Brevedades sobre una pasión crítica

Jorge Pech Casanova


 

Territorios del arte contemporáneo.
 Del arte cristiano al arte sin fronteras.
Jorge Juanes
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
Editorial Itaca
Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo
2010

Vanidad de vanidades, y todo, vanidad: el autor del Eclesiastés habla en términos materialistas muy claros para que asumamos sin dificultad el turbulento e insondable contenido espiritual de su mensaje. Así el arte, que está destinado a perecer porque es cuerpo; mas también espíritu, y su vocación por lo tanto es perdurar –memento de la frágil carne prodigiosa.
Podría continuar esta ilación de comentarios en torno al cuerpo y su relación con el arte, pero sería ocioso entretenerlos con mi débil discurso porque hay otro –recio, intempestivo, desafiante– que nos obsequia con elegancia no exenta de fogosidad el filósofo Jorge Juanes, en su volumen Territorios del arte contemporáneo. Del arte cristiano al arte sin fronteras.
Obra singular, esta de Jorge Juanes surge de un medio pocas veces ligado con el arte, ya no digamos con la reflexión intensa y significativa: la radio. Leyendo en Oaxaca este discurso tan refinado como perspicaz, es inevitable apartar concepciones pesimistas derivadas de mensajes que suelen obstruir los medios masivos de transmisión. No puede uno resistirse, conforme avanza la lectura de Territorios del arte contemporáneo, a recobrar la confianza en los medios electrónicos, y con esta lectura viene a la memoria que los medios son eso: intermediación con el mundo, no callejones sin salida, ni fines abyectos en sí mismos. Por más que Televisa y TV Azteca insistan en lo contrario.

Pintura
Fra Angélico

Subrayo este aspecto del libro de Jorge Juanes en parte porque el espacio de esta presentación es insuficiente para entrar a fondo en las virtudes de su texto, pero también en buena medida porque  la obra refleja con enorme fortuna su procedencia y origen: un extraordinario discurso radiofónico (amén de filosófico) sostenido durante 50 emisiones para establecer un diálogo en torno al arte, sus problemas y características.
Gracias a que el autor ha conservado en lo esencial la materia de las transmisiones radiofónicas, podemos percibir, en la lectura de las poco más de 450 páginas, cómo la obra se va formando, conformando y transformando, regida por las necesidades del medio y de la exposición. También, por las necesidades de un pensamiento que no cesa de autoexaminarse conforme las emisiones surgen, se definen y reciben la crítica propia y ajena. Valga citar un fragmento para ilustrar la sinceridad de esta escritura, en la emisión número 27: “Dadá no quiere ser un ismo, y no hay que decir dadaísmo sino Dadá. Aquí, pues, me corrijo de cuanto dije antes, ya que en varias ocasiones he hablado de dadaísmo”.
Reitero: al recorrer las páginas podemos ser testigos de cómo el autor fue componiendo este bello texto pedagógico, que recupera la esencia del término: no impone una línea ideológica, sino invita a conducir con rigor nuestro entendimiento, en este caso, por fascinantes respuestas que el arte ha dado a las interrogaciones esenciales: ¿Quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos?
Estas interrogaciones son también el punto de partida de la filosofía y eso no es casual en este libro. Fiel a su formación, Jorge Juanes es ante todo un filósofo que interroga el arte, no un artista que pretende filosofar, ni un académico que examina rutinariamente fenómenos estéticos desde la consolidación de la cristiandad hasta nuestros días. En esa indagación, el filósofo que es Jorge Juanes obtiene revelaciones inesperadas, soluciones sorprendentes, respuestas dignas de crédito (y también otras susceptibles de inducir anonadamiento, esa forma estimulante de la incredulidad).
Estamos ante un libro que es un producto académico en el mejor de los sentidos, pues no se limita a sostener mecánicamente tesis propuestas por el investigador; mejor todavía, pone a prueba las conclusiones y deja lugar a saludables disidencias, en un discurso que, en otra boca, tendería a no admitir la menor discrepancia, sin suscitar la más mínima convicción. En diferentes momentos el autor invita a disentir de su opinión y sus conclusiones, cuando uno esperaría que estuviese ya encaramado en esa cabalgadura tan tentadora que es la obcecación. Ni su ingente producción libresca, ni su erudición despojada de datos superfluos, ni su prestigio como maestro, inducen a Jorge Juanes a presentar algo más que proposiciones estimulantes nacidas de su pasión por ese cuerpo fascinador que es la obra de arte.
El libro en su decurso abarca las obras culminantes de la cristiandad occidental y, al ascender en su trayecto histórico, arriba al fluctuante terreno (o acaso marisma) del arte actual. En este repaso de dos milenios de arte, Jorge Juanes hace resaltar las diferencias ineludibles en artistas que suelen sernos despachados en un mismo, dudoso paquete: Leonardo y Miguel Ángel, Rembrandt y Rubens, Van Gogh y Gauguin o Monet y Cezanne, por nombrar sólo algunos. Pero también, y no menos importante, es la estimación polémica de filósofos y pensadores que acompañan este muestrario de artistas: Pico della Mirandola, Copérnico, Descartes, Galileo, Kant, Hegel, Friedrich Nietszche (en el centro de la discusión), Hans Sedlmayr, Walter Benjamin, Theodor Adorno, Martin Heidegger, Clement Greenberg, Arthur Danto y Joseph Kosuth, por señalar a los más prominentes.
Un aspecto asimismo atrayente del análisis de Jorge Juanes es su conocimiento de la manera en que las técnicas pictóricas contribuyen a reforzar el concepto que un artista busca transmitir con sus obras: como si empleara escalpelo y sonda, el autor examina la densidad matérica de ciertas obras y hace resaltar la cosa mentale impregnada en la pintura, como por ejemplo, durante su inmersión en la factura de los cuadros de Rembrandt.
Otro de los muchos aspectos de Territorios del arte contemporáneo que atraen la atenta lectura son sus apuntes sobre la espiritualidad del arte no objetivo, ejemplificado por los pintores teósofos Kandinsky, Klee, Malevich y Mondrian. Con la confesada renuencia a asumir la teosofía como una creencia válida, pero con el reconocimiento a su eficacia operativa en el caso de estos cuatro artistas, Jorge Juanes reitera su ecléctica posición frente a las muy diversas ideas que al arte pueden nutrir.
El pensamiento encarnado en cuerpos y discursos, el cuerpo en revuelta contra su ocultamiento o culpabilización de siglos. El cuerpo insurgente en una posmodernidad de cadáveres conceptuales, sostenido por los discursos marginales del arte, pero también por la interpretación intempestiva de las inteligencias radicales. Es otro aspecto de este libro que no debo dejar pasar, siquiera con una breve mención, en esta invitación a su lectura.

Como declaré al inicio, el espacio de este comentario es insuficiente para abarcar las virtudes del libro, y menos propicio aun para emprender la lectura morosa de un texto que exige ser desafiado, acometido, asediado con armas críticas, para comprobar que se yergue, si no imbatible, sí fortalecido por el cuestionamiento. No es menguado el caudal que este volumen conduce a nuestra ávida curiosidad, y será difícil resistir la tentación de sumergirse en él no bien sus honduras luminosas se ofrezcan a nuestra mirada.

 

 

Ciclo Literario.