El recuerdo roto

Román Güemes Jiménez


El ingenuo de mi primo el Rayo, sigue transitando todos los días ese camino a Zohuala… Va para allá sólo por pasar por una de las tantas casas orilleras. Así aviva la memoria… Cuando nos platica del recuerdo, piensa que éste está a su servicio: madruga, y se duerme temprano, como si fuera un peón de los tabacales de San Carlos…
Pero toda la gente sabe los motivos del Rayo. Más mi tía Lucrecia, su mamá… Esa sí sabe todo; si alguien conoce a la gente de este pueblo sudoroso, es ella…
La razón es muy simple: El rayo no quiere olvidar a Irma; eso es bueno; para cualquiera es bueno; lo malo es que ella se casó hace como veinte años con un paineño. Ni qué hablar, todo esto es tan real como cuando una moneda cae al suelo en un volado. Aquí, por todos estos sitios, casarse es casarse, por eso son tan ruidosas las bodas… Y ¡Vaya que sí! Y para no olvidarlas nunca, con barbacoa se sella una especie de compromiso entre los invitados y las familias gozosas...
Esto es de locos; y el primo Rayo ya lo está… Ha llenado de irmas todas las paredes: con gis, con carbón, con cal, con lápiz ¡Y hasta con flores de cundeamor ha pintado paredes y puertas! Irma, Irma, Irma… Al derecho y al revés. No hay otro nombre para él en toda Almala; solo Irma. Dicen que secó un cedro de tanto grabar ese nombre.
Pero la cosa ha llegado más lejos todavía: hay quienes aseguran que el motivo de sus pasos no son precisamente para mantener viva la flama de su amor por Irma; sino al contrario, para que Irma no lo olvide…
Otros, más atrevidos, afirman que ellos se amaron parejo y que él pasa y pasa por ese camino porque ella, por allá lejos, también lo está recordando; pero no creo, las mujeres de aquí son muy derechas. Y si alguien está loco es el Rayo…
En esto se entretiene el pueblo; que si esto y que si lo otro; como si de una difícil ecuación se tratara… Como si de un acertijo: ¿Quién fue primero, el amor o el Rayo?
Hasta algunos refranes campean por las reverberantes calles de los pueblos: "No quiero más Irma; sino irme…"
Otros, más bandidos y más viejos, agregan que como el Rayo no llegó a tiempo aquella ocasión en que se firmaron los derechos agrarios, se le quedó grabada una frustrante palabra para siempre: Firma, y que con la locura olvidó la efe y la convirtió en mujer, porque, dicen:
- La verdad nadie se acuerda de que por aquí haya existido y vivido una tal Irma.
De estos viejitos desmemoriados, el Rayo opina que ya están locos de remate. Sobre todo, don Chepe, el tenatero de la esquina; hijo de un arribeño que aquí se casó en el 11, cuando nació primo Chóforo, que por cierto, todavía vive.
-¿Oye, cómo cuantos años tendrá pues el Rayo?
-¿Qué no fue a la escuela contigo?
A la casa donde vivía Irma le llaman ahora la casa de los sueños pardos…
Cuando el Rayo pasa por ahí y saluda en voz alta, dicen que ve a una mujer bonita parada en la puerta, con una mano apoyada en el marco y la otra enancada en la cintura como descansando y pensando la siguiente tarea.
Y que cuando pasa con la vista pegada al suelo, es porque ella ha salido de paseo a las playas del Calabozo, allá por el rumbo de la Mesa de los Corazones Rotos… Esto último ha enriquecido, en mucho, a la paremiología local…
Bien dice el dicho: <el que es dado a escupir, siempre mira para abajo> O como dicen los del barrio: <el que escupe es que algo toma>
No, hombre, no es así, dice que el que escupe es que agua toma…
Y eso ¿qué tiene que ver con escupir, bobo?
Pues, sí, hombre, si no tomas agua, tienes la boca reseca…
La tía Lucrecia ha hecho hasta lo imposible para curar al primo: lo ha llevado con el curandero Marcelo; hasta Cunánimas ha ido a buscar alivios; pero para él no hay nada, ni en la más rebuscada botica de Tanjuco. Dicen que no hay, ni habrá contras para esos brinquitos del corazón, que son una carga para todo humano… Que sí hay; pero que esa vacuna tiene tetas… Cuando se comenta esto en los mentideros de las bancas del parque viejo, allá en Alpuyela, los bromistas paisanos dicen que le apliquen una antitetánica, a ver si con eso se le quita lo chincualudo, porque en asuntos de ese tamaño sufres como si te hubiera mordido el perro del amor…
Irma, desde hace mucho se fue a vivir a Almela; y como se dice: allá acaba la distancia; si algo es lejano, eso es Almela. Lejos como un deseo; como un caro ramo de rosas del cielo; como un suspiro en apuros…
Cuando el Rayo desocupa su enamorada y terca mente, se muestra saludable y fuerte y siempre andaba silbando esa habanerita que cantaba Cayeyo, el cancionero de Paines, que decía:
…que no te supe amar,
Eso es mentira…
¿Y cómo va, tú, Metichito? ¿Qué más sigue?
Yo sin tu amor, No quiero ni la gloria,
Y creo que sigue:
Quiero la muerte…
Y ¡Quién sabe cuántas cosas más! Eso es de enamorados, tío, a mí qué me preguntas…
-Has un esfuerzo, Tino, y recuerda esa letra, mira, esa canción era de las buenas; acuérdate que la tocaba ese conjunto que venía de Aldama a la feria de Noche Buena y que los colonches la cantaban mucho…>
-No, no puedo, primo, es muy triste…
Pero un buen día, hubo ruidos en la casa de los amores rotos, que por muchos años estuvo cerrada a todo tipo de asuntos, porque además de esa sonada boda, poco después murió doña Chepa… Y en esos tiempos, por cierto en los aguaceros de agosto, cuando la luna saca todos sus ahorros y llena con su mantequilla el paisaje, fue su velorio…Pero de eso ya tiene sus años... Pues, ahora, como por milagro, ahí mismo salió el sol de la esperanza para el Rayo…
Y como les estaba diciendo, hoy se escucha barullo en ese domicilio que antiguamente se llamaba Zolonta. Se ven columpios en las ramas del árbol de mora; varios niños jugando con pelotas de plástico y con juguetes que ni en sueños me imaginé, porque por una de las ventanas abiertas veo unos monitores de buen tamaño… Sin embargo, hay muchas matas de mango, limoneros, anonos… Por allá, en un rincón, los jobos perfuman la vida y junto con las campechanas tiñen de amarillo el solar de la familia… Ah, carambas, y ¿Cómo vamos a apellidar a Irma sin meternos en líos? Ya ven que mis paisanos a todo le buscan. La última entrega que hice de una novela de vaqueros en mi pueblo --que digo, mi pueblo- en mi ciudad natal, casi me cuesta una espuela… Pero, digamos, hay mucho movimiento y bulla en el domicilio de la familia Pérez Ma. Hasta acá llega el olor de comida antigua: sopas, aderezos y panes que retomaron de los chinos y nipontacames de este lado del Acamaluco, porque Irma algo tiene de chale y esa sangre se acusa en su mirada de hoja de limón, alargada y firme… Y eso de la comida, pues, antes una mujer aprendía la memoria de las mamás y las abuelas; se iban reproduciendo y extendiendo los recetarios orales como cuando un fino ademán define al hombre que fue educado.
Y por ahí pasó hoy mi primo el alocado, el Rayo…
Aunque saludó en voz alta, clavó la mirada en la burlona tierra, que más que sustentarlo quería que se lo tragara, y escupió su espera como si los callos del dolor le ardieran y el pajuelazo del amor lo traicionara en vez de herirlo…
Con desbordante alegría vio a Irma parada ahí en la puerta, escoba en mano, barriendo los recuerdos… Ella es la misma, el tiempo no le ha dolido en sus mejillas, aunque su mirada es triste. Triste porque todo eso cabe en los recién llegados; esos que deambulan en el precipicio del olvido; sabes quiénes son, pero no logras acomodártelos en el alma…
-Buenas tardes, usted debes ser Irma ¿No es cierto?
-Sí, así es, señor
-Yo conocí a sus padres, fui amigo de sus hermanos; casi éramos vecinos porque yo vivía acá por el Zanjón de los Canarios…Mi padre fue el difunto Aldegundo…?
-Pues, sí, pero de usted me acuerdo parcialmente, muy poco; hay algunos retazos de su persona en mi mente… Mire, han pasado tantos años…
Sin más remedio, se quitó el sufrimiento que le ahuecaba el alma:
-Yo soy Luis Morioca; ¿Se acuerda usted de mí…?
-Le repito, sólo en pedazos; algunos detalles…
Ante tanto olvido, prefirió lanzar el adolorido adiós al vacío de la tarde…
Tomó camino a casa y fue meditando el tamaño de su amargura con los ojos húmedos como un potrero recién amanecido.
Más allá, por el puntito ese conocido como Alto del Flojo, rumbo a Tanmajud y Piedras Chinas, los mundos de arriba se le juntaron con los de abajo y los de abajo con el fondo de todas las razones habidas y por haber… Entonces, se sentó en una laja, ahí junto al río de las confusiones que, a veces, es la vida...
Llevando un ritmo desconocido con la punta de sus huaraches o lempas, se puso a silbar es habanera cuya letra nadie se sabe completa, a pesar de el viejo Cayeyo la supo sembrar en todas partes.
Más al rato, ya aburrido de tanto silencio, conversó con su alma tomados de la mano…
-Hmm!, Cómo no, cómo no… Mire, usted… ¿Cómo puede recordar mi entera imagen una mujer que el merito día en que cumplía sus dieciocho años me robó el corazón haciendo cachitos mi alma…?
Yo, con este final me conformo; pero hay por ahí quien dice, que siguió hablando por siempre y que, antes de morir, dijo en voz baja, ya no mirando la tierra sino el techo de bajareque de su casa de guano:
-Cómo no, que esto, que lo otro; que así y que asado… Cómo no… Se hizo pendeja… Si mi corazón aún palpitaba en sus manos…
Amigos míos, esta historia, de rancheros y pueblerinos, se la escuché a mi primo Chóforo en su aniversario ciento dos, en la Semana Santa huasteca; pero él mismo me dijo que la escuchó allá por el 26, fecha en que, de un garrotazo, asesinaron a Cristobalito Lara, mientras comía barbacoa.
Chóforo nació en Cunánimas en 1911, y hoy vive en la purita Almela que, a pesar del alto desarrollo de las vías de comunicación, aún es lejanía, porque a la gente de ahí le gusta amar de lejos…
Nota para mis paisanos.- Los personajes fueron reales, los sitios y lugares mágicos también; el asunto es que todo esta tan revuelto que casi no se le podrá encontrar el hilo.

 

Ciclo Literario.