Fotografía encontrada


La aparición de la fotografía, alrededor de 1825, supuso una nueva relación del hombre con el tiempo. La producción de las primeras imágenes como logro de complejos procesos ópticos y químicos fue un acontecimiento que Nadar registró así: “Cuando se extendió el rumor de que dos inventores habían conseguido fijar sobre placas de plata cualquier imagen presentada frente a ellas, se produjo una estupefacción universal que hoy en día nos resultaría difícil imaginar, acostumbrados como estamos desde hace años a la fotografía y hastiados por su vulgarización”.
   Al comprar una cámara para tomar fotografías, el hombre común pudo elegir, seleccionar la escena y los personajes de un cuadro, abrir y cerrar la luz para que la realidad se convirtiera en imagen. La visión fotográfica iniciaría su vertiginoso ascenso hasta abrirse paso para ser considerada una de las bellas artes, no sin el esfuerzo y los tropiezos de una pléyade de fotográfos que alcanzarían su apogeo a partir de los años treinta con la plena incorporación de las fotografías a la industria cultural: periódicos, revistas, libros, diseño, galerias, museos.
   La “instantánea”, que significó la entrada definitiva de las cámaras fotográficas a la circulación  de las mercancias, es la fuente que ha reproducido millones de escenas, personajes, paisajes, objetos, animales, etc. que los investigadores de la fotografía Michel Frizot y Cédric de Veigy han seleccionado en un libro ejemplar: Fotografía encontrada. Al ser fotografias reproducidas en pequeño formato (tal vez el original) nos invitan a un paseo minimalista por el asombro que significa el tiempo suspendido, “el momento eterno”, como lo definió Cartier Bresson.
El valor del “anónimo” supone que los nombres están ausentes. Los hombres, las mujeres, ancianos y niños, no tienen un acta nominal: de los sitios también sabemos muy poco, quizá solamente que son puntos en el mapa de Francia. Es la impresión que nos ofrece un album familiar ajeno y que se ahonda en los decenios (aparecen figuras que podemos identificar en una novela de Proust).

La imagen fotográfica nos propone una meditación –suspender el pensamiento, como quiere el budismo-. O mejor: la contemplación nos identifica con una ensoñación. Si tomamos una lupa para ver de cerca estas miniaturas nos perdemos en ese momento eterno aunque vivamos hoy, como natural, lo que significó en su nacimiento la fotografía. Y es precisamente en esta vulgarización donde Frizot y de Veigy, encontraron estas joyas. (Lorenzo León)

 

Photo Trouvée
Phaidon
2006

Michel Frizot y Cédric de Veigy

Más de un billón de fotografías nuevas son tomadas cada semana. Por más de un siglo se han acumulado negativos en el fondo de los cajones mientras otros terminan en la basura o languidecen dentro de cajas de cartón en puestos del mercado. Indagando en esas cajas, hemos rescatado algunas de esas imágenes que han sido desechadas sin ningún cuidado. Semana tras semana este proceso de recuperación ha sido una fuente de maravillas para nosotros. Nos hemos asombrado de encontrar aspectos íntimos de la vida de cada día que son raramente fotografiados. Posturas casuales, poses pensativas, ensoñaciones, impulsos vacilantes, explosiones de energía, momentos de indesición.

¿Qué sucede con estas aparentemente insignificantes fotografías, tomadas por absolutos desconcocidos, que les dan un sabor tan distinto y  permite que permanezcan en la memoria? Quizá reconocemos nuestros propios sentimientos en los gestos de otras personas, nuestros propios problemas en su confusión, y nuestros propios pequeños placeres en sus momentos de privacidad. Año tras año, conforme tamizamos y ordenamos estas fotografías, empezamos a sentir que las imágenes que encontradas incorporan algo específicamente humano que parece haber eludido la pintura, el film o el arte fotográfico.
Algo modesto pero infinitamente valioso, frágil pero esencial parece haber resbalado en estas imágenes. En manos de fotógrafos amateurs, la cámara es impredecible; captura las cosas que desearíamos preservar, pero no siempre como lo intentamos. Estas imágenes revelan tanto la intención de la persona que toma la fotografía como aquello que a través de la torpeza o el descuido parece haberlas eludido. De hecho, mientras cada cuerpo del sujeto, momentos e intenciones se muestran en sí mismas, lo que existe detras de ellas es común a todos.


Esto es lo que el fotógrafo comunica mejor: el encuentro entre las intenciones y lo que subyace más allá de ellas.
Quizá experenciamos este eterno encuentro que se repite de una imagen a otra para conocer nuestra humanidad. Es esto lo que ofrecemos a usted. Deseamos prolongar la sencasión de maravilla dada a nosotros por estas fotografías para retrasar el momento en que esas imágenes desaparecen de nuestra vista, y para compartir el placer de mirarlas y meditar sobre ellas. Deseamos ofrecer estas imágenes a todo aquel que alguna vez ha tomado una fotografía y ha añorado volver a mirarla. Sean o no estas sus fotografias, encontrarán en ellas algo de ellos mismos. (Traducción de Lorenzo León)

Michel Frizot es  uno de los historiadores de la fotografía más reconocidos de la escena internacional. Director de investigación del Centro Nacional de la Investigación Científica (CNRS, por sus siglas en francés), enseña historia de la fotografía en la Escuela de Louvre en París. Es autor de numerosas obras, incluidas Histoire de voir (1989) y la aclamada Nueva Historia de la Fotografía ( 1998), obra de referencia sobre el tema. En México, editorial Almadía publicó recientemente El imaginario fotográfico (2009), una complilación de ensayos y conferencias.


Cédric de Veigy es profesor investigador de fotografía y cine. Es co-autor de  Photografie (r) (2001) y director del film Familiarités. Les Albums de l´amateur (2005)

 

 

 

 

 

 

Ciclo Literario.