Ciencias Naturales en Veracruz: Tres
naturalistas a su paso por la Nueva España



 

Antonio de Ulloa y de la Torre-Guiral (Sevilla, 1716-Cádiz, 1795) tenía 19 años cuando descubrió el elemento platino en las inmediaciones de Popayán (Colombia). Por esas fechas realizaba su segundo viaje transatlántico, pues a los trece años había pisado por primera vez tierra americana en Cartagena de Indias tras embarcarse en España en una escuadra de galeones. En cambio, el viaje de 1734 (cuando descubrió el platino) era su primera incursión oficial en la ciencia, pues junto con académicos españoles y franceses se dirigía al reino de Quito a comprobar que la Tierra es un elipsoide elevado en el ecuador y depreso hacia los polos. Tres veces más cruzó el Atlántico en misiones de reconocimiento de la geopolítica y de la geofísica: eran los tiempos en que campeaba el espíritu de los enciclopedistas.
Su último viaje a América lo hizo en 1776 (a los sesenta años) en calidad de comandante de la flota de Indias, conformada por dos buques de guerra (con 64 cañones y 560 marinos cada uno) y quince mercantes. Para entonces el prestigio de Ulloa estaba consolidado: miembro de la Royal Society del Reino Unido, participante en la fundación de la Academia Sueca, gobernador de Huancavelica, Perú (1758-1763) y de la Luisiana meridional y Florida (1765-1766). En la Nueva España lo esperaba su viejo amigo y paisano el virrey Antonio María de Bucareli, el mismo que en 1771 pidió a los ingenieros Agustín Cramer y Miguel del Corral que reconocieran el istmo de Tehuantepec entre Coatzacoalcos y Salina Cruz.
Partió de Cádiz el 8 de mayo de 1976 y entró al puerto de Veracruz el 25 de julio del mismo año. El tornaviaje (tras varios aplazamientos) se inició en Veracruz el 16 de enero de 1778 y concluyo en Cádiz el 29 de julio. Casi al final de la travesía, el 24 de junio, Ulloa observó y midió un eclipse de sol en altamar.
En sus escasos años de estancia en la Nueva España, cumpliendo la indicación real que no había cumplido sus predecesores al frente de la flota de las Indias, Ulloa dirigió catorce levantamientos hidrográficos de las costas de Veracruz a Tampico (trece de ellos a cargo de Sebastián Canel y uno a cuenta de Ignacio de Pazos), que rescata Orozco y Berra en sus Materiales para una cartografía mexicana (1871). Con el apoyo del virrey Bucareli, Ulloa intentó involucrar a las principales autoridades (alcaldías mayores y obispados) para que aplicaran unas instrucciones (cuestionario) con el fin de conocer mejor el territorio de la Nueva España, del que pensaba era más lo que se ignoraba que lo que se conocía, pero fueron pocos los que recabaron la información requerida sobre el territorio, los núcleos urbanos, el clima, los accidentes geográficos, la minería, etcétera, a pesar de que las instrucciones contenían los procedimientos para hacerse de esta información de manera indirecta cuando se carecía del instrumental apropiado.
En su Descripción geográfico-física de una parte de la Nueva España, Ulloa incluyó posiciones geográficas, mediciones de temperatura ambiental y presión atmosférica, descripciones de fenómenos atmosféricos más comunes (los nortes, por ejemplo), trazas urbanas, poblaciones, etcétera, de asentamientos como Veracruz, El Lancero, Xalapa, Perote, Alvarado, Coatzacoalcos, Córdoba, Cempoala, Orizaba, entre otros. Al chipi-chipi de Xalapa le llamó la salud del pueblo, y en un legajo suelto se ocupó de una epidemia de terciarias que azotó al puerto de Veracruz entre septiembre y octubre de 1777, así como del terremoto ocurrido la noche del 9 al 10 de septiembre. A su muerte a los 79 años de edad, Antonio de Ulloa dejó un legado de más de 70 escritos, entre inéditos y publicados, que lo mismo versan sobre observaciones astronómicas, métodos para la limpieza de las calles de Madrid, historia de las pirámides de Quito, edificación de astilleros o la crítica de un falso hallazgo de la cuadratura del círculo.
El sabio criollo José Mariano Mociño (Temascaltepec, 1757-Barcelona, 1820) recorrió, acompañado de un dibujante más de tres mil leguas (unos 15 mil kilómetros) del subcontinente novohispano en calidad de explorador botánico. Había sido invitado por el aragonés Martín Sessé (1751-1808) a participar en esta tarea, por haberse destacado como estudiante de las ciencias naturales, principalmente de la medicina y la botánica. Entre sus más de treinta textos de carácter científico, sus obras mayores quizá sean Flora mexicana y Plantas de la Nueva España, basadas en colecciones de dibujos y descripciones de más de 3,500 plantas (cuando menos 2,000 de ellas desconocidas) que se llevó consigo a España Sessé en 1803.
        Mociño fue cuatro veces presidente de la Academia de Medicina y director del Gabinete de Historia Natural de Madrid, pero los vaivenes de la política durante la invasión napoleónica lo llevaron a refugiarse en Montpellier, ciudad que abandonó sólo para morir en Barcelona, donde se perdió la Flora Mexicana. Afortunadamente el botánico suizo Agustín Pyrame de Candolle (1778-1841) había copiado esta obra que así pudo salvarse.
En 1793 Mociño llegó a la región de los Tuxtlas. Recientemente había regresado de un viaje de dos años que lo llevó a Nutka, la isla de Vancouver en Canadá, a más de cinco mil kilómetros en línea recta desde el sur de Veracruz. El 2 de marzo se oyó un rugir subterráneo más intenso que los que se había venido sucediendo en los últimos meses, y el volcán de San Martín hizo una primera erupción. El 22 de mayo se produjo otra más violenta, pues si la primera se dejó escuchar como disparos de artillería hasta Perote y Jalacingo, las cenizas de la segunda llegaron hasta Oaxaca. Por indicaciones del virrey, Mociño visitó los Tuxtlas en repetidas ocasiones hasta concluir su informe el 27 de noviembre, incluyendo observaciones y mediciones sobre la geología, la hidrología y la morfología de la zona, justo con ácidos comentarios sobre la mezcla de religiosidad y de ignorancia con que los habitantes de la zona se enfrentaron al fenómeno natural.
La obra inédita de Mociño fue conocida por Humboldt, quien pisó por primera vez tierras novohispanas el mismo día en que el barco Presentación salió de Veracruz rumbo a España llevando consigo al botánico criollo.
A diferencia de Ullua, Alexander von Humboldt (Berlín, 1769-1859) ingresó a la Nueva España por Acapulco el 23 de marzo de 1803. El 20 de enero de 1804 salió de la Ciudad de México rumbo al puerto de Veracruz; el 7 de febrero alcanzó la cima del Cofre de Perote y le midió una altitud de 4,088 metros (actualmente se le consideran 4,282 metros); llegó a la ciudad de Veracruz el 19 de febrero y salió rumbo a la Habana el 7 de marzo. A su paso por Xalapa la define como la ciudad de las flores.
Durante el mes que estuvo en territorio veracruzano, Humboldt realizó algunas observaciones originales para completar la visión de ese territorio que en buena medida habían avanzado Mociño y Ulloa, a quienes Humboldt cita frecuentemente en su Ensayo político sobre el reino de la Nueva España. Ahí Humboldt especuló sobre la posibilidad de un canal que una al Atlántico con el Pacífico a través de la línea Coatzacoalcos-Salina Cruz con base en el proyecto del conde de Revillagigedo; se ocupó de la geografía de Veracruz, La Antigua, Xalapa, Perote, Alvarado, Córdoba, Tlacotalpan, Misantla, La Rinconada y otras; señaló a los ríos Coatzacoalcos, Pánuco y De Alvarado (hoy Papaloapan) como posibles vías de transporte; comentó sobre los beneficios de la vainilla de Colipa, Nautla y Papantla, y del tabaco de Córdoba; resaltó la importancia económica del purgante conocido como la Xalapa (planta descrita en 1696 por el alemán Abraham Munting, propia de altitudes de 1,300 a 1,400 metros), de la que se consumían en Europa 7,500 quintales (unas 345 toneladas) al año, etcétera.
En medio de ese mar de información destacan los análisis que hace de las epidemias de vómito prieto que asolaban desde Veracruz hasta El Lencero. Observa que los nativos no son atacados por el mal, y que los hospitalizados entre 1778 y 1794 en Veracruz fueron 16,835 contra 57,213 del período de 1795 a 1802, durante el auge de la epidemia. En el semestre de mayor frecuencia de nortes la temperatura ambiente disminuye y la incidencia de la enfermedad también, pero cuando quiere encontrar una relación clara con las condiciones atmosféricas se da cuenta de que no necesariamente el año de temperaturas menores corresponde al menor número de pacientes de vómito prieto. Este análisis lo hace gracias a que en San Juan de Ulúa desde 1790 el capitán Bernardo de Orta había venido haciendo mediciones de la temperatura del aire, la precipitación pluvial y la presión atmosférica, hasta completar más de 21 mil registros que luego analizaron Humboldt y Orta concluyendo que previa a la entrada del norte es clara la variación barométrica, cuando falta más de un siglo para que los escandinavos postulen la teoría del frente polar y se inicie la meteorología moderna.
Al ver tal cantidad de información contenida en el Ensayo… surge la pregunta de si no habrá cosechado Humboldt los resultados que las instrucciones que Ulloa no lograron conseguir.     

Nota extraída de Ensayos sobre la cultura de Veracruz, publicación coordinada por José Velasco Toro y Félix Báez-Jorge.  Texto: Investigación en Ciencias Naturales, de Adalberto Tejeda Martínez y Irving Rafael Méndez Pérez. Universidad Veracruzana, 2009.

 

 

Ciclo Literario.