La vida sexual de Lisbeth, Mikael y Erika

Lorenzo León Diez


Stieg Larsson, el fenomenal escritor sueco que apareció y desapareció como un fogonazo en la historia de la literatura universal, es un caso que combina una obra trascendente y revolucionaria artísticamente y un acontecimiento de mercado que expresa con inmensa nitidez la relación entre nombre y mito, pues el final de la trilogía Millennium está rubricado con la muerte del escritor, víctima de su enfebrecida imaginación, combinada con más de veinte tazas de café diariamente y tres cajetillas de cigarros, a la par de una vida de actividad mental inusitada. Él nos ha dejado una tarea qué hacer: meditar en el acto de la escritura como una adicción y sorprendernos de la vitalidad del viejo género novelístico que ha incorporado a su lenguaje los aportes de nuestra época: la internet y el cine de acción; la sexualidad desinhibida y la decoración corporal de la nueva tribu en la Hacker Republic* donde nace y desde donde llega el nuevo ángel exterminador de "los hombres que no aman a las mujeres": Lisbeth Salander, la heroína más formidable de este principio de siglo y que marca con su frágil figura los frutos de una antigua estirpe: la mujeres soldados, las mujeres guerreras, la ginecocracia, un imperio de amazonas.
Lisbeth desde la soledad de su nacimiento engendrada por un asesino (Alexander Zalensko) va a llevarnos por un recorrido montados con la fluidez de la pantalla aunque tejido con la profundidad que solamente puede ofrecer la catedral del silencio interior: la lectura clásica.
Luego de una experiencia pocas veces frecuentada, que es la lectura como un salón sin salidas, sin ventanas, sin puertas, Larsson construyó una historia prismática, rizomática donde siempre está al centro el enigma. Por eso el escritor nos ha impuesto una lógica que nace del cerebro de su entrañable personaje femenino, Lisbeth, a quien le fascinaban los enigmas, pero cuando los resolvía, perdía interés en ellos. Cuando se acerca a la casa de su padre y su hermano, para ajusticiarlos, piensa en el teorema de Fermat. Cuando espera en su celda el juicio, se centra en un pasaje de astronomía esférica.

 

 

 

 

Ciclo Literario.