La receta de camino a Baján

Jean Meyer


 

 

Camino a Baján
Jean Meyer
Tusquets
2011
Pps.257-275

La receta no es muy complicada y como su autor no es un gran cocinero no tiene motivos para guardarle secreta.
En su novela inacabada, Heinrich von Ofterdingen, Friedrich von Hardenberg, alias Novalis, muerto muy joven en 1801, lanzó una advertencia fabulosa a los historiadores: "La acumulación de fechas y hechos, a cuyo estudio se aplican generalmente los historiadores, hace olvidar lo que merece precisamente ser conocido, lo que hace que la historia se vuelve realmente Historia y que liga muchos azares en un todo ameno e instructivo. Cuando lo pienso de verdad, me parece que un historiador debe ser también y de manera necesaria un poeta".
Justo lo que sentía con envidiosa desesperación al escribir mi larga Cristiada en tres volúmenes, hace muchos años , leyendo en forma paralela Llano en llamas de Juan Rulfo y , bajo la imperiosa recomendación de Juan Rulfo , Rescoldo o los últimos cristeros de Antonio Estrada . Dos obras maestras de la literatura; dos autores que, sin ser historiadores, captaron mejor que cualquier historiador la Historia nuestra.
¡Ay! ¡Esos libros que uno sueña y no alcanza a escribir! ¿Cómo devolver al lector todo el peso trágico de la Historia , la densidad de las personas, sus emociones, contradicciones y penas? Imitando al novelista, le dice una vocecita tímida al historiador académico que no puede escucharla porque "la historia es una ciencia social" con leyes y reglas que imponen una forma para nada literaria.
A favor de la vocecita tenaz, Don Delillo, el autor de El hombre del salto, inspirado por la tragedia de las Torres Gemelas, en septiembre 11, no duda en afirmar:
"¿No dicen que el periodismo es el primer borrador de la historia? Mi opinión es que la novela puede ser el borrador último, la versión definitiva . Lo cual no significa que sea más verdadera o permanente que el trabajo de los historiadores. Pero la ficción puede internarse en lo desconocido, seguir el impacto de la Historia en la vida íntima de las personas y crear un lenguaje para expresar esa vida, y es lo que no es accesible ni para el historiador, ni para el periodista." (El País, 9 de septiembre de 2007).
Otra invitación a la aventura.
Un gran historiador mexicano, don Edmundo (O´Gorman), hace años, invitó a renunciar a la "famosa pretensión de imparcialidad. En efecto, puesto que conocer el pasado es conocimiento de sí mismo, malamente puede justificarse esa fría, monstruosa, inhumana indiferencia que la imparcialidad supone. Por el contrario, hay que admitir con franqueza y alegría que el conocimiento histórico es parcial, el más parcial de todos los conocimientos."
Dijo también: "Quiero una imprevisible historia como lo es el curso de nuestras mortales vidas ; una historia susceptible de sorpresas y accidentes, de venturas y desventuras, una historia tejida de sucesos que así como acontecieron, pudieron no acontecer; una historia sólo inteligible con el concurso de la luz de la imaginación ; una historia-arte, cercana a su prima hermana la narrativa literaria". (Ensayos de filosofía de la Historia,México,UNAM,2007 : 17 y 109).
Fuerte de tales bendiciones o absoluciones, pensé hace cosa de veinte años, a propósito de una historia fantástica y verdadera, ocurrida en Tepic el Día de Reyes del año de gracia de 1801, que sería un pecado matarla en un trabajo académico y que había que contar esa historia al público lector de novelas. Una novela en la forma, una novela verdadera en los hechos porque contaría acontecimientos verdaderos, en lugares reales, en tiempos históricamente exactos, con personajes que existieron de verdad en aquel entonces. Novela verdadera y cierta pero que no puede darse el lujo de ser aburrida, como muchos libros de Historia.
En marzo de 1971 terminé de redactar La Cristiada y en la última cuartilla escribí : "No deben hacerse callar los propios sentimientos que constituyen la tercera dimensión de la Historia. Hemos de reconocer que hacer historia es entregarse al caos. Sentimientos, emoción, la de los que dejaron sus testimonios orales o petrificados en el documento escrito; la del historiador que siente sus vidas, cuando los muertos se vuelven portadores de anunciaciones nuevas y la Historia, empujada hacia el estado de leyenda e iluminada con una luz interior, se vuelve una función que jamás se pierde."
Veinte años después la editorial Cal y Arena me hizo el favor de publicar A la voz del rey…(nadie se resiste, dice la frase completa del indio arrestado en Tepic aquel 6 de enero de 1801). Primer intento de novela histórica que tuvo la suerte de ser recomendada por Jean-Marie Le Clezio (Nobel de literatura en 2008) para su publicación en francés por la editorial Gallimard.
Animado por Carlos Montemayor, presenté dos años después un manuscrito que ganó el segundo premio de novela histórica de la editorial Diana . Aquellos Tambores de Calderón llevaban en la cuarta de forro un texto de Carlos: "Jean Meyer aborda nuevamente la novela. Ahora es el siglo XIX; las figuras humanas, no oficiales, de Miguel Hidalgo, Félix María Calleja, militares, eclesiásticos, comerciantes, periodistas e insurgentes que, tanto en el Bajío como en Jalisco, Nayarit, San Luís Potosí, México, en el país entero, protagonizaron la gesta de independencia. Desde Nayarit el libro entrega un México vivo, tangible, con una trama surgida de una minuciosa investigación y de un limpio análisis histórico . Jean Meyer hará comprender al lector que la historia y la literatura son dos caras de un mismo conocimiento, dos acciones complementarias. Porque la literatura es una de las formas de conocimiento de la realidad, no una forma de evasión . Y lo que llamamos historia es una forma de articulación narrativa de la realidad, una forma de creación literaria. Cuando los trabajos del historiador y del novelista se hermanan, se aproximan , como aquí, no se debe a la pasión por la historia o la novela, sino a la pasión por la realidad humana, a la pasión por la realidad."
Camino a Baján no es muy diferente , en el fondo, de Los tambores de Calderón, ese puente de Calderón que vio en 1811 el principio del fin del cura

Hidalgo, quien dejó en este momento de ser Su Alteza Serenísima para marchar hacía su destino, hacía las norias de Acatita de Baján, el cautiverio y el paredón. Lo es en la forma, muy mejorada y completada, pero es el mismo libro trajeado de nuevo diecisiete años después, para conocer un nuevo destino.
Y ahora, después de tan largo preámbulo, la receta:
Tómense muchos años de frecuentación de sus personajes en los archivos y en todo lo que se puede leer sobre ellos. (Doy al final la lista de dichos ingredientes). Después de dejar en reposo varios años, vuelva al tema y cuando le es tan familiar que llega a poblar sus sueños, siéntese a escribir .
¿Cómo? Usando de todos los recursos de sus conocimientos, biblioteca, apuntes, fichas y notas, gavetas y archiveros…y de su imaginación para simpatizar con todos los actores. ¡Ah! Se me olvidaba…plagiar sin demasiado escrúpulos, plagiar, aunque sea brevemente, otros autores, aunque no tengan nada que ver con el tema, el país, la época, siempre y cuando les ayude a decir mejor lo que batalla para meter sobre el papel, ahora sobre la pantalla. Secuencias de poemas, anotaciones veloces garabatadas al dorso de un sobre, paisajes visitados de verdad, como la pirámide que el niño Hidalgo pudo ver, tuvo que ver, detrás de Pénjamo.

¿Quiere que sea yo más concreto?

Ahí voy. Ángel, el jinete, el mensajero, Ángel Flores , es el único personaje que inventé. Surgió en A la voz del rey, inspirado por el Angelo de Jean Giono, su famoso El húsar en el techo que aparece también en una novela inacabada intitulada Angelo. Inventado, sí, pero al mismo tiempo se llama Flores, como don José Ramírez Flores (d.1983), gran maestro mío y conocedor como nadie de la historia del Occidente de la República, autor de un libro sobre Hidalgo en Guadalajara y salvador de los expedientes de los insurgentes juzgados en Guadalajara , pero es otra historia que contaré más adelante. Bueno, don José ,con un antepasado del siglo XVIII español , marinero instalado en San Blas y Tepic , don José es también Ramírez , de los Ramírez de San José, municipio de Ixtlán de Buenos Aires . Y esa es una historia que conozco bien y sobre la cual he escrito un sesudo artículo académico. En Baján, al lado de Ángel ,hay un Nicolás Ramírez : el abuelo de don José , cuya historia he escrito en mi Esperando a Lozada , el padre del famoso guerrero liberal, el "chinaco" Trinidad Ramírez que luchó contra los franceses con sus "Lanceros de Ramírez". Nos encontramos en la verdadera historia, de lleno.
Al final del libro, un sacerdote está traduciendo del francés un manuscrito místico que llegó a Guadalajara, vía Perpiñan, Francia y Veracruz. Invento el encargo que le hizo su superior para curarlo de la depresión producida por su participación en el movimiento de Hidalgo. Pero no invento el texto, ni el hecho de que haya sido traducido. La traducción que has leído, querida lectora, estimado lector, la hizo el gran Antonio Alatorre (d.2010), el autor de Mil años de lengua española y gran especialista de Sor Juana. El texto real se llama De l' abandon à la providence divine y su autor es un jesuita francés del siglo XVIII, el P. Caussade.
Las descripciones de las festividades del año 1808, manifestaciones de fidelidad a Fernando VII "el Deseado", las saqué de los trabajos de mis colegas Thomas Calvo y Beatriz Rojas y, principalmente, del diario manuscrito y anónimo, redactado por un sacerdote de Querétaro, quizá canónigo en el cabildo catedral , y que cubre con muchos detalles los años 1808-1812.
En la página 33 pinto a un Calleja, sentado en la banca del corredor izquierdo de su hacienda de Bledos, cuando llega de repente un mensajero que le anuncia el levantamiento de Hidalgo. No invento nada, dos palabras nada más. Digo que el caballo del jinete es "bayo lobo". Carlos Montemayor me dijo de añadir esto para darle color y realismo a la escena. Todo lo demás viene de la p.117 del libro riquísimo de José de J. Nuñez y Domínguez La virreina mexicana .Doña María Francisca de la Gándara de Calleja (México, Imprenta universitaria,1950). Libro que proporciona información muy valiosa sobre Calleja, la captura y liberación de su esposa, sus problemas de salud, etc.
No invento su disentería, ni el té amargo que le recetó su esposa; invento que lo toma en una ollita de Tonalá con la inscripción "Viva Buenparte". Pero en los archivos se dice que en Guadalajara confiscaron tales ollitas con la famosa y sediciosa inscripción . Así que no invento nada, coloco de cierta manera, nada más.
En la p. 57 y siguientes, invento el diálogo entre Zea y el cura Mercado, pero no lo que dicen que saqué, con tijeras y engrudo, de los archivos. La toma de San Blas y todo lo que tiene que ver con Tepic, el cura Mercado, los cuñados Zea, el criollo, y Arantón, el "gachupín", lo encontré en la valiosísima Colección editada por Hernández y Dávalos, en parte en la de Genaro García, y mucho en los archivos de Guadalajara y Tepic. Los nombres de las víctimas de las masacres por parte de los insurgentes, los nombres de los insurgentes condenados después, y, en ambos casos, todos los detalles materiales en cuanto a sus bienes, profesión, estado civil, se encuentran en los expedientes rescatados por don José .
¿Cómo? ¿Por qué? En los años primeros de la década 1920 el joven gobernador de Jalisco se llamaba José Guadalupe Zuno; además de comecuras era protector de las artes y fundó la universidad de Guadalajara con la Sorbona de París como madrina. Sin embargo, un buen día, necesitó espacio para alojar en Palacio algunos amigos a quienes daba un "hueso" de funcionario. Mandó sacar gran parte del archivo histórico de la Real Audiencia de Nueva Galicia que se vendió por carretones a los comerciantes del mercado Corona. El joven don José, bibliófilo desde su temprana edad e historiador amateur se encontró, un buen día, que las frutas que compraba en el mercado Corona venían en hermosos cucuruchos de buen papel…el papel de los expedientes judiciales de los insurgentes. Los compró, sin arruinarse, a los del mercado Corona ; los consulté en su casa y fui testigo de su entrega al Archivo Histórico del Estado de Jalisco como por el año 1980.
Plagio: así es, en varios momentos, invento para Hidalgo unos monólogos que corresponden a todo lo que puedo saber del personaje, en gran parte gracias a Carlos Herrerón, para lo más íntimo, su amor por su hermanito Manuel; pero en la forma me inspiro, a veces de muy cerca, demasiado cerca, por eso digo "plagio", en un largo poema épico del gran poeta francés, antillano, caribeño Saint John Perse (nombre de pluma del diplomático Alexis Léger): Anabase.
Plagio: Lucas Alamán, pero nadie como él para describir a la ola inmensa y única que levantó Hidalgo. Además él conoció personalmente al Señor cura, amigo de su familia. Son las páginas 97 y 98, completadas por la crónica de Marmolejo.
Luís González decía que no leía novela porque la Historia le gana en imaginación a los mejores novelistas. La breve y fulgurante carrera militar del cura Mercado y su antagonismo creciente con su viejo padre (pps 114-119), que de todos modos acabó ejecutado como insurgente, le da la razón a don Luis. Y también razón le da la tragedia griega entre los cuñados Zea y Arantón y Teresa, hermana del verdugo Zea y esposa de la víctima Arantón (212-213). Ni invento, ni plagio. Soy el escribano de la Historia y de sus historias.
No menos extraordinario es el relato que corre de la p. 168 a 173 , sobre la terrible represión ejercida por Manuel de Flon en Guanajuato. Fue redactado por Gómez Pedraza, testigo y, en aquel entonces, joven oficial. Son cosas que no se pueden inventar y que hay que transcribir tal cual.
Transcribir tal cual… con todo y mis pequeños trucos, mi pobre receta de cocina, es lo que intenté hacer. Le toca a la lectora, al lector decidir si le parece o no la oferta. Como decía nuestro antiguo, muy antiguo maestro: Habent sua fata libelli.

 

 

Ciclo Literario.