Jerome Rothenberg sacude la
calabaza en Oaxaca

Araceli Mancilla


Escuchar un canto seneca o navajo en voz de Jerome Rothenberg (Nueva York, 1931), produce emociones cargadas de matices. Uno puede apenas enunciarlas, como en las reseñas bibliográficas cuando se trazan las líneas generales de su obra que es ya referente obligado de la Etnopoesía (aquella que es producto verbal de las sociedades sin escritura): La del poeta experimental y polifacético cuyo entusiasmo creador especialmente fecundo y humano, le ha permitido mirar más allá de cualquier frontera literaria o artística para descubrir la poesía “total”, la que se halla, incluso, antes y después de las palabras, puro tesoro del sonido latente en la reserva espiritual de culturas ancestrales donde predomina la oralidad.            
Desde que empezó a escribir, Rothenberg traduce la poesía que lo inspira. Su primer libro fue de traducciones (Nuevos jóvenes poetas alemanes, editado por City Lights).  Lo ha hecho durante más de medio siglo con creadores que han animado su imaginación y su capacidad de exploración en una gama que va de Federico García Lorca, Paul Celan,  Octavio Paz y Li po, hasta los autores colectivos y anónimos de los cantos tribales (en particular los senecas y navajos) que ha vertido al lenguaje escrito con absoluto respeto,  libertad, y en ocasiones en colaboración con artistas de otros géneros (como el cantante y compositor seneca Richard Johnny John, el cantautor Ian Tyson y el etnomusicólogo David Mc Allester).    
Su expansivo trabajo poético se abrió camino desde el principio a través de conceptos propios como el de “imagen profunda” bajo el cual escribió sus poemas tempranos y libros como Sol blanco, sol negro (1960). A partir de entonces Rothenberg no se ha detenido en su tarea de creador de métodos para hacer poesía, ya sea apropiándose de textos ajenos a partir de los cuales escribe poemas y variaciones de rica originalidad (en sus trabajos sobre Lorca; en sus textos a partir del poema Blanco de Octavio Paz, o en los Poemas de noche escritos en memoria del poeta Jackson Mc Low, por ejemplo), bien realizando adaptaciones homófonas o dragando en las entrañas de lo escrito por sus colegas hasta dar con joyas metafóricas que quizá de otra manera estarían destinadas a la invisibilidad. En pocas palabras, no ha dejado de transcrear, de  romper  moldes y  límites textuales en la composición poética, hasta entrar en los terrenos de la poesía total donde ésta se fusiona con el sonido y la música al trasladarse a la escritura o declararse en un performance, y así consigue hacerla objeto de una traducción igualmente total, pues “los sonidos tienen sentido aunque no tengan significado”. 
Rothenberg, no teme pues, poner el canto chamánico o celebratorio en acción mientras de esta manera conecte al receptor con sus fuentes poéticas en forma de versiones sonoras (grabadas o en performance), visuales (caligramas) o textuales (con un énfasis predominantemente fonético). Una muestra de ello son sus eufónicas traducciones de “Las canciones 12 y 13 de caballos de Frank Mitchell (White)”, de origen navajo, en las cuales busca, sobre todo, preservar las distorsiones de las palabras y el valor silábico de la lengua original en su versión al inglés, y, por encima del significado en este idioma, intenta lograr en él las equivalencias sonoras esenciales al canto navajo, por ser en el sonido donde radica su textura y densidad como poesía total.    
En su largo transcurrir formal la poesía de Rothenberg ha dado curso a su admiración por la vanguardias dadaísta (plasmada en su libro Tensión Dadaísta, 1983) y surrealista. Ha abrevado también de sus raíces judías; resultado de ello son sus libros Polonia/1931 (1974), Un gran libro judíoKhurbn & otros poemas (sobre el holocausto) y en 1994 Gematria (a partir de este sistema, que es una antigua forma de la numerología cabalística, se asigna a cada letra del alfabeto hebreo un valor numérico) en el que, a decir del poeta, “el lenguaje  juega de un modo místico”.
Su amplia curiosidad y capacidad de experimentación lo acercó a la poesía concreta del brasileño Haroldo de Campos, y ha colaborado gustoso con artistas visuales en el ámbito fotográfico. En México publicó su primer poema en español (traducido por él mismo), en el número 20 de la legendaria revista El corno emplumado (que fundaran en los años sesenta los poetas Margaret Randall y Sergio Mondragón), y mantuvo contacto con Octavio Paz. En los años recientes hemos conocido en español parte de su trabajo  gracias a las traducciones de sus poemas realizadas por escritores mexicanos como Heriberto Yépez (Un cruel nirvana, antología bilingüe, El Tucán de Virginia, 2002; 25 Caprichos After Goya,  Kadle, Barcelona, 2004) y Jorge Esquinca, quien tradujo su hermosos poema “La pequeña santa de Huautla” (sobre María Sabina), a iniciativa de Eliot Weinberger.
Rothenberg vino a Oaxaca en 1979 y conoció a la chamana mazateca que dio motivo a su poema. En esa época visitó a la poeta Denise Levertov, amiga suya, quien vivía aquí por esos años. Recientemente volvió en compañía de su esposa Diane, antropóloga y editora, invitado por Francisco Toledo para dar un taller en el Centro de las Artes de San Agustín, Etla, en medio del barullo de las fiestas de la Guelaguetza. Nada más atinado. Su desempeño como compilador del libro Técnicas de lo sagrado (1968), y otros más en los que se recoge la tradición poética de las culturas del mundo en las que todavía impera la oralidad, hacía entrañable su presencia en Oaxaca donde esta riqueza pervive en su memoria colectiva y sus numerosas lenguas indígenas.
Fue así que este poeta que ha escrito más de setenta libros de poesía, traducción, ensayo y crítica, además de hacernos el vasto recorrido de su quehacer artístico   (incluida su estancia de dos años con su esposa e hijo en la reservación de los indígenas  seneca), acompañado en su charla por el escritor y traductor Kurt Hackbarth, pudo convertirse —una tarde de llovizna en Oaxaca, bajo un techo de bugambilias— en el vehículo sonoro del canto seneca que inicia una ceremonia sagrada. Él, a quien fue otorgado por esa comunidad hermana el nombre de Castor —de la misma manera que les fue otorgada a su esposa e hijo la denominación de Garzas reales azules— interpretó el canto desplegando la dignidad y belleza con que le fue transmitido.       
Una vez que concluyó Sacudiendo la calabaza, yo había comprendido sensiblemente, sin palabras, lo que Rothenberg dijera a su público días después, tras una pregunta, durante su charla final: “Ante la vastedad de lo que existe y nos excede, el entusiasmo es relativo, pero reuniendo culturas diversas a través de la traducción se supera el sentimiento de imposibilidad de abarcar la poesía del mundo”.  

El poema de Jerome Rothenberg que se publica a continuación pertenece al libro Diario seneca (1974):

 

Diario seneca 1

Un poema de castores

Traducción de Kurt Hackbarth y Tania Román

 

Para Gary Gordon

en sueño
vienen los castores a
Harry Watt
“un niño          podía
“hablar
“comunicación
“estaban parados en una fila
“dijeron que yo no les
“haría daño
“nunca
“más
“cazaba visón
“& tejón
“pero los castores eran
“mis amigos
“& me ayudaban

así empezó su historia & la conocía también oyendo lo que él
dijo oyendo la conocía     estaba conmigo desde antes de mi tiempo
        & la conocía como una memoria propia      de mis abuelos
no como cazadores en el bosque sino a la orilla de   bosques
del viejo mundo hombres & mujeres pasaban camino   de los mercados
baños públicos recogían bayas silvestres en el verano perseguidos por lobos en el invierno   anterior   a las chozas donde colgaban los hongos para secar las ancianas   mujeres del bosque  vivían pesadas en vestidos grises
pelos del mentón erizándose en barbas gentiles sus propios  familiares
perros & gatos a su lado había   el maestro del buen nombre
aprendido de ellos el hablar    de los animales    éste     es
el secreto que todos los hombres han conservado ese lenguaje   
superior de qué  fraternidad biológica  nos abrirá  a nosotros de
nuevo

etología las visiones
de McClure & Chomsky todos
los hablantes de lenguas profundas señalan
una ruta esta generación
tendrá el privilegio de asumir
un lenguaje universal
en el cual los reinos del mundo
son uno
los reinos del mundo son uno

 cómo es ser castor realmente
cuando pienso en eso pienso
en agua agua sobre un cuerpo
todo cabello
pienso en sombreros de castor
y películas de castor*
pienso en un nuevo nacimiento en
la vida de castor
el castor en el poema del Baal Shem
está naciendo
es la parte generativa del hombre
el pene en el pelo
esa baja inteligencia en erupción
cambia lo que somos
lo suave se vuelve
duro lo frío
caliente
lengua roja de castor en un nido
de pelaje
por una súbita metamorfosis
un mundo fluido
convirtiéndose
en cualquier cosa que la mente pueda pensar
la mente está pensando
entrando en la corriente fluida y honda
del sexo transformado
el Baal Shem deja la luz de la Torah
& se convierte en
cualquier viejo animal
en el bosque sagrado

 

& estoy viviendo ahora en
un lugar llamado Diente Saliente alguna vez
su nombre indio
el nombre de un hombre pequeño (el libro dice que
“él sólo medía un metro veinte
“& tenía un único diente
“encontraron su esqueleto
“un diente único
“que se le cayó cuando cruzaban
“el río Allegany
“la hebilla del cinturón conservaba su marca
“los nietos hicieron un ataúd
“lo sepultaron
“atrás donde estaban sus padres)
& sólo un metro veinte ha de haber sido
“unos de esos hombrecitos”
pigmeos de este lugar
o duendes que poseen
la Danza Oscura
ningún indio que se precie sería
tan pequeño         o decir
que por aquel diente era
un castor que yo llamaría
Viejo Diente de Castor
siendo yo mismo Castor
por adopción
como son garzas reales mi esposa & hijo
también por adopción
adoptamos estos títulos
nos vamos a casa con ellos
qué es esta membresía que hemos
adoptado sonriendo
en el espejo mi cara
está cambiando a
una máscara que me mostró una vez Floyd John
tenía un único diente
si pudiera hacer de mi cara una máscara
yo sería Viejo Diente Saliente
Castor otra vez antiguo fundador
de un pueblo donde podamos vivir todos esperando
que ningún otro
Duque de Salamanca venga a
patrocinar un nuevo ferrocarril
castores & garzas reales azules
no pueden vivir cerca
sino que se esconden en el silencio de
alguna cueva miserable

 

no una bestia dulce él es poder
no un hombre dulce es como un músculo contraído al punto de cerrarse & quebrantar
un cráneo quizás astillando la quijada & haciendo
que los dientes se asemejen a los suyos una fila casi inexistente el diente fantasma
en el centro brillando es un espejo podemos vernos
hasta el túnel más lejano serpenteando entre
hojas & flores brillantes palabras & pequeñas melodías
que los colores hacen
                                   o si el sueño comienza con
silencio en el pie mismo
aquel silencio se mueve
es una danza vibrando al centro de cada aislado
nervio le recuerda la canción
que él quiere cantar cuando
agonice
& si el castor se la canta ahora significa
una muerte fácil

 

justo como el parto fue fácil
la vida del castor empezó en
agua era una libra de huesos & pelaje
instinto seguro hacia el blanco
dirigió su lengua
al pezón posterior izquierdo chupó
leche pegajosa amarilla y dulce
que le dio su mamá
“slurp” dice el Viejo Castor Diente Saliente
“ahora debo intentar nadar”
sólo tiene una hora & ya habla
nada chapotea alrededor de sus tetas
en el sol de medio día recostado
sobre la madriguera aprenderá
a no dejar que la cola se seque sino que gotee
olor dulce clarificante desde el orificio
inferior que todas las criaturas anhelan
olisquear
embadurna sus manos con ello &
toca el pelaje tan cómodo
& dulce ésta es la vida del castor
(dice el Viejo Hombre Castor)
mastico un poco de madera a lo mejor
–cómo le encanta masticar y echarse pedos–
“los placeres son simples
“en este mundo el chiste es
“encontrar un árbol & dejar que el sol destelle
“en mi diente anaranjado
“vuelan todo el día las astillas del árbol
“& nunca pararé aunque me aplaste
“la nube en mi ojo se convertirá en niebla
“los viejos la llaman morir

 

pero no sin una pelea
(dice Castor) Nutria lo acecha
“asalta mis túneles con tanta maña
“patea mis pasteles de lodo
“endulzados humeantes todavía calientes con mi
“fragancia atiborra
“el recto con gotas de aceite
“y piedras                   (grita)
¡Yo Rey Nutria! ¡Lámeme!
la Gran Máscara de Nutria llenando
los sueños del Hombre Castor
traza huellas en su masa de maíz
granos perlados de hominy*
bajo las gafas de la nutria
meados de nutria salpican
su sopa de maíz
“mandan dulces ondas de náusea por medio de
“mi cerebelo oh danza ingeniosa de
“nutrias en las noches de cosecha luna llena
“suspendida sobre una vara de aliso
deleita al Viejo Hombre Castor congrega
alrededor de él sus descendientes
se para sobre el agua
lo abofetea
duro con su cola (dice)
“Viejo Enemigo
“Nutria
“en nombre de la Casa Larga el Gran
“Consejo Rabínico
“de ancianos místicos
“mamíferos los barbalargas de
‘Zion América
“He vivido suficiente tiempo debajo de la tierra
“hacia un nuevo sol me deslizo
“tribal triunfante (dice Castor)
“Te arranco las pelotas con mis dientes
“Mi yo sobrevive

Fotografía
Edward S. Curtis / 1914

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fotografía
Thomas D. Mangelsen / 1989

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fotografía
Thomas D. Mangelsen / 1989

 

 

 

 

Ciclo Literario.