacio, lo escinde, impide la ósmosis, impone los tabiques." Pero acá la puerta queda abierta. Aprendamos y disfrutemos del arte de vivir.

Fotografías: cortesía de la Librería Rafael Alberti. Calle/Tutor 57 (28008) Madrid (España). info@libreriaalberti.com

 

 

Ciclo Literario.