El Pluma Azul

Un decano del periodismo del Pacífico

Martha Ramírez Ruiz


Frente al mar, al igual que el personaje de la novela más famosa de Ernest Hemingway, Lorenzo León Zazueta hizo el recuento de su vida al escribir su obra más reciente Los León (Ciclo Editorial, 2010) su autobiografía, que concluyó hace un año cuando cumplió  81.  “Algunos interpretaron su lectura como una despedida. No lo es, estoy de pie como un roble” expresó el periodista y escritor a punto de llegar a su cumpleaños 82.
A escasos días de una celebración a la vida que significan las más de ocho décadas, desde que nació el 11 de octubre de 1928 en Sinaloa, se vanagloria de estar en el cierre de la edición de octubre del 2010 del periódico La Pluma Azul, fundado en 1975, una publicación de política, cultura y turismo que ha vivido mejores tiempos, mas se empeña en subsistir modestamente; eso sí, León Zazueta no se rezaga y difunde su periódico por la internet y desde hace un mes a través del Facebook.

Entre sorbos del café, en esa mesa donde redactó su autobiografía (un relato plagado de vivencias y anécdotas a partir de la infancia, cuando quedó en la orfandad) aún se enorgullece de haber cursado sus estudios básicos en la escuela que fundó el general Lázaro Cárdenas cuando era presidente de México, Los Hijos del Ejército. En su historia describe sus correrías de juventud y los diversos trabajos en los que se ocupó: desde vendedor de seguros, hasta que se inocula con el virus de la tinta e incursiona en el periodismo, eso sí, siempre con publicaciones independientes, de las cuales la primera fue el Semanario Insurgentes en 1961; o sea, acumula ya medio siglo de ejercer el mejor oficio del mundo.
Así, hace ya casi cinco décadas que obtiene su primer credencial de prensa que le otorgó la Asociación Mexicana de Periodistas, fundada por Renato Leduc, a recomendación del vate López Méndez. Posteriormente editaría el periódico La Frase que publicó durante varios sexenios – los de Díaz Ordaz, Echeverría y López Portillo- hasta que deja sus recorridos por la república y llega a radicar a Puerto Vallarta.
Desde hace diez años padece de enfisema pulmonar, sin embargo, pese a los achaques propios de la edad, no se recluye en su casa. Con andar cansado se le ve recorrer las calles céntricas del puerto, vestido siempre de blanco y cubriéndose del sol con su sombrero panameño, buscando rincones de cantinas o cafés, de preferencia frente al mar, ya sea para escribir o charlar con los amigos para quienes siempre resulta una agasajo encontrarse con el viejo León, aun en esas tardes en que destila amargura y salpica la conversación con comentarios ácidos, pero siempre, o casi siempre, certeros.
Cuando Gabo se quiso colgar de su fama
Una de las anécdotas que más se le pide que cuente es aquella ---con la que bromean sus amigos---, de que Gabo se quiso colgar de su fama antes de que se hiciera célebre García Márquez con Cien Años de Soledad, y cuando León Zazueta publicaba su primer libro intitulado Café Turco en la misma editorial del Premio Nobel. Le entregaron un recado en esa casa editora, que decía más o menos así:
“Mexicano, leí tu libro y me gustó. A ver cuándo nos reunimos para tomar una cañita y platicar”. Firmaba Gabriel García Márquez. “Es todo, y deseo decir que lamenté mucho el no haberme comunicado con él, eran tiempos en que andaba más preocupado por llevar el chivo a casa que reunirme con un escritor entonces desconocido, alguien a quien a la fecha leo y sobre todo respeto” narra el viejo León.

Fotografía
Lorenzo León Diez. Parisinas / 2010

De la escuela de periodismo en Vallarta
La vocación periodística le llevó a establecer la única y fugaz escuela de periodismo en Puerto Vallarta, donde impartió clases en la biblioteca Los Mangos, allá, a fines de los años 90. De sus alumnos destacó la conductora Angélica Carmona. Pese a que las nuevas generaciones de reporteros no lo conocen, el viejo Pluma Azul sí a ellos, pues es lector disciplinado de los diarios, ya sea en la prensa escrita o por la internet. Aunque con los años se ha reducido su campo de visión, aún gusta de leer al menos los titulares y encabezados de su periódico predilecto, La Jornada.
En los preparativos para su celebración a la vida expresa: “Mira, ves para atrás y es tan largo el camino, has conocido a tanta gente que acabas pensando: ha sido fructífera mi vida”.
Yo soy todos los personajes
Con cinco libros publicados, uno en camino y cincuenta años en la trinchera del periodismo, expone la diferencia entre hacer periodismo y literatura: “El periodismo es real, de personas que existen y deambulan con los pies en la tierra. Y en la literatura formas al personaje con las virtudes de uno y de otro, si quieres que sea excelso, y en otros juntas las maldades y los problemas. En el fondo, como decía Borges: Yo soy todos los personajes”.
“Porque no puedes describir el dolor de una uña enterrada si nunca has sentido ese dolor, ni la felicidad más plena si nunca la has gozado”, dijo al reconocer que en cada una de sus obras hay algo de autobiográfico. Así que en Café Turco, Negros Nubarrones… ¡Negros!, Cazador de Luciérnagas, Historias y Leyendas. Historia Oral de la Fundación de Puerto Vallarta, y por supuesto en Los León, su autobiografía, hay mucho de lo vivido y caminado por más de ocho décadas, igual en el libro en ciernes República de Guayabitos.
Hasta el último día
A punto de cumplir 82 años asegura que conserva el ánimo para escribir, editar y publicar La Pluma Azul. “Es mi vida escribir, decir lo que siento y lo que pienso sobre el acontecer político, de los comerciantes, de los menesterosos, de los estudiantes; describir el mundo que veo. Dicen que ya nadie lee periódicos, pero ese es problema de la gente, no de los periodistas”.
Desde la perspectiva de un periodista que siempre se empeñó por mantenerse independiente, tiene un panorama del periodismo a nivel nacional, “donde realmente se ve la valentía periodística; y sobre todo en el sexo femenino, ahí están Carmen Aristegui y Denis Maerker, son ejemplos del buen y valiente periodismo en la actualidad”.
En la organización para el festejo con amigos y colegas se jacta de tener un nombre que proviene del laurel, la planta que siempre reverdece y que desde la antigua Grecia era utilizada para coronar a los héroes, de ahí proviene el nombre de Lorenzo, dice el viejo León cuyo rugido aún se escucha a través de la palabra escrita.

“No me estoy muriendo, estoy viejo, sí, pero aquí estoy gozando de la vida, no me da miedo morir porque lo único certero en esta vida es que nacimos solos, crecemos solos y morimos solos. ¿Y hay alguna edad para morirse? No la hay, por eso todos estos años solo han sido ganancia, qué más le puedo pedir a la vida”, expresó al darle un sorbo más al café y disponerse a disfrutar de la inmensidad del mar y prepararse a una celebración a la vida junto con sus colegas y amigos, él, quien literalmente es el decano del periodismo vallartense, aunque ese título se lo hayan atribuido erróneamente a otros.

 

 

 

Ciclo Literario.