Biutiful

Alejandro González Iñárritu


Alejandro González Iñárritu es un hombre consciente de que es preciso significar. Para hacerlo, ha escogido lo más oscuro de sí mismo; Biutiful es, en este caso, una película muy personal del autor. La dedica a su padre. Es una fijación cuasi obsesiva, la del cineasta, por el estrato inferior del ser; el del chakra Mulhadara, para decirlo según el hinduismo: las pulsiones básicas que se expresan, precisamente, en las acciones bajas de nuestro comportamiento. Construye una historia donde todos sus personajes son cuentas de un rosario de perdición y mala suerte. Su mensaje es la oscuridad, lo grotesco que es ¡bello! Por lo pronto, su término biutiful brotó de inmediato en los chats para calificar situaciones similares a las que plantea la película: lo sórdido inherente a la cotidianidad. Todos tenemos un biutiful en nuestra vida, a nuestro alrededor: vivir lo grotesco sin darnos cuenta siquiera de que es horrendo, infernal. Que esos estadios y estados que todos vivimos en fragmentos son reales, como la metáfora del poema que solamente está en el trailer de la cinta. El poema debió ser epígrafe o un epílogo.
Pero…para ver a sus personajes como expresiones de lo inferior ¿dónde se va a situar Iñárritu como cineasta?
    Escogió la perspectiva post-humana. El final de los humanismos. No hay luz en ningún lugar de la obra. Su historia está cerrada por todos lados. Los candados del mal están cuidadosamente puestos en todos los resquicios de la anécdota: la enfermedad, el abandono, el vicio, la locura, la explotación, la desgracia, la muerte. La vida no es así; es lo que rápidamente piensa el espectador al finalizar la función. La gente no acudió mucho a las salas. Es difícil permanecer sentado. Algunos se salen--el autor no tiene piedad de sí mismo; por supuesto que tampoco de nosotros—expresando de esta manera un no contundente. No queremos ver eso ni oírlo. Y no por repelente su película es menos enigmática.
Salí echando pestes de Iñárritu; qué película tan pendeja, bramaba. Pero fui reflexionando. Es un espejo ahumado, denso, ese que pone el autor ante nosotros. Pero su ausencia de metáfora se transforma bajo el prisma del poema inicial. A lo largo de la cinta fílmica vemos un curso vertiginoso de titulares de nota roja; Uxmal (como si estuviera ante Tezcatlipoca) es toda una fuente de información. Así recortó Iñárritu los periódicos de su imaginario mexicano: como una cámara de sacrificio. Uxmal va hasta el final de su vida sin quejarse.  Ningún avistamiento de religiosidad.

 

A veces el destino
es como una tormenta de arena
que no se detiene.
Quieres alejarte, pero te persigue,
entonces cambias de dirección
pero la tormenta siempre sabe cómo encontrarte.
Una y otra vez juegas a esto
como en un baile con la muerte
antes del amanecer.
Esta tormenta no es algo que venga de lejos,
algo que no tiene que ver contigo.
Esta tormenta eres tú,
algo dentro de ti.
Así que todo lo que puedes hacer
es dar un paso y meterte de lleno en ella.
No lo dudes, te cortará la carne.
La gente va a sangrar ahí dentro.
Y tú también lo harás.
Tomarás esa sangre con tus manos,
la tuya propia y la de los demás.
Y una vez que la tormenta se haya ido,
no te acordarás de cómo hiciste
para sobrevivir.
Pero una cosa es cierta,
al salir de la tormenta
tu vida nunca volverá a ser la misma.

Nada de ideas de resurrección. Podría decirse que es un manual anti teológico su film, opuesto a toda idea de redención.
¿Qué nos quiere decir Iñárritu con Biutiful? Pero… antes que nada ¿Qué se quiere decir a sí mismo?
 Podemos divagar sobre cuestiones interesantes, como la relación entre ética y arte. El estatus del ser que nos propone Iñárritu en su inferiorización de lo humano, puede resultar maniqueo, parcial, exclamatorio y hasta demagógico. Si hubo una propuesta de hacer visible y defender el mundo marginal urbano-migratorio, como lo declaró el autor, flaco favor le hace. Aunque no debemos olvidar la vertiente mexicanista de su cine fincada en películas como Nosotros los pobres, de Ismael Rodríguez. Sin duda este sello nacional es muy elocuente en Biutiful.
Que la oscuridad es su tema lo manifiesta el autor no solamente con la naturaleza de su historia sino en el tinte opaco y difuso que usó como pantalla. Las escenas están cuidadísimas, como son las vistas de los lavaderos y mesas cubiertas de trastos sucios, del hacinamiento, de la mugre en las paredes, etc. para cantar este corrido: la mujer perdida, insensible a su maternidad, torturadora, viciosa, que traiciona con su cuñado a un marido dedicado al tráfico de personas ilegales quien anda por el mundo orinando sangre y muriéndose entre tratantes chinos a su vez homosexuales, por añadidura….
¿No hemos sido protagonistas nosotros en algún momento de nuestra vida de este estado de ánimo?

No nos queda otra que ver la película de Iñárritu hasta el final; quizá después de todo, despertemos. (Lorenzo León)

 

 

Ciclo Literario.