San Juan de Ulúa, emblema de 500
años de historia universal


La Fortaleza de San Juan de Ulúa de Veracruz concentra 500 años de tiempo mexicano y es punto de referencia originaria en la historia americana moderna. Es un inmueble privilegiado en la herencia cultural de la humanidad, desde que la isla Tecpan-Tlayác (que había sido sitio sagrado de los Culhua- Mexica donde se adoraba a Tezcatlipoca) fue ocupada por los españoles; hasta 1962, cuando el gobierno federal decretó su protección como monumento colonial.
   Esta construcción ha sido valorada por pertenecer a uno de los períodos más trascendentes de la historia de la humanidad y que tuvo cuatro etapas constructivas entre los siglos XVI, XVII y XVIII. Es uno de los modelos de fortificación más representativos del periódo conocido como racionalista en América, ya que sus muros evidencian etapas significativas en la historia de las fortificaciones, donde las teorías arquitectónicas europeas fueron realizadas por los más importantes ingenieros militares italianos, alemanes, franceses y españoles de su tiempo. En las fortificaciones se concentra la sabiduría tecnológica, arquitectónica y las ideas estratégicas más sobresalientes del hombre y son monumentos a la victoria de los pueblos de todo el mundo

Estas dos imágenes muestran a San Juan de Ulúa en 1914. La de arriba (Walter P. Hadsell) durante la invasión norteamericana y la de abajo (Hugo Brehme) a pocos meses de la llegada de Venustiano Carranza a Veracruz, cuando la fortaleza fue ocupada como sede del Poder Ejecutivo de la nación.

   En San Juan de Ulúa están plasmados los diversos sucesos del país: Desde su nombre están unidos Europa y México, pues la isla donde se edificó la fortaleza fue nombrada  San Juan por haber llegado la expedición de Juan de Grijalva un 24 de junio (1518), día de San Juan. El piloto Juan Díaz hizo este relato: “Y aquellos sacerdotes nos venían a sahumar con lo que sahumaron a aquel su Tezcatlipoca, porque en aquella sazón que llegamos estaban sahumando con uno que huele a incienso, no conseguimos que tal sahumerio nos diesen; antes tuvimos gran lástima de ver muertos aquellos dos muchachos, y ver tan grandísima crueldad. Y el general preguntó el indio Francisco, que parecía algo entendido, por qué hacía aquello: y esto se lo decía por medio de señas, porque entonces no teníamos lengua ninguna. Y respondió el indio Francisco que los de Culúa los mandaban sacrificar; y como era torpe de lengua, decía “Ulúa, Ulua” y como nuestro capitán estaba presente y se llamaba Juan (de Grijalva) y era por San Juan de junio, pusimos por nombre a aquella isleta San Juan de Ulúa”.
   Ahí construyeron la primera fortificación en América continental, una casa fuerte de planta cuadrada con cuatro baluartes; la construcción se hizo de mampostería de piedra basáltica. Existen también vestigios de una iglesia y un horno de cal. Durante el período de la conquista de Tenochtitlán quedó guarnecida como un cuartel.
   La edificación que desde entonces fue creciendo es un emblema del inicio y conclusión del periódo colonial, pues fue puerta del virreinato de Nueva España y clave del comercio intercontionental de Europa, América y Asia, mediante el sistema comercial de flotas instaurado en 1561 que fue conocido como la Carrera de Indias que funcionó en Nueva España hasta 1778 y que exigía puertos comerciales oficiales que aseguraran la capacidad de carga e infraestructura para el desarrollo del mercado comercial bajo el control de la Real Hacienda, siendo ese el motivo principal por el que se fortificaron ciudades portuarias en el Caribe y la costa de Sudamérica.
   La calidad de San Juan de Ulúa como fortificación, se probó en 1568 para la defensa del intento de asalto de los piratas John Hawkins y Francis Drake. Sin embargo, más de un siglo después, el 17 de mayo de 1683, la fortificación no pudo detener los asaltos acometidos por el pirata Lorencillo, al mando de mil doscientos corsarios y once naves de gran calado. Sus huestes secuestraron a los pobladores para pedir rescate, ultrajaron a las mujeres, robaron y sembraron terror para construir una leyenda mítica.
   Durante el período colonial todo llegaba y salía por Veracruz; en 1771 el virrey Bucareli escribió: “Veracruz era la única entrada del virreinato y su puerta estaba en el castillo de San Juan de Ulúa”.
   Los caminos importantes del virreinato fueron planeados desde Veracruz y las puertas de su muralla estaban asociadas a estos caminos. La puerta de Mar fue la puerta por excelencia del virreinato que se conectaba a la ruta naviera intercontinental de Cádiz a Veracruz, del puerto al camino Real rumbo a la capital y de ahí al puerto de Acapulco en el pacífico, para continuar en la Carrera a Manila.
   El camino más importante de la Nueva España siempre estuvo sujeto a reformas y defensas para la protección del comercio, desde su llegada a Veracruz hasta su distribución en la capital del virreinato. Hoy es el camino histórico de México con  más inmuebles patrimoniales y estructuras asociadas a las rutas comerciales.
   La fortaleza funcionó como sede de la guarnición de San Juan hasta el primer decenio del siglo XIX, cuando inció el movimiento liberador de las provincias coloniales de la Nueva España. No obstante, la guarnición de Ulúa permaneció fiel a la Corona española, y si bien en el territorio de la Nueva España comenzó el proceso de independencia en 1810, San Juan de Ulúa seguiría siendo territorio ocupado por españoles hasta 1825. Su resistencia incluyó el cañoeo hacia Veracruz y la población civil también atacó la fortaleza. A partir de la retirada de las últimas  fuerzas coloniales todas las fortalezas pasaron a ser guarniciones del Ministerio del Ejército Mexicano.
   Durante la segunda mitad del siglo XIX, el fuerte fue utilizado como una cárcel política inexpugnable por su aislamiento. Sería hasta 1914 cuando Venustiano Carranza cambiaría el episodio oscuro del inmueble de cárcel política a residencia presidencial durante casi dos años, haciendo algunos cambios de función y estilo hasta 1916, cuando se retiró del puerto y lo entregó a la armada para que fuera ocupado como sitio de arsenal nacional, destino que tuvo hasta 1962 cuando el presidente Adolfo López Mateos lo decretó monumento histórico. Desde entonces el inmueble pasaría a ser parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
   La mayoría de las fortificaciones virreinales de Veracruz actualmente están identificadas por investigadores de la Universidad Veracruzana, del Gobierno de Veracruz y del H. Ayuntamiento de Veracruz; pero aún resta inventariarlas, declararlas patrimonio estatal y gestionar su valor universal.
   Hoy San Juan de Ulúa cuenta con un valioso acervo de planos históricos desde 1570 a 1863, archivados en España y México, los cuales han podido ayudar a los estudiosos a armar su historia evolutiva por etapas constructivas durante casi tres siglos. En 1998 la fortaleza dejó de dibujarse en papel y tinta y fue delineada por primera vez en plano asistido por computadora; en competencia con los ingenieros militares españoles, los arquitectos veracruzanos intentaron empatar con dibujos de calidad y representación de los históricos los planos y proyectos de restauración. 
   En el siglo XX la historia constructiva de la fortaleza de San Juan de Ulúa nos permite reflexionar sobre el lugar que ocupa en la historia de México y nos brinda la oportunidad de ver al inmueble como la herencia cultural de un momento de la historia de la humanidad. El valor de esta fortaleza no se da por sí solo; el valor patrimonial es en conjunto con las fortificaciones de Veracruz, México, la región de latinoamérica y el caribe. Estas ciudades y fortificaciones quedan como testigo de la búsqueda de un nuevo orden globalizado. Es así como san Juan de Ulúa hoy puede verse como un monumento de la historia de México y le corresponde a nuestra generación valorarlo desde todas las etapas que ha ocupado a lo largo de sus casi 500 años.

Nota extraida de Fortalezas históricas de Veracruz. Editor: David Maawad. Textos: Francisco Martín Muñoz Espejo, Sara Elizabeth Sanz Molina y Ángel José Fernández. Coordinación general: Esther Hernández Palacios. Coordinación editorial: Alberto Tovalín Ahumada. Gobierno del Estado de Veracruz, 2010.

 

 

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