Norma Bazúa o el conflicto de
una vitalidad vibrante

Santo Velázquez

 


 

Norma Bazúa

Norma Bazúa Fitch nació en los Mochis, Sinaloa, en 1928 y murió en 2011. Poeta de escritura punzocortante, en 1976 le otorgaron la Flor Natural de Guasave, y en 1986 fue finalista del Concurso Internacional Carmen Conde, España, y  merecedora del premio JOMAR. Su obra está incluida en múltiples antologías, entre ellas, Las divinas mutantes, Trilogía latinoamericana de poesía de mujeres, Diccionario biobibliográfico de escritores de México (1920-1970), 40 Barcos de Guerra y La semilla desnuda (Poesía Viva. 90 poetas, 90 poemas), 2010. El homenaje nacional por sus 82 años fue organizado por la Editorial Verso Destierro, Poetas en Construcción, Centro Cultural España, Amanuense, el Encuentro Nacional de Poetas y Narradores Max Rojas, Sapiencia y Metáfora (hoja de poesía). Algunos libros suyos son: Momentos, Como dibujando las distancias, De ser, amor y muerte, Tengo miedo de sacudirle la raíz al sueño, A manera de pre-texto el mar, Boceto para un palabrario, Poundianas para la escena, Varo entre remedios caseros, Flor simultánea al fruto, con lazarillo sobre páginas blancas y Aprender la muerte. Actualmente están por salir Una chispa del cuerpo y ya el incendio del sueño (en coedición Poetas en Construcción y Verso Destierro) y Ataúd de arena (Ediciones Amanuense). 

   Carlos Pellicer en 1960 dijo sobre ella: “Norma Bazúa abre su ventana para que escuchemos su voz, dentro y fuera de su casa y sepamos de sus sueños, de su amor, de sus sufrimientos, de su ternura engarzados en el oro más puro de la palabra”.
        Y el poeta sonorense Abigael Bohórquez escribió: “Norma sabe qué es lo que está haciendo, hace lo que se necesita hacer y la salvan ya su constancia, su temple, su carácter, su tenacidad, su pleno conocimiento de que lo que está realizando es el mismo nacimiento del mundo”.

Fotografía
Idris Khan / 2004

        En la Feria Internacional del Libro en el Zócalo, en la apertura de su homenaje, Enrique González Rojo dijo: “Norma es una de las principales plumas poéticas del país. Como suele ocurrir por estos litorales con artistas que han cuidado su independencia como la niña de sus ojos, no ha sido suficiente leída, ni publicada, ni puesta en el conspicuo lugar que le pertenece. Las cosas, sin embargo, tendrán que cambiar, ya que la importancia de su producción, la pujanza de su numen y el dominio de un palabrario que ya no es un mero boceto, exigen de manera imperiosa que el círculo de sus lectores se amplíe drásticamente”.

   Experimentar el amor es vivir su quemadura, desafiar  lo que no está en el código de nuestras  emociones, echar a andar por lo más desconocido de uno mismo. La poesía, en especial la que surge de ese mar, está destinada a permanecer en el tiempo. Norma Bazúa como la gran poeta que fue nos conduce por esas íntimas veredas, nos transmite con imágenes poderosas lo que no habrá de borrarse, ni siquiera en el último momento: el de la muerte. Aquí las palabras vibran con su propia luz, se reconocen desde fuera hacia adentro, de adentro hacia afuera en una comunicación perfecta. Sin artificios en la ternura y sin jugadas pensadas, Bazúa no ha dejado de poner el sol sobre la mesa, para iluminar lo que parece inalcanzable; porque como ella dice, su alma fue presa en la orilla azul de la flama, para ser sólo espera junto al hombre que la cercó con fuego. Esa pertenencia sagrada le ha permitido registrar páginas blancas, y de esta manera empezar siempre los caminos que el amor le confió.

 

 

Ciclo Literario.