Heidegger y el nazismo en dos pensadores
hispanoamericanos

Lorenzo León


En el mes de abril los filósofos Jorge Juanes y Julio Quesada presentaron sus libros sobre Martín Heidegger en Casa del Poeta, en una intensa sesión que mantuvo la  atención, el interés y posterior participación del público. Moderó la mesa la filósofa, investigadora de la Universidad Veracruzana, Adriana Menassé.

Presentamos a continuación el texto con el cual Lorenzo León comentó las diferencias y coincidencias que estos dos destacados pensadores hispanoamericanos mantienen alrededor  de  la influyente obra del autor alemán.

 

Lorenzo León, Julio Quesada, Adriana Menassé y Jorge Juanes . (Foto: Roberto García Ortiz

Jorge Juanes y Julio Quesada tienen su raíz biográfica en España. Julio se ha incorporado recientemente a la Universidad Veracruzana, donde dirige la investigación “El nazismo en México”. Viene de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue catedrático durante  21 años impartiendo Metafísica y Política, Filosofía Contemporánea y Filosofía y Literatura, además del  Curso de Doctorado sobre filosofía Moderna y
Contemporánea. Su obra comprende varios tomos, siendo su más reciente libro  Heidegger de camino al Holocausto (2008), que publicó la Biblioteca Nueva de Madrid.
Jorge Juanes  es un admirado y viejo amigo de muchos de nosotros. Investigador del Instituto de Filosofía de la Universiadad de Puebla. Autor de una obra continuada desde hace varios lustros, que comprende más de veinte publicaciones sobre filosofía y arte. Enumerar sus libros sería muy largo, pero sin duda, quienes lo hemos leído, estaremos de acuerdo en que Juanes es uno de los pensadores más profundos de México. Los años funestos, Heidegger y el nacionalsocialismo, es una de sus ediciones recientes en la Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo (2010).
Quesada plantea así su tesis de investigación: la crítica al sistema capitalista y la crítica a la metafísca son caras de una misma moneda. De la decadencia o el nihilismo solo puede salvar al mundo el desenmascaramiento del hombre económico moderno y la crítica hermenéutica del sujeto. Antiamericanismo y antisemistismo son, desde la lucha por el ser, lo mismo.
Jorge Juanes, por su parte, constata el paso de Heidegger por el nacionalismo y el avance en sus ideas posteriores, muchos años después de su militancia nazi, hasta los textos de 1950, en los que, señala, ya no es el sujeto absoluto quien habla de lo innombrable, sino el existente finito.
Estamos ante dos pensadores que andan con soltura por los complejos territorios de la filosofía y su historia. Heidegger, el pastor del ser, desde que escribió sus primeros textos al principio de la década de los treinta, inauguró una escuela que llega hasta nosotros en las voces de estos dos escritores hispanoamericanos, Juanes y Quesada,  serios conocedores de su obra y el contexto en que sus ideas influyeron en la academia y en la cultura del siglo XX.

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Anónimo /1933

Quesada insiste en liquidar cuentas con este filósofo. La tarea de mi libro, nos dice, es aclarar la profunda razón de ser entre la crítica de Heidegger a todo aquello que tenga que ver con la racionalidad moderna y el compromiso de Heidegger con los nazis. Me he propuesto, expresa, esclarecer también la relación que existe entre la afiliación al nazismo de Heidegger y su filosofia del tiempo y su vinculación, no ya en general con el nazismo sino muy especialmente con la “ciencia nazi” y sus consecuencias higiénicas. Quesada identifica a Main Kamp, Mi lucha, de Adolf  Hitler como una de las fuentes más importantes  de las que bebió Heidegger para poner la ciencia y la filosofía al servicio del III Reich.
Quesada afirma que no puede haber separación entre ciudadanía y filosofía del ciudadano y está en contra de aquellos que sostienen que el compromiso político de Heidegger con el nazismo nada tiene que ver con su filosofía. Para este importante número de autores, dice, lo que importa no es la justicia, el sufrimiento, el asesinato en masa, la depuración étnica; no, lo que importa es el Ser.
Heidegger y Hitler no mantienen por el Ser un combate de carácter circunstancial, sino cósmico e histórico. Su pensamiento es ontológicamente antidemocrático. Exclama Julio: Que nadie se rasgue las vestiduras ante esta ofensa a las vacas sagradas del poensamiento filosófico: estas víctimas del mito de la raza superior y ontólogos culturales del derecho a la vida y al ser son cómplices de los verdugos, y ellos mismos verdugos intelectuales.
Mi lucha de Hitler, apunta Julio, es la teoría, o punto de vista, de una geopolítica en la que co-está Heidegger, lo que los une en una común estrategia de desmontaje de la persona y la libertad.
Este lazo se manifiesta en la intención suprema de querer aniquilar al narrador; pues lo que se trataba en el III Reich era de imposibilitar las manifestaciones individuales de la experiencia de vida, obnubilar, podría completar Juanes en su turno, al existente finito. Subordinar al existente singular, al sujeto absoluto a la “comunidad del pueblo”: “volckisch”. Quesada acota: este término no cabe traducirlo ni por pueblo, ni nacionalidad, ni popular, sino, -son palabras escritas de Hitler-, como “nacionalracismo”.
   El nazismo condujo a la desaparición de las individualidades en la lengua, anota Julio,  (lo mismo que los otros totalitarismos-ideocráticos, piensa Juanes, Stalin, Mussolini, Franco, Mao) asi como la desaparición de esas marcas particulares del discurso que hacen de cada hablante un individuo, un sujeto.
Juanes agregaría para ilustrar este acontecimiento que como prueba de ello está la desaparición de las vanguardias bajo esos regímenes (el expresionismo alemán, el constructivismo ruso, el futurismo en Italia).
Quesada rastrea los vectores del libro de Hitler y la reelaboración que hace Heidegger (con su extraordinaria inteligencia y manejo de la historia de la filosofía) primero como “desmontaje del yo” y luego como “olvido del ser” . Sin embargo Quesada reconoce que esto no quiere decir que no pocas de las críticas de Heidegger a la modernidad sean inaprovechables para nosotros.

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Hulton Getty / 1933

Jorge Juanes, por su parte, al abordar esta discución, sostiene que es hora de que los intelectuales dejen de sentirse representantes del pueblo –de su historia, de su alma, de su raza, de sus valores eternos...-y asuman el compromiso de hablar en nombre propio.
Coincide que en Heidegger hay un desprecio por la democracia moderna basada en la mera “suma de los destinos individuales”, a los que Heidegger opone la convivencia social orgánico-comunitaria-estatal. Sin embargo, le parece que el empeño puesto por algunos analistas en identificar, sin fisura alguna, el pensamiento político de Heidegger, con una especie de paráfrasis de Mein Kampf, va demasiado lejos. Y Juanes hace una diferencia: entre los textos comprometidos “con la comunidad del pueblo” y Ser y tiempo, que es un libro hecho por un pensador libre y solitario, dirigido a lectores libres y solitarios. Reconoce, sin embargo, que ahí donde Pico della Mirandola, el escritor del renacimiento italiano, exalta al existente finito, libre y creador, Heidegger lo disuelve en el tiempo cósmico.
   Por otra parte, dice Juanes, su fidelidad al régimen estatista totalitario (poder centralizado, jerarquías estrictamente definidas, caudillaje férreo) no significa sin embargo, que Heidegger comparta el expansionismo nazi, empeñado en imponer sus mitos institucionalizados a todos los pueblos del mundo. Aunque mucho de sus textos comprometidos “es mierda pura”, Juanes reconoce que a Heidegger los judíos le simpatizan poco o nada, pero ello no significa que pugne por su exterminio físico.
Quesada no está de acuerdo: recalca: Heidegger apoyaba el dominio nazi del planeta; quería ese dominio pero sin que llegara a herir tan profundamente a la Tierra con las nuevas tecnologías. Esta es la razón de que sus críticas también se dirijan a aquellos círculos del partido cientifizados políticamente, garantes intelectuales de la lógica de la técnica moderna. La aportación de la filosofía de Heidegger al Holocausto la puede ver cualquiera con valor para afrontar este tipo de verdades nada halagueñas para nuestro patético gremio pastoreado por sus vacas sagradas. Heidegger como funcionario del Ser- tiene a la mano Ser y tiempo que es lo que no deja de recomendar en 1936 como un manual para la época en donde se articula la educación filosófica que permitirá al estudiantado nazi comprender –y aprenderse- las lecciones de ontología que llevan a la preeminencia del “cuidado” de la “cultura” y la “comunidad” nacionales frente a las pretendidas “síntesis” con culturas y razas extrañas a la esencia alemana.
Juanes respondería: La cuestión de fondo es, retengámoslo, examinar qué es lo que en la obra de Heidegger se afirma y se demuele, lo que en ella se nos muestra o es – a veces escandalosamente- escamoteado. El nombre de Heidegger está ligado en última instancia –ahí la médula de su pensamiento- a la reiterada puesta en duda de la modernidad y sus grandes baluartes: la afirmación del individuo autónomo, la democracia y el liberalismo, la metafísica de la subjetividad y la tecnocracia moderna; el americanismo y el sovietismo.
Juanes nos propone este cuadro: Tanto el despliegue de la sociedad cosmopolita como el entronizar a la comunidad del pueblo se basan, en escencia, en dos posibilidades del sujeto transindividual: el ideocrático-sustancial y el metafísico-conceptual. Ni qué decir acerca de que la respuesta nazi a la apatridad cosmopolita fue un fracaso que costó millones de vidas.
Quesada, en el mismo orden de ideas, abunda en que la lucha por el Ser es la lucha por la vida de una cultura que se entiende a sí misma como amenazada por la modernidad ilustrada, democrática y científica. Piensa que Heidegger fue, como tantos otros, una víctima más del despiadado romanticismo nazi. Aquí Juanes introduce una referencia (de Jaques Derrida -Del espíritu. Heidegger y la pregunta) que Quesada quizá tenga en mente cuando escribe: Después de la Primera Guerra Mundial la cultura alemana recibió un duro golpe que propicia un contexto espiritual específico. Derrida, sostiene Juanes, hace ver que el Heidegger del Rectorado interpretó el nacionalsocialsimo como “una misión espiritual”. Este término, espíritu, no muy del Heidegger habitual, escribió Derrida, debe ser comprendido como deslinde incontrovertible respecto al racismo biológico y racial dominante. Seguramente Julio tendrá que decir algo al respecto.

Juanes antepone al compromiso gregario nacionalsocialista de Heidegger, una defensa del individuo marginal, autónomo y abierto a sus posibilidades existenciales. Creo que Quesada se refiere a este mismo individuo con el término: narrador. “Quiero ser un narrador” nos dice, pisar firmemente y no ir de puntillas por aspectos del nazismo para no provocar nuestro rubor y verguenza ajena.

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David Seymour / 1938


No me voy a referir en esta presentación, que quiere ser lo más breve, a aspectos sustanciales de las investigaciones de Quesada y Juanes, como el analísis minucioso que hace Quesada de los parágrafos de Ser y Tiempo. Ni a ese vasto horizonte bibliográfico en que Julio monta su discución, pues es muy rico y complejo. Destaco solamente frases que nos den puntos de referencia para interesarnos en estas luminosas lecturas. Dice Julio, por ejemplo,que el nazismo fue diseñado por Hitler como una nueva fe y una nueva religión sin Dios, algo muy importante para entender el pensamiento religioso “ateo” de Ser y Tiempo.
El ensayo de Juanes no se ocupa en ingresar como el relojero que es Julio, al mecanismo que marcó el incendio de Europa. Lo que en verdad le preocupa a Jorge es la manera en que cada individuo forja relaciones profundas, sobre la base de elecciones diferenciadas, en una especie de encuentro innombrable, abierto siempre a lo innombrable. Individuos precarios, abiertos al cumplimiento de sus propias posibilidades, que en lugar de enquistar su existencia en una unidad prefijada reconocen que cada uno es para sí mismo un enigma indescifrable. ¿Tiene esto algo que ver con Heidegger? Sí, con el Heidegger marcado por la decisiva influencia del poeta Holderlin, cuando el filósofo de la Selva Negra empieza a darse cuenta de que la pertenencia poética nos pone a salvo de la violencia técnica o nacional. ¿Trasciende su terquedad manifiesta de pretender encarnar la voz del pueblo, cuando lo que queda es pensar por cuenta propia y dirigir la palabra a quien esté dispuesto a escucharla? Encuentra Juanes que en los años en que escribe Heidegger La época de la imagen del mundo, el pensador alemán ha roto de un modo radical con cualquier forma de humanismo: cristiano, romano, renacentista, ilustrado, comunista, nacionalsocialista oficial. Y conforme a su nueva posición, Heidegger, dice Juanes, no tardará mucho en proclamar la necesaria autonomía del pensar respecto al actuar y al hacer. Tomando en cuenta, me parece, que el debate con el Heidegger post-nazi no estriba tanto en buscar las similitudes entre su pensamiento y el de los nazis, como examinar a fondo la alternativa puesta en su obra.
Julio en cambio sostiene su postura: No estoy de acuerdo con Heidegger pero tampoco hacen falta poetizaciones del claro del bosque para comprender lo que dice y tomárnoslo pero que muy en serio porque la revancha contra Occidente por parte del nacionalsocialismo y el fundamentalismo terrorista va en serio, y una gran parte de sus razones contra la modernidad e ilustración diabólicas pueden ser suministradas por el pensamiento del nazismo de “guerra total”.
Juanes no comparte una negación absoluta del pensamiento de Heidegger si bien está claro que el calificativo que dió a Alemania como “pueblo metafísico por excelencia” va tornándose en su obra en “patria de los poetas y de los pensadores”. Fija Juanes con esta cita la sínteisis Heideggeriana: “Los tres poderes creadores de la existencia histórica son: el poder de la poesía, del pensar y de la creación del Estado”. Léase, dice Juanes: Holderlin-Heidegger-Hitler.
No quiere aventar Juanes por la ventana, el agua sucia con todo y el niño en la bañera. Lo que defiende Juanes está sobre la mesa: la historia ida y presente, la cultura, el despliegue del ser y la tragedia de lo sagrado tienen que ser afirmados en el instante en que transcurren, tal y como son vividos desde la finitud y la diferencia de cada uno.
Para Quesada sin embargo, las teorías y las ideas heideggerianas, de la ontología fundamental, hacen de nuestras vidas algo completamente inhóspito y extraño para nosotros mismos, con el agravamiento político de la apología de la violencia como callejón sin salida; categorías tales como: la finitud, el estar arrojado, el ser para la muerte, la protoestructura trascendental de la raza como fundamento de la Constitución, su aversión al género narrativo, en fin, su desprecio por todo aquello que no sea esencial o fundamental.
Juanes lo lee así: ante la disputa entre posiciones deudoras de los diversos personificadores de la esencia de la técnica, empeñados en devastar la tierra, Heidegger propone: un pensar en que la ek-sistencia abierta se deslinde de todo antropocentrismo y acepte y evite el des-pliegue del ser, en el entendido de que el ser no es un concepto indubitable sino una señal indecible o envío luminoso y enigmático que requiere ser escuchado.
Sin duda los textos de Heidegger continúan hablando y siendo intensamente discutidos a 35 años de su muerte. Y Juanes da este dato:hasta 2046-- dejó determinado el filósofo al morir--, se darán a conocer la totalidad de sus escritos, por lo que es un anuncio que el tema de Heidegger permeará también el siglo XXI.

En el caso de Juanes y Quesada, podemos ver dos pensamientos sólidos no solamente por su erudición y su compromiso, sino por su pasión y honestidad. Creo que los argumentos de Quesada son muy amplios, minuciosos, cada afirmación, por temeraria que pueda parecer, está sustentada, tiene, digamos, los pelos en la mano. Son más de 300 páginas las de su libro, densamente tipografiadas. Es una voz de poder indudable en el mundo de la filosofía hispanoamericana y  ahora, que vive en México,en Xalapa para ser precisos, los estudiosos y los discípulos de esta escuela, encontrarán a un eficaz interlocutor en Quesada.

 

 

Ciclo Literario.