Canción de un jacobino húngaro

Endre Ady
Nota de Paloma Ravel / Traducción del poema: Éva Tóth


Endre Ady es quizá el poeta más conocido de Hungría no obstante haber nacido a finales del siglo XIX (22 de noviembre de 1877) en el pueblo de Ermindszent.
    Muy pronto, sin embargo, se animó a abandonar  los confines de su tierra y de Debrecen, pequeña localidad agrícola de tradición calvinista, donde estudió derecho, se hizo periodista y publicó sus primeros poemas.
     Una vez en Nagyvárad, ciudad burguesa a la que llegó, su encuentro con quien sería su musa los siguientes diez años -- Leda (anagrama de Adel)—fue definitivo para, más tarde, seguirla a París en 1904. Es en esta ciudad donde surge en Ady “la justificación de su valentía de escritor”.
      En su tercer volumen de poemas, Nuevos versos (1906), se manifiesta ya la influencia de aquella ciudad, centro desde entonces de las transformaciones artísticas del arte moderno. Es en París donde mejor puede situársele hoy día, a través de las magníficas fotos de su coterráneo –también profundamente ligado a ella— el  universal fotógrafo André Kertész.
     Ady formó parte de la influyente revista Nyugat (Occidente)-- en la que igual colaboró el reconocido músico Béla Bartók ---, punto de encuentro de los movimientos artísticos más importantes de la Hungría creativa y creadora.

     El poeta nos dice de sí mismo en “Cantos nuevos de nuevos tiempos”, que es un poeta decadente. En realidad, su poesía huye de la mediocridad revitalizando las tradiciones de su patria,  ahondando en sus males y profetizando un desastre nacional. La crítica destaca la influencia del simbolismo francés en su poesía (Baudelaire, Verlaine) pero en su poética también son reconocibles las voces de los profetas y evangelistas, los salmos protestantes y las coplas de los kuruc (soldados de la guerra de independencia); así como formas de versificación tanto europeas como autóctonas al lado de sus temas principales: la Hungría yerma, el amor (por Leda primero, y después por su esposa Csinszka), los redentores de su país. Dolorosamente consciente de la condición marginal de la Hungría de su tiempo, Ady llegó a ser, diciendo su dolor, un artista clásico del siglo XX.

 

Canción de un jacobino húngaro

De la yema de nuestros dedos brota
la sangre cuando te palpamos, dinos
tú, pobre Hungría, Hungría soñolienta,
¿existes?, y nosotros, ¿existimos?

¿Puede esperarse algo mejor acaso?
Nuestros ojos y almas duelen de ello,
¿acaso se despertará algún día
por fin la Babel de los pueblos- siervos?

¿Por qué no de los mil adormecidos
anhelos se hace al fin voluntad fuerte?
Pues tristeza húngara, rumana, eslava,
son la misma tristeza desde siempre.

Pues nuestro oprobio y nuestras amarguras
desde hace ya mil años son idénticas.
¿Por qué entonces no coincidimos todos
rugiendo en las barricadas de ideas?
El Danubio y el Olt tienen la misma
voz  apagada, muerta, de fragor,
en la patria de Árpád pobre de aquel
que no sea señor ni sea bribón. 

Fotografía
Kálmán Szollosy / 1945

 

 

Ciclo Literario.