Poema



 

 

Fotografía
Ori Gersht / 2007

 


 

Mas yo quisiera ir hacia ti
pues he descubierto
algo que permanece muy terrenal
en mi corazón:
el corazón de mi madre,
su nacimiento, sus confines, su amor,
todo lo que me enseñó
a comprender,
al mostrarme las flores del durazno
me decía:
niña mía, ésta es la imagen
del Señor,
una floración continua,
una floración primaveral,
un almendro en flor.
Ésta es la imagen de tu Jesús,
ese a quien tú amas.
Y yo comía aquellas flores
como si fueran las manos de Dios.
Puedo asegurarte que ninguna niña
tuvo tal sed de Dios como yo,
que jamás mujer alguna pudo hacer el amor
con una flor de durazno
sin raíces,
que volaba en el aire como una enorme cometa.

 

Alda Merini (Milán 1931-2009): Nació y creció en el seno de una familia humilde, fue la menor de tres hermanos. Publicó sus primeros versos a la edad de quince años. En 1953 publica su primer volumen de poemas, La presenza di Orfeo. En su poesía se encuentran un erotismo místico, la experiencia de la locura (vivió casi 20 años en manicomios, de 1961 a 1978) y de la estrechez física y económica. Escribió una obra extensa que incluye prosa y aforismos; en 1996 fue propuesta para el Premio Nobel de Literatura por la Academia francesa. Su libro La Terra Santa, le valió en 1993 el Premio Eugenio Montale. Vivió y murió en la indigencia por elección personal.

 

 

Ciclo Literario.